sábado, 27 de enero de 2024

Vapores nitrogenados

No es que me importe un comino todo lo que tiene que ver con el mundo de la política, digamos que institucional para diferenciarla de la que hacemos todos al convivir en la polis. En realidad, ya, hasta los más tontos del barrio se han dado cuenta que política institucional es un eufemismo de modus vivendi. Tú te metes en eso y te aseguras un miserable ir tirando que es a lo que único que pueden aspirar los inútiles con aspiraciones... o fatal arrogancia, por decirlo al modo de Hayek. Pero el caso es que andaba yo buscando unos vídeos de los Bygones, una pareja de jóvenes portentosos en la cosa de la música, y no puedo evitar toparme con el título de un video en el que Savater asegura que el periódico El País tiene una línea progubernamental. Por lo visto, según me han dicho, los de El País le han dado una patada en el culo, precisamente, por hacer este tipo de comentarios. 

A Savater le admiré mucho en tiempos, pero ya hace tiempo que empecé a tener reticencias respecto de él. Aquella insistencia en todas sus entrevistas en que había pasado unos días en chirona cuando lo de Franco, me parecía de un cutre impropio de una mente privilegiada... que no lo debía ser tanto, porque, de lo contrario, ¿cómo ha tardado tantos años en darse cuenta de que El País tiene una línea progubernamental? Es decir, siempre y cuando gobiernen los socialistos, así llamados por ser los más listos entre los socialistas de todos los partidos. No, para mí que este hombre ha tenido la cabeza un poco obnubilada por los vapores del nitrógeno inherentes a la digestión de los típicos chuletones que se comen en los caseríos vascos.  De otra manera, me es imposible entenderlo. 

En realidad, lo normal, y sobre todo espiritualmente sano, debe ser que con los años uno se vaya decepcionando de las admiraciones de la juventud. A esas edades todos somos víctimas de la moda por aquello de que nos ayuda a sobrellevar la natural inseguridad. Y, Savater, brillante como pocos, era la moda. La moda socialdemócrata, bien sure. Si hubiese sido algo más que moda nos hubiese hablado de la escuela de Salamanca, y de la austriaca, no por nada, sino porque hubiésemos tenido la oportunidad de comparar y extraer nuestras propias conclusiones. Pero no, él era la típica trampa del outsider dentro del sistema. No creo que haya habido nunca gente tan perniciosa. Porque, por lo general, ni ellos mismos, por los vapores del nitrógeno o lo que fuera, son conscientes de que son lo que son, que no es precisamente lo que se creen que son. 

No sé por qué, pero le veo esa cara que tiene y me da pena. No es la cara de un filósofo, desde luego. Y menos de un filósofo epicúreo, como a él le gusta definirse. De serlo, se daría los festines con un trocito de queso y no con un chuletón de quilo como a la vista está que lo hace. Es lo que tiene el haber sido tan admirado, que hace olvidarse de los debidos sacrificios a los dioses, que, a la postre, es lo único que hace que nos concedan sus favores. 

En fin, vaya usted a saber. 

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