martes, 30 de enero de 2024

Confortare

Me acerqué hasta Obramat, un almacén de materiales de construcción que hay en Nueva Montaña cabe la siderúrgica. Aquello es el comercio llevado a su máxima expresión. Absolutamente nada que puedas necesitar para construir o mejorar tu nido parece faltar allí. Había cientos de personas con sus carros repletos. Y es que el asunto del nido es primordial en la vida de cualquiera. Y cuanto peor estás más primordial se vuelve, que no por otra causa, porque nadie está bien del todo nunca, debe ser esta especie de fiebre que tiene todas las calles llenas de andamios. Lo decía Pla con la gracia que le caracterizaba, que cuando uno no puede arreglar su cabeza trata de mejorar lo que le rodea para ver si así... es una ilusión, como todo lo del ser humano, porque la experiencia demuestra que una vez acabada la obra la cabeza sigue igual, dando el coñazo. Y por eso es por lo que hacemos todo lo posible porque nunca se acaben las obras. Siempre hay algo que se puede mejorar y, si no lo hay, te lo inventas, y no paras hasta que ves realizada la mejora que, por definición, nunca podrá ser la definitiva... hasta que un día vas y te apasionas con lo que sea y, entonces, al nido que le den dos duros. Ni siquiera ves como se va deteriorando por la propia naturaleza de las cosas. 

Sean como sean las cosas de la psicología humana, lo que no se puede negar es que el confort ha sido uno de los motores del ingenio. Sin confort no hay manera de centrarse en nada. Por eso el desarrollo de la civilización tuvo sus comienzos en los lugares amables donde era más fácil conseguir el confort. Hasta que se llegó a un cierto nivel y se produjo un estancamiento; entonces fue cuando gracias el esfuerzo intelectual que había que hacer para conseguir algo de confort en los lugares hostiles se  fueron haciendo los descubrimientos que nos han traído a este, diría yo, disconfort generalizado que la gente en general trata de paliar comprando cosas en Obramat. 

Confort viene del latín confortare, hacer más fuerte. Por eso es que estemos siempre a la búsqueda de más confort, porque tenemos la ilusión de que la fuerza no solo nos aleja de la muerte, sino que, también, nos da más posibilidades de ganar en la berrea y, así, trasmitir nuestro ADN, la forma más plausible de inmortalidad que podemos concebir. Y así es como vamos fabricando todo este entramado de hipótesis en el que nos sustentamos de mala manera y, por ello, sentimos disconfort y vamos corriendo a Obramat a ver si allí hallamos consuelo.  

En fin, hablar por hablar. 

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