miércoles, 31 de julio de 2024

Arpía

Mi padre nació en el año cinco del siglo pasado. Tenía veintitantos cuando se fue de médico a un pueblo en medio de las montañas cantábricas. Como las viviendas estaban diseminadas en un territorio de varios kilómetros cuadrados y todos los caminos eran de herradura necesitó de la ayuda de un jamelgo. Pero como la vida allí era muy aburrida, no tardó en agenciarse un coche, un Citroën, para ir a escampar la boira a la capital de la provincia. Aunque la distancia apenas llegaba a los cincuenta kilómetros, el viaje era largo porque las carreteras en su mayoría eran de piedra suelta y con curvas de las de agarrarse. Por ello no le quedó a mi padre más remedio que añadir a su profesión la de mecánico de coches. De hecho, cuando yo era niño, por los años  cuarenta,  mi padre hizo construir un foso en el garaje para poder acceder fácilmente a los bajos del Opel de 33 que por entonces tenía. Eran coches que se escacharraban continuamente. Recuerdo que cada dos por tres había que estar lijando las escobillas de la dinamo so pena de que la batería no se cargase adecuadamente. Tener coche entonces, era un arte. Y según contaba mi padre, los señoritos, para destacar entre la plebe, se paseaban por los lugares de moda con sus gabardinas llenas de lamparones de grasa. 

Les contaba estas batallas porque ayer decidí que ya no podía posponer más arreglar el ordenador. Lo restauro de tarde en tarde porque es un verdadero coñazo; tarda varias horas y luego hay que reinstalar todas las aplicaciones. La verdad es que a menos de cincuenta metros de casa tengo a un mecánico que me podría resolver el problema por cincuenta o cien euros, pero, por una especie de tonto pundonor, prefiero tomarme la molestia de hacerlo yo. 

Me imagino que los ordenadores de hoy día, con todo lo sofisticados que son, están en un estado de desarrollo parecido al que estaban los coches en los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Para hacerlos funcionar tenemos que ser medio informáticos. En cualquier caso soy consciente de que he tenido que aprender una pila de triquiñuelas para no tener que recurrir a los servicios de los profesionales. Mis buenos dolores de cabeza me ha costado, porque es que, además, a mí ya me pillaron estas cosas bastante mayor. 

Así que, como todos los cachivaches vienen a tener más o menos la misma evolución, supongo que los ordenadores la tendrán parecida a la que tuvieron los coches, que ya hace muchos años que es rarísimo ver un coche apartado en la cuneta por avería. Lo compras, le pones gasolina y hasta que le cambias por otro no necesitas pasar por el garaje. En fin, la tecnología, esa engañosa arpía que nos incita a que nos creamos dioses. Hay que andarse con mucho cuidado con eso, porque tanto recurrir a sus servicios lo más probable es que nos estemos convirtiendo en seres discapacitados. ¿Qué podríamos hacer hoy día sin coches y ordenadores? No quiero ni pensarlo. 

martes, 30 de julio de 2024

Tiranías

Prometeo sabía que Zeus había de ser destronado a no más tardar por el hijo salido de uno de sus caprichos. No necesitaba concretar. Solo utilizaba la lógica para su pronóstico. Zeus era un tirano y, como tal, arbitrario. Y no hay nada tan destructivo como la arbitrariedad. Demasiado humano para cosa buena. Siempre viendo enemigos, tomando partido y todas esas cosas impropias de un dios. De todas formas, apuntó correctamente cuando encadenó a Prometeo. Zeus no era tonto y por eso comprendió desde el primer momento que la traición de Prometeo era definitiva. Al haber suministrado el fuego a los hombres de un día ya sería imposible dominarles porque podían ver por sus propios ojos. 

Por eso es que no haya nada que persigan más los tiranos que a los que difunden la luz. Y es que su poder se sustenta en la oscuridad. De hecho, todos los poderes se sustentan en la oscuridad porque todos son tiránicos. Sin imposición por la fuerza nadie puede mandar y lo único a lo que podemos aspirar es a que el que tiene la fuerza sea lo menos arbitrario posible. Es decir, que sea inteligente. Si es inteligente, resistirá. 

El problema que tienen los tiranos poco inteligentes, que, en este mundo que vivimos vienen a ser todos, es que hay difusores de luz por doquier. Cada vez más gente ve de qué pie cojean. Y por eso no les queda más remedio que elevar en unos cuantos grados su arbitrariedad y, así, acelerar su caída. Cuando son inteligentes, cosa milagrosa, por cierto, hacen la de Solón, largarse antes de que les echen. 

Bueno, ahí veíamos ayer al tirano venezolano elevando su arbitrariedad a cotas estratosféricas. Y los tiranos de Rusia y China, los más estratosféricos de todos, se apresuraron a felicitarle. Vamos a ver en qué acaba todo esto.  

lunes, 29 de julio de 2024

Sudamérica

 "Una gran nube mental está descargando su rayo sosegado". Es inevitable. Anteayer fue El Salvador, ayer Argentina, hoy Venezuela; es una corriente que ya no hay quien la pare. No hay más que escuchar la música que se hace por toda Sudamérica o fijarse en las legiones de profesores de matemáticas que cuelgan sus vídeos en YouTube para darse cuenta de que los tiempos de los tiranos banderas ya se acabaron. Aquellos pueblos se están sacando de encima a pasos agigantados la mugre que les dejaron las reducciones jesuitas y todos aquellos paternalismos que tan bien casaron con los sistemas políticos prehispánicos. Por fin, allí, se abre paso la Escuela de Salamanca. La universidad Francisco Marroquín de Guatemala es una adelantada de las ideas llamadas a prevalecer en un próximo futuro. Poco a poco se va deshaciendo la Leyenda Negra y cada vez más sudamericanos van comprendiendo que el verdadero oro no es el que los españoles nos trajimos de allí sino el que llevamos. Yo no lo veré, pero me iré de aquí con la casi certeza de que el siglo XXI será un siglo sudamericano en la misma medida que el XX lo fue norteamericano. 

Será un mundo mucho mejor, no me cabe la menor duda. Y lo será porque volverá a creer en Dios. O, simplemente, a pensar mejor. Está soberbia que venimos de vivir y que ha traído como consecuencia un mundo dependiente de las ortopedias hasta para respirar, tiene que dar paso a algo más ligero; por así decirlo, una transición de la asfixiante objetividad materialista a la etérea subjetividad del espíritu. 

En fin, la eterna sonrisa de las ondas marinas. Todo va y viene, y ya tuvimos nuestro lote de certezas. Ahora toca dedicarse a la composición músical. Escuchen a Sergio Assad y entenderán lo que les quiero decir. 

domingo, 28 de julio de 2024

Mitos fundacionales

Mientras comíamos, estuvimos dándole vueltas a los mitos fundacionales. Prometeo Encadenado: ¡He aquí lo que te has granjeado con tu filantrópica solicitud!, le espeta Hefestos a Prometeo cuando le está encadenando a una roca. Por decirlo al modo de Nietzsche, Prometeo había regalado a los humanos un par de libros a los que no tenían derecho. Así fue como destruyó la armonía que reinaba en la Tierra. Porque con dos libros a los que no tienes derecho, más que conocer lo que consigues es la soberbia inherente al creer que sabes lo que no sabes. Y es que hasta que no viene alguien a explicártelo, en este caso Atenea, no haces más que sufrir porque al no saber que no sabes no haces más que meter la pata. Así fue que, Atenea, agarró todo aquel sufrimiento de Prometeo Encadenado, lo fundió y lo transformó en un diamante. Luego lo engarzó en un anillo y se lo puso a Prometeo en un dedo. "Para que siempre tengas presente lo que vale un peine", le dijo. 

No recuerdo quién fue el que dijo que es imposible hacer libre por ley al que es esclavo por la costumbre. A la gente no se la redime con palabras; hace falta el sufrimiento para que brote el diamante de la libertad. Lo sabía bien Yahvé, que no por otro motivo fue que tuviese al pueblo judío vagando por el desierto durante cuarenta años. Cuarenta años anhelando pisar la Tierra Prometida que en realidad estaba allí al lado. Cuarenta años de sufrimientos, lo mínimo que se necesita para aprender a pensar. Y, solo el que piensa, sabe que no sabe porque es imposible saber y, entonces, se somete de buen grado al designio de los dioses que, no lo olvidemos nunca, siempre están ávidos de sacrificios. 

En fin, los mitos fundacionales, eso que no enseñan en las escuelas públicas... en realidad, si bien lo consideramos, lo único público que ha funcionado en este mundo han sido las mujeres. ¡Y qué le vamos a hacer si así lo han querido los dioses! 

sábado, 27 de julio de 2024

Ítaca

Seguramente, ya retorné a Ítaca. Desde que, hace tres años ya, me instalé en este barrio que bordea la dársena del Pesquero, no tengo el menor deseo de hacer otra cosa que lo que hago. Madrugar, escribir estas reflexiones patateras, tocar un rato la guitarra, leer cuatro párrafos de mi exigua biblioteca, intentar resolver algún problema, mayormente de geometría, pasear unos cuantos kilómetros al día, charlar con algún amigo, interesarme con discreción por la marcha de mi progenie... la verdad es que estoy lo suficientemente ocupado como para que no haya lugar a que vengan a asaltarme cualquiera de las ansias de huida que antaño me atormentaban. Ahora sí que puedo decir, como Pessoa, que ya he visto todo lo que no había visto. 

El caso es que estoy otra vez demorándome con la Odisea. Ahora es el momento, cuando tengo fresca la Ilíada. Son para mí, éstas, unas lecturas gozosas porque  en todo momento estoy situado en el contexto. Es como cuando de niño escuchaba las historias de mi pueblo: todo me encajaba aunque no entendiese nada. Porque nos enteramos de lo que hacen los hombres sobre la tierra pero nunca sabremos, más allá de las meras conjeturas, el porqué de que hagan lo que hacen y no otras cosas. Y eso es lo bonito, el no poder pasar de las conjeturas, porqué, qué erial no serían nuestras vidas si los diversos lenguajes con los que nos expresamos fuesen trasparentes como el agua cristalina. Desprovistos de la necesidad de interpretar volveríamos a la condición animal. 

La Ilíada y la Odisea; intuyes que ahí está toda tu vida. Que esas historias te pueden ayudar a desentrañarla. A intentar conocerte a ti mismo si es que eso fuera posible. Primero, vas a la guerra, cuando la producción de testosterona está en sus máximos; si sobrevives, inicias el regreso a casa, que no siempre, por no decir nuca, es fácil. A veces hay que demorarse mucho por el camino para dar tiempo a que las heridas dejen de supurar. Luego, cuando por fin llegas a casa, tienes que hacerlo a hurtadillas porque se han acostumbrado a vivir sin ti y una entrada triunfal podría ser letal. Hay que matar primero a los pretendientes. Porque siempre aparecen cuando te ausentas. Sin el ojo del amo el caballo se consume en cuatro días. En fin, material de primera calidad para lucubrar sobre la vida en general y la propia en particular. Digamos que es como una especie de vicio que tenemos algunos.    

viernes, 26 de julio de 2024

Literatura.

Hablando acerca de lo complicado de la mente humana y el cómo desentrañar los vericuetos que conducen al nudo que la oprime y atormenta, hasta que, una vez encontrado, ya es posible sacar la espada para deshacerle cual hiciera Alejandro con el Gordiano. Hace falta un considerable bagaje de conocimientos sobre la condición humana para dedicarse a eso. Y también, un acerado dominio de la lógica. Me explicaban ayer el proceso y yo me remitía a la geometría. El bagaje necesario de teoremas y su lógica concatenación para llegar a la resolución de un problema. 

La geometría es la gimnasia necesaria para hacer músculo. Bien que lo sabían los griegos de cuando Pericles y Platón. Sin ese músculo previo tenías vetado el acceso a la Academia. Pero, ¡ay, si los problemas de la mente fuesen tan simples como los de la geometría! Nada más lejos de la realidad. Los unos tienen siempre solución y los otros, lo más, lo más, aproximaciones que bien pudieran ser meras ilusiones. Y es que no es lo mismo trabajar con axiomas que con conjeturas. Concatenar conjeturas es tarea de titanes de la imaginación. Por eso, supongo, es tan apasionante cuando se accede a ello. De hecho, todos aspiramos a ser un poco de eso. Todos nos ponemos a escarbar de vez en cuando y, a veces, pensamos que hemos conseguido perforar unas cuantas capas de la realidad... nada más lejos: estamos condenados a permanecer siempre en los inicios. Precisamente por eso fabricamos a los dioses, para poder soportar la conciencia de nuestra inutilidad. 

Los dioses, y sus hijas las musas concretamente, de vez en cuando tocan a alguien con su gracia. Entonces tenemos un Homero o un Sófocles que con sus brillantes intuiciones nos deslumbran por un rato. Sí, tiene que así, como dicen estos gigantes, te dices. Y, entonces, fabricas una teoría acerca de ello. Pero nunca puede ir más allá de ser mera literatura. La literatura, el gran invento de los humanos para poder sentirse dioses por un rato. 

jueves, 25 de julio de 2024

Perspectiva.

El tener años, a poco que te pares a pensar, te da una perspectiva. Recuerdo que, antaño, la controversia política entre los partidos que se disputaban el poder tenía sobre todo una base económica. Los de la izquierda querían nacionalizar la banca y los medios de producción que ellos consideraban estratégicos. La derecha, por contra, quería privatizar las empresas en manos del Estado para así reducir en lo posible el tamaño de éste. Pues bien, todo eso se fue difuminando hasta hacerse indistinguible: la izquierda hizo sus cesiones y no habló más de nacionalizar; la derecha dejó de reclamar privatizaciones. En definitiva, la una y la otra se pusieron a chupar de la piragua, según ingeniosa expresión de los proscritos de Alar, al alimón: esto para tí y esto para mí, eso sí, con la lógica insatisfacción de quienes se están repartiendo lo robado, que siempre les parece que están saliendo perdiendo con relación al oponente. Hemos visto mil películas en las que ladrones exitosos se autodestruyen a la hora de repartirse el botín. ¡Ley de vida!

Así que, como siempre que lo antiguo se marchita, surge algo nuevo para que la farsa continúe. Ahora los trastos que se tiran los unos a los otros a la cabeza son mucho más etéreos. Repiten hasta la saciedad que su misión en la vida es salvar la democracia de las fuerzas del mal representadas siempre por los oponentes políticos. Y es que, se han polarizado tanto, que ya son incapaces del mínimo entendimiento necesario para repartirse el botín. Sencillamente, cada uno de ellos lo quiere todo para sí. Y no es de extrañar, porque solo hay que oirles hablar para darse cuenta de que su lugar natural debiera ser el cotolengo. ¿Qué sabrán ellos lo que es la democracia? ¿Cuántos de esos políticos han oído hablar de Solón y de lo que a la postre le sucedió? ¿Cuántos se han parado a leer las memorias de Thomas Jefferson?

En fin, allá cada cual con su modus vivendi. Pero que nadie se llame a engaño porque Dios castiga y no da voces. Al menos esto es lo nos repitió mil veces nuestra madre para que nunca se nos olvidase que, si la haces, la pagas sin remisión. 


miércoles, 24 de julio de 2024

Así lo quiere Dios

Me envía Santi una recreación del Templo del Monte. Es decir, el que en los viejos tiempos hubo en Jerusalén. Que haya existido una cosa así es impensable hasta para las mentes más calenturientas. Aunque por otra parte uno ve los delirios egipcios y ya no sabe qué pensar. Porque el caso es que cuando el ser humano se pone a hacer cosas el tiempo le cunde una barbaridad. Cuando pienso en el muro que construimos entre José María y yo en Bellmunt de Segarra en quince días ya me puedo creer cualquier cosa. 

En cualquier caso, pocas cosas, si es que alguna, más curiosas en la historia de la humanidad que todo lo que tiene que ver con el pueblo judío. Es tal la mezcolanza que han conseguido entre la ficción y la realidad que no es extraño que hayan dado, y sigan dando, tanto que hablar. En realidad, historia propiamente dicha de ese pueblo no sé si habrá más que lo de Flavio Josefo. Que, por cierto, salvo cuando relata lo del cuesco mortífero -casi diez mil muertes-, es bastante tostón. Los romanos tuvieron por allí muchas escaramuzas con los nativos lo mismo que las pudieron tener por aquí: las famosas guerras cántabras. Por lo demás, ya, entramos de lleno en los Evangelios con todo lo que hay alrededor de la pasión de Jesús. Pero, para entonces, los judíos ya andaban por el mundo adelante con su libro bajo el brazo. 

La verdad es que lo mejor que podría pasar es que los árabes consiguiesen expulsar a los judíos de Palestina. Y no es que se me ocurra a mí, que no otro es el pensamiento de muchos judíos ortodoxos. Y es que los judíos son para la humanidad como una especie de fermento que activa el proceso civilizatorio y por eso es conveniente que anden por ahí desparramados lo mismo que la anhidrasa carbónica anda por la sangre para facilitar los procesos que mantienen el pH equilibrado. 

En fin, si así son las cosas, será porque así quiere Dios que sean. En cualquier caso, el Libro de Libros ahí está con su declaración de obligaciones humanas que se mean encima de todas las posteriores declaraciones de derechos. ¡Derechos de qué! ¿A quién se le pudo ocurrir semejante pendejada? El ser humano, para poder convivir, solo puede tener obligaciones, las que con tanta precisión están descritas en las tablas que Moisés bajó del monte. Ahí está toda la sabiduría que se necesita para que el mundo funcione. Pero, claro, luego llega el maligno y se saca de la manga lo de los derechos y todo se empieza a joder. Ya digo, será porque así lo quiere Dios.  

martes, 23 de julio de 2024

Algoritmos

Esto de los algoritmos, o lo que sea, es cosa bien curiosa. De repente han empezado a aparecer, siempre que abro la página de YouTube, vídeos cortos en los que se ve, ya sea Reagan, ya Thatcher, exponiendo sus teorías que, como algunos de ustedes sabrán, sobre todo si fueron fervientes lectores de El País, antiguo independiente de la mañana y hoy periódico global, fueron dos seres detestables y, en el caso de Reagan, con un coeficiente intelectual rayando la oligofrenia. Ya ven, así es la vida, de todos los gobernantes que hubo hace cuarenta años parece ser que los únicos que conservan algún interés para la gente son estos dos impresentables al sentir de los forofos de El País y todo los medios de comunicación afines que, a buen seguro, son la mayoría... o, mejor dicho, eran, porque los tiempos cambian y el progre de ayer es el cadáver viviente de hoy. 

Recuerdo algunas tertulias en las que se me ocurrió alabar a estos dos personajes y contento debería estar de haber salido de allí con vida. Y ya ves, por ahí anda ahora Milei plantando cara y los del Instituto Juan de Mariana sacando pecho y solo los desesperados se atreven a contradecirles. Por cada ciudadano activo, lector de El País, hay cien que escuchan a los yuotubers de ideología liberal. No se engañen al respecto, la gente que respira está de comunismo que ya no puede más y al algoritmo de YouTube no le ha pasado desapercibido el dato. Pues venga, han dicho, que se atiborren de Thatcher, que era una madre coraje, y de Reagan que era un padrazo con mucho sentido del humor. Los precursores, o bautistas, del nuevo mundo que irremisiblemente viene. 

Me lo corroboraba el otro día la dueña de la librería de lance que frecuento. Qué está pasando, me preguntaba, que cada vez viene más gente pidiendo las obras de Homero, Cervantes y clásicos en general. Pues lo que pasa es eso, que la gente está despertando y la lucidez no soporta los sucedáneos. ¡Ya estuvo bien de literatura para chachas! De ideología con vaselina. ¡Por Dios Bendito, que aburrimiento!

En resumidas cuentas, que ando enfrascado con los Elementos de Euclides. Y cada vez comprendo más porque desde la llegada de las ideologías comunitaristas hubo tanto interés por sacar a ese libro de los circuitos de la enseñanza. Es muy complicado y no sirve para nada, dijeron los muy ladinos. Y es que para ellos la palabra nada significa el pensar de los otros. Para eso, para pensar, ya estamos nosotros, argumentaban. Cada párrafo de ese libro es una parada y fonda en el mundo de la reflexión. Todas las palabras están definidas y, ahí, es donde reside la enjundia del invento, que caes en la cuenta de hasta qué punto tu lenguaje es limitado, y tu entendimiento romo. Romo porque, normalmente, intentas razonar utilizando palabras de las que no estás seguro de su verdadero significado. ¿Cómo vas a entender un enunciado si tienes cogido con alfileres el significado de las palabras que lo componen?  

Continuará. 

lunes, 22 de julio de 2024

Veterinario Gratis

Hay un canal en YouTube llamado Veterinario Gratis que ayer colgó un video explicando lo del "bichito" de marras como nunca lo había visto hacer en español. De hecho, ya les había comentado varias veces en este blog lo de "gain of funtión" porque, por costumbre, desde tiempo inmemorial, suelo ir a las fuentes para informarme, pero, de todas formas, yo no tengo los conocimientos sobre el asunto que tiene el Veterinario Gratis que es un profesional que hizo su especialidad en el Instituto Pasteur, y por eso mis explicaciones seguramente eran ininteligibles. Sin embargo, Veterinario Gratis deja el asunto niquelado, al alcance de los profanos. 

Lo interesante de todo esto es que deja al descubierto cual es el nivel intelectual del ciudadano medio. Porque desde mi perspectiva es casi más difícil no enterarse que enterarse de lo que es el dichoso "gain of funtion", una monstruosidad se mire como se mire. Y es que se da el caso de que en el Senado de los EEUU viene trabajando desde hace tiempo una comisión que investiga tal monstruosidad, por otra parte prohibida por ley desde los tiempos de la administración Obama.

El gain of funtion, en esencia consiste en convertir en patogeno un virus que no lo es. Tu le metes una proteína que es como la llave para poder atravesar la membrana de las células humanas y si, por otra parte, tienes el antídoto de esa proteína, pues estas en posesión de un arma biológica de dimensiones incalculables. Desde luego que esa investigación está prohibida por las leyes internacionales, pero ya saben que hay gente pa to. Se llevan los laboratorios a Ucrania o a China y me paso por el forro las benditas leyes. En fin, no les digo más, porque de esto hay información por un tubo para todo el que la quiera encontrar. O, mejor dicho, para todo el que tenga interés en enterarse de en qué tipo de mundo vive... que no se crean que son muchos en contra de lo que pudiera parecer; de hecho yo apenas conozco. 

Por cierto que hoy me aparece en pantalla un vídeo de Veterinario Gratis en el que explica el alarmante incremento de enfermedades de trasmisión sexual que tienen su origen en la zoofilia... ya saben, lo de "uno más de la familia" y todo eso.    

domingo, 21 de julio de 2024

Semana Grande

Del libro de la Sabiduría: Sea nuestra fuerza la norma del derecho.

     "Se dijeron, razonando equivocadamente:

Nuestra vida es el paso de una sombra,

y nuestro fin irreversible;

está aplicado el sello, no hay retorno.

    ¡Venga!, a disfrutar de los bienes presentes,

a gozar de las cosas con ansia juvenil;

a llenarnos del mejor vino y de perfumes,

que no se nos escape la flor primaveral;

ciñámonos coronas de capullos de rosas antes de que se ajen;

que no quede pradera sin probar nuestra orgía;

dejemos en todas partes recuerdos de nuestra alegría,

porque ésta es nuestra suerte y nuestro sino.

    Atropellemos al justo que es pobre,

no nos apiademos de la viuda

ni respetemos las canas venerables del anciano;

que sea nuestra fuerza la norma del derecho,

pues lo débil -es claro- no sirve para nada."


Afortunadamente, Dios se ha puesto este año del lado de los justos, viudas y viejos que peinamos canas: hace un tiempo endemoniado y los jóvenes se van a tener que meter su fuerza por donde mejor les quepa... como yo me la debiera haber metido tantas veces para no morirme ahora de vergüenza cuando en las horas bajas me asaltan los recuerdos de mi yo más detestable. En fin, la vida, siempre se toma la revancha. ¡Y qué le vamos a hacer!





sábado, 20 de julio de 2024

La mascletá

Ayer, las circunstancias me llevaron a tener que pasar por la plaza del Ayuntamiento hacia el mediodía. Pude observar que había una cola que la daba dos vueltas. Pregunté si aquello era para vacunarse de algo, pero no conseguí que me respondiesen. Se ve que no pillaron el chiste. En realidad, la cola se dirigía hacia una caseta en la que regalaban unos pañuelos azules que anudados al cuello sirven para que todos se enteren de que andas de fiesta. Es una cosa simpática y nada más. Como lo de los sanfermines o así. 

La cuestión es que la gente está por obedecer. Da igual lo que le manden. Todo es ver una cola y no desaprovechar la ocasión. Lo que hace mucha gente, se da por descontado que es lo que mola. Así que para qué comerse el tarro. Uno, sumándose a la corriente, no se aburre. Y en eso consiste toda la ciencia de la vida, en no aburrirse. No puedo estar más de acuerdo. 

No me negarán que es bien curiosa esta manía que le ha dado a la gente por obedecer. Todo es tan sibilino que pareciera como si las cosas se hiciesen de motu propio. Pasarse la vida recogiendo cacas de perro por la calle es una decisión conscientemente tomada, lo mismo que meterse diez horas de coche cada fin de semana o cinco de bar cada día. ¿Cómo es posible que el personal se someta a semejantes tormentos si antes alguien no les ha convencido de su bondad? 

Hay quien piensa que ese alguien es la televisión. O, mejor dicho, la televisión es la herramienta que utiliza ese alguien: la oligarquía de hierro que le dicen. Los soviéticos lo llamaban la nomenklatura. Y de esa nomenclatura es de donde salió aquello que se decía cuando yo era joven: si no tienen dinero para comprarla, habrá que regalársela... la televisión, por supuesto. 

En fin, ahí andaba ayer la gente escuchando la mascletá como si fuesen valencianos, a pecho descubierto. ¡Es que es tan divertido! 

viernes, 19 de julio de 2024

Los elementos

Estaba, ayer, al atardecer, sentado en un banco del muelle del pesquero, en apacible compañía con María, contemplando a los niños que se bañaban al otro lado de la dársena, a los pescadores de caña, a los barcos que a esa hora suelen salir con su tripulación africana a faenar toda la noche... apenas intercambiábamos palabras que, por otra parte, escuchábamos como quien oye llover: es lo que tiene la costumbre que, sin que te des cuenta, te traslada a una especie de limbo del que solo te puede sacar, ya sea el dolor de huesos inherente a la exposición al relente en banco de madera, ya sea el plasta que se aproxima sonriente disimulando sus afilados colmillos, cual fue el caso que vino a amargarme la velada. ¡Uf! Menos mal que a uno la memoria le presta recursos que ayudan a relativizar. En este caso fue Montesquieu:

"En todas partes veo hombres que sin cesar hablan de sí mismos; son sus conversaciones un espejo que siempre retrata su impertinente cara; hablan de las menores cosas que les han sucedido y quieren que la eficacia con que las pintan les dé valor a los ojos ajenos; todo lo han hecho ellos, todo lo han visto, todo lo han dicho, y todo lo han pensado; son dechado universal, materia inagotable de comparaciones y manantial inexhausto de ejemplos. ¡Oh! ¡Qué insulsa cosa es el elogio que se refleja en el mismo sitio de donde sale!"

Está claro que en ningún sitio está uno a salvo de los elementos. Pero ya digo, uno con la ayuda de los amigos muertos, relativiza. Luego llega a casa, se pone confortable, agarra la Biblia, lee un rato, y retoma el sosiego para ir a descansar. 

jueves, 18 de julio de 2024

Nunca es tarde

Estaba ayer leyendo en el parque, a la sombra de un tilo, y, de pronto, caí en la cuenta de que escasamente estaba siendo consecuente con mis propósitos: el libro que tenía entre las manos, Los monederos falsos de Gide, entraba de lleno en la categoría de literatura para chachas. Que me haya tragado basura por un tubo, pase, me dije, pero que me la siga tragando, eso, ya, es de cotolengo. Decididamente, voy a leer mucho menos en lo sucesivo y siempre recurriendo a las fuentes. Quiero tener la cabeza lo menos influida posible por ideas ajenas y, por otra parte, no tengo por qué estar intentando siempre evadirme de mí mismo. 

Evadirse de uno mismo es la actitud cobarde por excelencia. Uno mismo, es la principal fuente de información que tenemos. Agarrar los pensamientos que se vienen espontáneamente a la cabeza y meditar sobre ellos es lo que ha hecho grande a la humanidad. Porque dentro de nosotros está todo. 

Así que se impone una nueva limpieza. Limpiar sobre limpio, se podría decir, porque a duras penas llegan a cincuenta los libros de mi biblioteca. Pero no: una somera ojeada me dice que ahí queda mucha basura acumulando polvo. Es una tentación innecesaria. Volver a dar vueltas sobre lo mismo para no dárselas a lo que tengo oculto bajo siete capas en mi interior. ¡Ya va siendo hora! Solo necesito la gimnasia  de la geometría para conseguir forma. Método, lógica; pensar mejor. Nunca es tarde. 

miércoles, 17 de julio de 2024

Libros

 Ayer, al mediodía, salí a dar una vuelta con la intención de sentarme en un banco del muelle pesquero a leer un rato el libro de Schopenhauer que me traigo entre manos: Pensamiento, Palabras y Música. Ya no recuerdo la de vueltas que le he dado, pero otras mil que le diese me seguiría sorprendiendo. El caso es que al llegar allí me encontré con conocidos que estaban mirando lo que se cocía en la dársena con motivo de la festividad del Carmen, patrona de los pescadores. Nos pusimos a charlar y fui gratamente sorprendido por la profundidad y agilidad mental de uno de los contertulios, un jubilado de actividades relacionadas con la pesca. Se puso el hombre a explicarle a otro que había sido profesor toda su vida las sorprendentes cualidades del número fi, el de la proporción áurea. El profesor, por supuesto, ni había oído hablar de ello. Luego, ya, entramos en honduras y ni te digo la diferencia del razonar entre uno y otro. El profesor tenía lo de la lucha de clases en el tuétano de sus neuronas, así que ya nos podemos imaginar lo que ha estado enseñando toda su vida a los alumnos. Nada, por otra parte, de lo que preocuparse, porque, sabido es que, por ley incontrovertible de la naturaleza, de profesores doctrinarios siempre salen alumnos anarquistas. Los barcos ya se habían ido a pasear a la Virgen por la bahía y nosotros resistimos un buen rato allí venga y dale. Cuando se fueron los contertulios, me senté a leer, pero no resistí mucho, porque iba con pantalones cortos y había por allí muchas moscas cojoneras... me comían las pantorrillas a picotazos... cosas de los días bochornosos.   

Sin embargo, resistí lo suficiente para recibir una llamada al orden: 

"La lectura no es más que un sucedáneo del propio pensar. Dejamos que nuestra mente, sobre andadores, siga el camino que otro va señalando. A esto se añade que muchos libros sirven solo para mostrar cuántos falsos caminos existen y cómo podemos extraviarnos si los seguimos. Pero aquel a quien el genio dirige, es decir, el que piensa por sí mismo, el que piensa libre y profundamente, este posee la brújula para encontrar el camino verdadero. 

Hay que leer tan solo cuando se seca la fuente de los propios pensamientos; lo cual sucede con frecuencia aún a las mejores cabezas. Pero desechar los pensamientos propios y auténticos, para tomar un libro en la mano, es pecado contra el Espíritu Santo. Sería como si huyésemos de la naturaleza libre para contemplar un museo de plantas disecadas o para observar bellos paisajes grabados en láminas de cobre."

Seguramente he pasado más de la mitad de mi vida pegado a los libros. Y desde luego que no por ello he dejado de hacer todas las tonterías que están en el catálogo y unas cuantas más. No sé qué de práctico habré aprendido en ellos porque ya estoy para irme y mi impresión es que  sigo más o menos igual de tonto que al empezar a tomar conciencia de mí mismo. El haber aprendido unas cuantas cosas de poco me sirve para andar con soltura por la vida. A la hora de la verdad todo mi arte ha consistido en poner en práctica aquello de que hay más honor en huir de los agravios que en vencerlos resistiendo. Siempre parapetado tras frases que sacaba de los libros. Esa ha sido la soberbia que tanto me ha limitado. 

Pero, en fin, cada uno es como es y Dios, en donde quita, pone. A mí me ha puesto lo de los libros porque me ha quitado otras cosas que todavía no he descubierto cuales son, aunque lo sospecho. Pero ésta es otra historia. 

martes, 16 de julio de 2024

Payasos

Viendo la información que han dado televisiones del tipo de la CNN o periódicos como El PAÍS sobre el atentado sufrido por Trump, uno se da cuenta de que el grado de miseria moral alcanzado por el mundo no tiene vuelta atrás. Ya lo habíamos visto cuando la que dijeron era pandemia que, aquello, fue la de Fuenteovejuna, todos a una intentando que la gente comulgase con ruedas de molino. Personalmente, no me pilla por sorpresa: crecí en una casa en donde siempre se dijo que la única verdad de los periódicos eran las esquelas y, también, que la hez de la sociedad eran los políticos y los periodistas. Así que, aunque me costó años comprobar por mí mismo tan evidentes verdades, respecto del mundo circundante, fui un adelantado. Me da pena comprobar a mi alrededor tanta inocencia y, no te digo ya cuando la pandemia que, si me hubiese pillado más joven, seguro que se me llevan los demonios. ¿Pero cómo puede ser que con tantos estudios como tiene tanta gente puedan seguir siendo tan crédulos? Éste es el gran misterio de la condición humana. Porque mira que hay que estar ciegos para no ver tanta evidencia. 

La verdad es que, mirado a la luz de la historia, no sé por qué me extrañan tanto estas cosas. Si hay un fenómeno que haya venido reiterándose machaconamente a lo largo de los siglos, ese es el de las pulsiones de suicidio colectivas.Y siempre empiezan igual, por una epidemia de ceguera que impide ver que se está avanzando hacia un precipicio. No cabe la menor duda de que es así porque así lo tiene dispuesto la naturaleza. Podría avisar a tiempo de evitar el despeñamiento generalizado, pero si no lo hace será porque considera que un buen zurriagazo es el peaje que hay que pagar para poder circular una temporada por la autopista de la estabilidad... hasta que vuelven los baches y el círculo se cierra. 

En definitiva, todo esto es muy aburrido por sabido. Solo estando ciego, sordo y un tanto alzheimico se le puede encontrar algún interés a este circo en el que todo el espectáculo es de payasos. ¡Con lo tristes que acaban siendo los payasos! 

lunes, 15 de julio de 2024

¡Date por jodido!

Todavía me estoy riendo con lo de los inexplicables fallos de seguridad. No me digan que no tiene gracia. La seguridad, esa entelequia que tiene al mundo cogido por los cojones como si fuese un perro gorilero. No hay forma de que afloje las mandíbulas. Las mentiras, ya saben, todo es cuestión de insistir para que cuajen en verdades. Como ese mantra que hay ahora con la protección de datos, que hasta para cagar tienes que firmar un papel para que nadie se entere de quién fue el que cagó. Así es que el adjetivo que mejor le va a lo del intento de asesinato de Trump, como en su día a Reagan, por no hablar de los intentos exitosos, como los de los Kennedy o el más reciente del exprimer ministro japonés, es el de inexplicable. Dices inexplicable y ya está todo explicado: han sido los de siempre, es decir, el Padrino de la mafia del barrio adyacente. ¡Joder, por qué se tendrán que llevar tan mal siempre los vecinos! Luego lo piensas y te dices: claro, es que ahí hay mucho modus vivendi en juego. ¿Con qué alimento yo mis camellos si vas tú e inundas mi barrio con cocaína low cost? Hay que entender cómo funciona el mundo y no hacerse ilusiones. 

Esta mañana seguíamos dándole vueltas a lo del pueblo judío. El mayor fake de la historia convertido en verdad a base de la infatigable repetición. Vete tú a explicar en una capilla pentecostalista de cualquier barrio del mundo que todas las historias que hay en ese libro que adoran son inventadas. Te arrojarían piedras. Con lo bien que viven ellos creyendo que fueron realidad. Lo mismo que se vive bien creyendo que el Estado garantiza tú seguridad. Nada que temer. Todo controlado. Pero es que hasta por la calle hay aparatos para que cualquiera te pueda sacar adelante si se te para el corazón. A la entrada del Mercadona de mi barrio hay uno de esos. Desde que lo vi compro mucho más tranquilo,  

Dice Santi que lo importante no es vencer, sino convencer. Totalmente de acuerdo. Y se convence, insistiendo. Da igual que se trate del pueblo judío que de ir a recoger cacas por la calle o hacer cien, o cuatrocientos, kilómetros en coche para darse un baño en una playa. Si te insisten lo haces todo de buena gana. Convencido de su bondad. En definitiva, insistir es convencer. Como aquel chiste que se contaba en el colegio que empezaba por: ¿me da usted la petaca, señor cura? Y que terminaba por: ¡date por jodida, hija mía!  

domingo, 14 de julio de 2024

Pies de barro

Quizá la cosa de la historia de la humanidad más alucinante, sobre todo, por las consecuencias que ha tenido, ha sido la facilidad con la que cuajan las leyendas. El cine de Hollywood, al que, como no podía ser de otra manera dada su extensión, de vez en cuando le suena la flauta, dejó niquelado este asunto en aquella película llamada "El hombre que mató a Liberty Wallace". Un buenísimo, James Steward, se enfrenta a un malísimo, Lee Marvin, bajo la atenta mirada desde la sombra de un racionalista a tota ultrança, John Wayne. Lee Marvin es abatido contra todo pronóstico y James Steward es considerado en adelante un héroe. Sin embargo, el tiro decisorio ha salido de la pistola de John Wayne al que nada le interesa que se sepa la verdad. James Steward, sin embargo, quiere que se sepa la verdad, pero el periodista local, que es el que ha construido la leyenda, no le deja porque según dice, "cuando la leyenda es mejor que la historia real más vale que prevalezca la leyenda".

Al final, lo que pasa, es que somos una civilización que se sustenta en los pies de barro de dos leyendas: la del pueblo hebreo y la del pueblo griego. ¿Qué hay de verdad en la Biblia o en la Ilíada? Los hebreos, una tribu que lucha por sobrevivir en la encrucijada entre dos grandes potencias. No recuerdo que Heródoto diga gran cosa de ellos, si es que dice algo. Los griegos, tres cuartos de lo mismo; unas tribus, que han bajado del norte, que se enfrentan a otras que vienen del sur. Es el peligro que les viene por el este el que les obliga a coaligarse. A partir de ahí, entran en juego los bardos que son los reales padres de la patria, ya que sin la leyenda que construyeron todo hubiera quedado en agua de borrajas. ¡Ya me dirán ustedes, por unos cuernos tanto alboroto! Y, sin embargo, todos sabemos la resonancia que unos cuernos tienen en el imaginario popular. Helena, digamos que Afrodita, nunca se nos va de la cabeza. A la postre, en este mundo, lo que manda es aquello tan gracioso del Decamerón, o sea, San Crece en Valle Hondo. Lo demás, material de relleno. 

Así son las cosas de este mundo, gigantes con pies de barro. No por otra causa es que todo acaba por venirse abajo. Y es que cuando la gente se entera de la verdad de lo que ha sido le entra un nihilismo que ya solo quiere morirse. En fin, menos mal que a la inmensa mayoría le cuestas Dios y ayuda apearse del burro, que si no... 

sábado, 13 de julio de 2024

Los Elementos

La edición que compré el otro día de los Elementos de Euclides es una joya. Es lo que se llama una edición facsímil, es decir, copia exacta de la que se publicó en 1774 por orden del que entonces era algo así como ministro de defensa, el Conde de O-Reilly, un señor que consideraba las muchas ventajas que se derivaban del estudio por parte de la juventud de los libros elementales, siendo entre estos uno de los más necesarios una exacta y completa Geometría, y que ninguna obra de este género sería tan útil para el intento como una buena traducción española de los Elementos de Euclides hecha de nuevo sobre la versión latina de Federico Comandino, conforme a la correctisima edición de ella recientemente publicada en Inglaterra, revisada, corregida y anotada por Roberto Simson, profesor de matemáticas en la universidad de Glasgow. 

Sostenía el tal O-Reilly que para un buen cimentarse en cualquier ciencia lo mejor era recurrir a los autores originales. Y esto se cumplía sobre todo en la Geometría. Decía: "El orden y riguroso método sintético de demostrar, que sigue Euclides, aunque a primera vista polixo, y espinoso, es muy acomodado a la índole, y modo de proceder del entendimiento humano, y tiene las imponderables ventajas de rectificar el espíritu de los jóvenes, acostumbrándolos a discurrir con solidéz y escrûpulosa exactitud, y fijar su atención con la seria, y continua meditación, que necesariamente pide la cadena de ideas, y Proposiciones, en que se funda; de modo, que no solo los hace Geómetras, sino que insensiblemente los va habituando a ser excelentes Lógicos; requisito muy necesario, así para hacer progresos en las Ciencias, singularmente en las exactas, como para manejarse acertadamente en todos los negocios, y ocurrencias de la vida..."

En resumidas cuentas, que, "absténgase de entrar aquí el que no sepa geometría", que ponía en un cartel a la entrada de la Academia Platónica. Y es que, lo de entrar a esa Academia viene a ser como aquello de Hamlet, to be or no to be, ser o no ser. Saber pensar o no saber pensar, esa es la cuestión. Y no por nada sino porque el buen pensar te hace prudente y el mal pensar... ¡ustedes mismos!  

viernes, 12 de julio de 2024

La sonnette d´alarme

Hay una guerra en Ucrania que, a mi juicio, es la continuación de la vieja guerra que vienen manteniendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial las dos potencias que se habían coaligado para destruir al monstruo alemán. Abatido el  enemigo común, pasó lo que siempre pasa en estos casos, es decir, las Guerras del Peloponeso. Derrotado el monstruo persa, Atenas y Esparta -léase EEUU y Rusia- luchan por la hegemonía. Hasta que al final se destruyen entre sí y se lo ponen fácil a Macedonia -léase China-. La historia del mundo ofrece pocas sorpresas. Siempre pasa lo mismo por los mismos motivos. 

Sin embargo, el verdadero fondo del asunto no fue que Esparta destruyó a Atenas, ni Atenas a Esparta. Lo mismo que EEUU no va a destruir a Rusia, ni Rusia a EEUU. El fondo del asunto es mucho más simple: Atenas y Esparta se destruyeron a sí mismas porque tiraron al cubo de la basura sus viejos principios y se instalaron en la mentira y la corrupción. EEUU y Rusia, tres cuartos de lo mismo. Montas guerritas por ahí para disimular, pero la verdadera guerra la tiene cada uno dentro de sí. 

Seguramente llevamos ya mucho tiempo así, pero la sonnette d´alarme, o toma de conciencia, si mejor quieren, del cáncer que nos corroe fue el esperpéntico asunto de la pandemia. Todavía hay gente que se lo cree, pero el despertar a la realidad va tomando velocidad de crucero. Cada vez más gente sabe que los gobiernos la sostienen y no la enmiendan porque cualquier signo de debilidad al respecto sería su final... por otra parte, inevitable, dada la zafiedad de la mentira en la que se apoyan. 

Pero, bueno, tranquilos, a los atenienses y espartanos no les fue mal bajo la égida macedonia. De hecho, esa época, marcó el ápice de la expansión del helenismo. Si no ando equivocado, fue por entonces cuando Euclides, aprovechando sus conocimientos geométricos, puso en limpio las reglas del recto razonar. De entonces para acá, nadie ha podido añadir nada a ese asunto tan crucial para la humanidad. Así que, ya digo, tranquilos, porque es muy probable que si a occidente le apean del idealismo alemán y le suben al carro de la sensatez confuciana, pues eso, que, a lo mejor nos pasa como a los griegos con Alejandro, que dejamos de matarnos entre nosotros y nos dedicamos a cultivar el espíritu. ¡Imagínense lo que supondría para el mundo un nuevo Euclides!

jueves, 11 de julio de 2024

Lot

Comentábamos esta mañana el asunto Lot. Ya saben, en la Biblia está todo. Lot es recordado sobre todo por la cuestión del incesto. Pero no fue él el incitador, fueron sus hijas. Para romper el hielo utilizaron el vino. Lo interesante del asunto Lot es que éste saltarse el tabú no fue provocado por pasiones desatadas, como la lascivia, por poner un ejemplo, no, fue el producto de la razón en estado puro: o se hacían fecundar por su padre o la especie se extinguía. Así, el tabú lo era menos. Porque, ¿de dónde viene el tabú si no es del uso de la razón?   La experiencia demostraba que la mezcla de sangres del mismo origen daba malos resultados. Muchos siglos, o milenios, después, la ciencia ha explicado el porqué de esos malos resultados. Pero este es otro asunto que no viene ahora al caso; lo que si viene es que lo que te da la razón, la razón te lo puede quitar.

Recuerdo que mi padre nos contó un caso parecido al de Lot que el había vivido de cerca cuando había ejercido de médico en un pueblo de la cordillera Cantábrica. Un tipo, al que llamaban "el Pinao" porque era muy alto, había bajado de las alturas, donde vivía con su madre y hermanos, al pueblo para pedir al cura la dispensa eclesiástica para poder casarse con su madre. Y digo que es un caso parecido al de Lot porque los intereses del Pinao, aquí, no eran satisfacer su lascivia sino el de desplazar a sus hermanos a la hora de heredar los bienes de su madre. Puro razonar. De todas formas, era sabido en el pueblo que, mucho antes de bajar a hablar con el cura, el Pinao ya cohabitaba con su madre tiempo ha. Por cierto, que, siendo yo ya estudiante de medicina, acompañé a mi padre a certificar la muerte del Pinao. Yacía yerto sobre un montón de yerba seca junto al hogar de una de sus cabañas. Por lo que luego se supo, había ingerido petróleo para curarse un catarro que no le quería abandonar. En toda sociedad siempre quedan residuos del primitivismo más primitivo, valga la rebuznancia.  

En definitiva, que pareciera que romper el tabú con una justificación más o menos razonable es algo bastante llevadero a efectos de sentimientos de culpa y tolerancia social. De ahí que el ser humano ande siempre dándole al coco para encontrar la forma de justificar lo injustificable. Eso sí que es algo que está inscrito a fuego en nuestra hélice constitutiva. 

En fin, dejando aparte los asuntos de la jodienda que hasta el más tonto sabe que no tienen enmienda, la parte de la historia de Lot que más me llama la atención por su potencial simbólico es lo de su mujer, que se convirtió en estatua de sal por mirar hacia atrás. A medida que nos vamos haciendo viejos, sin querer, te vas convirtiendo en estatua de sal de tanto mirar hacia atrás. Es lo que tiene la falta de expectativas, que se intenta resarcir apegándose a los recuerdos. Es como estar muerto sin saber que lo estás. Y es que, morir con las botas puestas solo está al alcance de los valientes. Y ¿qué es la valentía? Pues, eso, el desapego... no mirar hacia atrás por muy bonito que te pareciese lo que has abandonado. ¡Tela marinera!

miércoles, 10 de julio de 2024

Pentecostalismo

Cuando a Adrian Leverkühn, el protagonista de la novela Doktor Faustus de Thomas Mann, le llega la hora de los estudios universitarios, no lo duda: teología. Hijo de padres granjeros, es enviado de niño a la ciudad a casa de un tío suyo que tiene una tienda de instrumentos musicales. En esa tienda se reúne todas las semanas un grupo de músicos para tocar y filosofar sobre la música. Esa es la escuela que lleva a Adrian a convertirse en el compositor más importante de su época. Para mí, esta novela está entre lo mejor de lo mejor de todo lo que he leído a lo largo de la vida. Claro que, cuando la leí por primera vez estaba estudiando música en una escuela en la que se seguían los métodos pedagógicos de Hindemith; sin haberse dado esa circunstancia seguramente la novela no me hubiese impactado tanto. Comprendo que, sin ciertos conocimientos musicales, puede resultar incluso una pestiñada. Aunque la música solo sea una excusa. Tengan en cuenta que está escrita por un alemán exilado en EEUU durante la Segunda Guerra Mundial. 

Pero, a lo que yo iba es a lo de que Adrian, una mente privilegiada, a la hora de elegir conocimientos se decanta por los de cariz teológico, es decir buscar algún tipo de respuesta a las grandes cuestiones que se le plantearon a la especie desde el mismo momento en el que se bajó de los árboles y tomo conciencia de que su tiempo era finito. 

La finitud del tiempo dado es el gran tormento de la humanidad y, por eso, nada tiene de extraño que su mayor empeño haya consistido en aliviar ese tormento. Y todas las culturas de todos los tiempos y lugares han coincido en el remedio: fabricar dioses. Es decir, unos entes que dan respuestas a lo que no las tiene. Parece una solución estúpida, pero nunca se encontró otra mejor y, mal que bien, viene funcionando desde la noche de los tiempos. 

Todo el mundo tiene su idea de Dios. Y los que más, los que le niegan. Porque, ¿qué es lo que niegan? Para negar algo tienes que tener una idea sobre lo que estás negando. Son los mecanismos de la mente humana  que no tienen vuelta de hoja. Creas o no creas, digas lo que digas, la realidad incuestionable es que vivimos aturdidos por el miedo a lo desconocido y cada cual busca y encuentra soluciones a su medida. En este barrio populoso en el que vivo proliferan como los hongos en bosque después de la luvia las iglesias que las dicen pentecostalistas, es decir, que celebran la llegada del Espíritu Santo... o sea, el que en forma de paloma fecundó a la Virgen María para que diese a luz al mismísimo hijo de Dios. Todo esto, como comprenderán, tiene mucha enjundia, aunque solo sea porque creer en ello hace a las personas temerosas de Dios que, es como decir que se lo piensan dos veces antes de satisfacer sus deseos inmediatos. De hecho, no me cabe la menor duda de que en esas iglesias está una de las razones de que en un barrio tan heterogéneo como éste, no se vean por la calle malos rollos. 

En cualquier caso, Adrian Leverkühn acabó firmando un pacto con el demonio. El demonio le ayudó a destruir las jerarquías dentro de la música y, a cambio, se cobró la muerte en vida. En realidad, Adrian es un trasunto de Nietzsche, pero esta es otra historia. 

martes, 9 de julio de 2024

De la razón al mito

Estas conversaciones transcontinentales mañaneras me ayudan a seguir interesándome por la vida. La vida, la propia y la de la humanidad en su conjunto, no ha sido otra cosa, a todo lo largo de la historia, que una jodida obsesión por comprender el mundo que nos rodea. Así es como se va, por medio la razón, de lo concreto al mito. El hombre, constata la realidad con una precisión con visos de definitiva, pero siempre le queda un cabo suelto que necesita atar so pena de no poder dormir: es entonces cuando fabrica el mito. Y no se engañen, porque en eso la humanidad no ha avanzado un pelo. Se han  enviado telescopios hasta lo que pareciera son los confines del universo, se ha inventado la matemática cuántica, se horadan en la roca círculos de cincuenta kilómetros de diámetro para intentar dilucidar la esencia de la materia... todo lo que ustedes quieran, pero a la postre, para salir del impase se tiene que inventar lo del big-bang. Es decir, recurrir al mito. Y por ahí andan miles de tíos -y tías, supongo- dando conferencias que tratan de explicar el mito con la vana pretensión de destruirlo. No dicen más que tonterías, como cuando los proscritos de Alar se ponían a filosofar sobre Adan y Eva. Bien es verdad que hay tonterías con más o menos gracia que pueden, incluso, tener visos de realidad. Entonces va alguien y convierte esa tontería en religión. Y que nadie me la toque, porque religión tocada, religión destruída. 

Esto, todo, va de mitificaciones y desmitificaciones y vuelta a empezar. Y por el camino se montan guerras con las que se trata de apuntalar las propias convicciones, ya sean mitificadoras o desmitificadoras... que es otra forma de mitificar. Todas las guerras, se miren como se miren, son de religión, y es muy fácil entenderlo porque no puede ser de otra manera: el ser humano no soporta que le descoloquen de sus creencias. Es un sufrimiento, entonces, indescriptible. Así que, mejor morir en el campo de batalla. 

Y nunca vamos a salir de esto porque somos la especie defectuosa por antonomasia. Hagamos lo que hagamos nuestro espíritu siempre estará de por vida encadenado a una roca del Cáucaso en donde hay unas águilas carroñeras que nunca se sacian de hígado. ¡Y qué le vamos a hacer!  

lunes, 8 de julio de 2024

Odisea

Hoy, por circunstancias de la vida, me he visto precisado a observar de cerca el sistema burocrático de una pequeña comunidad como es ésta en la que vivo. He llevado todos los papeles que la operación requería, pero los burócratas que andaban por allí rascándose, ya sea las bolas, ya la cona, han intentado por todos los medios derivarme a una oficina al otro extremo de la ciudad. He sacado a relucir mis artes dialécticas y, ante el revuelo montado por ellas, ha acudido una que al parecer era la jefa de aquel comando de rascadores: no puede ser, ha dicho, esta palabra que hay aquí tendría que ser... la he interrumpido sin miramientos: esa palabra es la que el notario ha considerado oportuno poner, ¿acaso sabe usted más que el notario? Entonces, la tipa ha empezado a citar leyes, ya saben, numero, barra, número. He vuelto a interrumpirla: ¿qué pasa que son ustedes bizantinos esperando a que vengan los turcos a violarles? Se han mirado los unos a las otras con cara de estar pensando: este tío está loco. He insistido: ¿qué, no conocen ese pasaje de la historia? Entonces la jefa ha cogido los papeles y se los ha dado a una de las numerosas subalternas que había por allí observando la jugada y le ha dicho: ¡hazlo! Lo demás, esperar un rato a que me devolviesen los "papiles" debidamente cumplimentados. Me han despedido con un "si falta algo ya le avisaremos" en tono más bien amable. Tendrían que ver ustedes el lujo de aquellas instalaciones. Una especie de mausoleo faraónico para albergar cadáveres vivientes. En fin, el que le vea futuro a todo eso, que Dios le conserve la vista. 

Creo que lo mejor va a ser  que vaya a comprar una Odisea que vi ayer en el escaparate de una librería de segunda mano.  

domingo, 7 de julio de 2024

As Time Goes By

 As time goes by. "Tócala, Sam". Rick tenía el corazón roto, pero eso no le impedía seguir con sus asuntos. Esa es la lección que nos deja Casablanca: la melancolía está bien para un rato por la noche mientras bebes güisky y escuchas a Sam interpretar As Time Goes By. A continuación, retomas la vida como si nada hubiese pasado. 

Hoy me caen 82. Un suspiro y, también, una eternidad. Según desde la perspectiva que lo mires. O el estado de ánimo, para ser más exactos. Séneca deja, a mi juicio, niquelado este asunto en su De La Brevedad De La Vida. Ama Audiolibros tiene una versión en YouTube que escuché mientras paseaba por el parque Ribera Sur de Palencia. ¿Qué hiciste con tu vida? ¿Generaste recuerdos o la pasaste durmiendo? A la postre da igual porque lo que cuenta es lo por delante. Como Rick, todavía tengo batallas que ganar a los alemanes... que están por todos los lados. Solo necesito del favor de los dioses para conservar el aliento. 

¡Que pasen buen día de San Fermín! 


sábado, 6 de julio de 2024

Cervantes

Cervantes sostenía que dos en la vida y una en los libros. Se refería a la adquisición de conocimiento. Sin duda, él, como cualquier persona con estudios de su tiempo, había leído a los clásicos. Por eso, si hubiese tenido la oportunidad de ir al museo del Prado se hubiera enterado de qué iba aquella fiesta. Porque, si no toda, casi toda la interpretación del mundo que hay en ese museo se hace reinterpretando los textos clásicos. Pero leyendo a Cervantes pronto te das cuenta de que la parte del león de su sabiduría le viene de la vida. De haber peleado en guerras, de haber estado prisionero, de haber tenido oficios detestables, e, incluso, según las malas lenguas, de haber sido proxeneta de su mujer e hijas... sabe Dios, pero, desde luego, que tenía experiencia de la vida en todas sus facetas, de eso, no cabe la menor duda, porque está en sus libros. 

Hoy día, en los libros, poco. Esas masas que acuden a diario al museo del Prado son por así decirlo, analfabetos funcionales. Por eso, a efectos de conocimiento, salen de allí lo mismo que han entrado. Pero bueno, en el entretanto, se ha echado encima la hora de ir a comer que es en lo que realmente estaban pensando mientras recorrían aquellos lustrosos pasillos. ¡Algo hay que hacer! Lo que te mandan: a ti te toca el museo, a tí el estadio de fútbol. Gente obediente. 

Y es así, pienso yo, porque dadas las circunstancias actuales, la inmensa mayoría de la gente tiene muy pocas oportunidades de aprender de la vida. La gente recorre el mundo con una seguridad apabullante. A diario cruza el charco un millón de personas y rara es la noticia de que a alguna de ellas le haya pasado algo desagradable. Con la visa en el bolsillo en cualquier sitio estás como en casa. Los únicos viajes de los que se pueden extraer algunas enseñanzas son las enfermedades. Ahí sí que hay algunas posibilidades. Pero por lo demás, ya saben, aquella frase con la que los padres ceban a sus hijos desde la primera infancia: "tú, hijo, algo seguro", es decir, funcionario. O sea, a pasarse la vida durmiendo. 

Es muy complicado aprender de la vida porque a las guerras solo van los mercenarios. Y las noticias que tienes de ellos es muy difícil distinguirlas de las que escuchastes en la última serie de netflix. Ahora, lo suyo, es vivir las emociones por delegación. 

En definitiva, en un país como el nuestro casi un cuarenta por ciento de la gente menor de cincuenta años tiene titulación universitaria. Pero, ¿cuántos de esos entienden algo cuando van al Prado?, ¿cuántos han pasado por alguna guerra? No sé lo que tendría que decir Cervantes si levantase la cabeza. 

viernes, 5 de julio de 2024

Auparse sobre los hombros.

 "... Un viejo no interesa ya a nadie... Habría, sin embargo, cosas curiosísimas que decir sobre ellos. Mire usted: hay ciertos actos de mi vida pasada que solo ahora empiezo a comprender. Sí, empiezo solo a comprender que no tienen en absoluto la significación que yo creía en otro tiempo, al realizarlos... Solo ahora comprendo que he vivido engañado toda mi vida. Mi mujer me ha engañado; mi hijo me ha engañado; todo el mundo me ha engañado; el Señor me ha engañado."

Esta es parte de la conversación que mantiene el alterego de Gide con su viejo profesor de piano en Los Monederos FalsosEl viejo profesor sigue activo, pero lo más apartado del mundo que puede. Ya no le interesan los alumnos para ganar el sustento; prefiere vivir en la miseria con tal de poder disfrutar de su trabajo, para lo cual necesita que sus alumnos sean capaces de aupase sobre sus hombros para ver más allá. Porque esa es la historia del conocimiento humano, un continuo auparse sobre los hombros de los que nos precedieron. Quizá por eso, pocas satisfacciones mayores podrá tener el ser humano que el tener conciencia de que sus hombros le sirvieron a alguien para auparse sobre ellos. En el fondo, y en la superficie también, es la única forma de inmortalidad posible: la de los que pusieron sus hombros y la de los que se auparon sobre ellos. 

Por todo lo cual es por lo que es tan importante saber escoger los hombros sobre los que nos aupamos. Porque el  conocimiento es como un edificio que cuanto más profundos son sus fundamentos mejor soporta los embates de los elementos: del miedo y de la mentira, principalmente. En fin, los viejos, ¿qué les ha enseñado la vida si todavía quieren andar por ahí -por los bailes de los vampiros- tratando de pillar alguna sensación interesante? Desgraciado es aquel viejo que no se puede aupar sobre los hombros de sus más aventajados discípulos. Porque de ser así, poco habrá vivido. No habrá dejado algo que merezca la pena tras sí. 

jueves, 4 de julio de 2024

Ateniense

A la postre, uno termina por donde debiera haber empezado. Andaba ahí con todas las incomodidades del mundo para leer a Euclides en el ordenador y en inglés y, esta mañana, me he dicho, pero, por Dios, con todo lo que te has gastado y todo lo que has acarreado los dichosos libros y resulta que nunca has tenido los Elementos de Euclides. Pues sí, quiero tenerlo siempre a mano, junto con la Biblia. Con esos dos ya voy a estar entretenido de sobra hasta el último suspiro. Es, simplemente, el empeño en querer afinar el pensamiento, que buena falta que le hace. 

Buena falta, esa es la cuestión clave de la vida, ir poco a poco equivocándose menos por mejor pensar. Porque es que mira que nos trae sufrimientos la cabeza de chorlito. Siempre corriendo detrás de quimeras con su inevitable estrellarse. ¿Por qué se sacó a Euclides de los programas de enseñanza? Y la Biblia por añadidura. Por no hablar de la mitología griega. No sé si se hizo a propósito o por simple ignorancia, pero que las consecuencias se notan, de eso, no me cabe la menor duda. No hay más que echar un vistazo a lo que se ve por las calles. En fin, oye, allá cada cual, que yo a lo mío, o sea, insistir para poder irme de aquí teniendo franqueadas las puertas de la Academia. Por así decirlo, ser ateniense por derecho. 

miércoles, 3 de julio de 2024

El punto

Cuando, hace ya bastantes años, salía a pasear en compañía de los proscritos por los bosques del lado sur de la precordillera cantábrica me enteré de muchas cosas. Ellos no sabían muchas cosas que sé yo, pero disponían de una sabiduría útil que iban todo el rato pregonando. Por el bosque hay mil signos para el que sabe verlos y, sobre todo, montones de cosas útiles para la vida. Recuerdo, por ejemplo, los gamones, que son los tallos de los asfódelos, que, una vez secos, se guardaban antaño en las casas para trasportar el fuego de una habitación a otra. Por lo visto, arden muy lentos. Ya se me ha olvidado casi todo lo que aprendí de ellos, pero recuerdo perfectamente lo orgullosos que estaban de sus conocimientos y como disputaban entre ellos por ser el primero de la clase. También recuerdo la práctica imposibilidad que tenían para escuchar al otro. No les interesaba nada lo que no redundara en el afianzamiento de su convicción de ser mejor que los demás. Por hache o por be, no había día que no encontrasen algo con lo que cargar: algo útil para el convento, como dice el chiste. Así es que tenían las casas que no cabía una cosa más. Solo había uno que pasaba de todo, el que había sido pastor y no había salido del pueblo, lo cual daba a los otros motivos más que sobrados para escarnecerle. Era todo como de libro: la condición humana en sus estadios primigenios. 

Les contaba esto porque estoy convencido que la pasión por el conocimiento es inherente a la condición humana. Todo el mundo está siempre intentando aprender algo nuevo, aunque sea la alienación del equipo de futbol de su barrio, el caso es embutir la cabeza con alguna novedad de la que prevees su utilidad: soltar de carrerilla la alienación del equipo de futbol de tu barrio te puede prestigiar entre los contertulios del bar de la esquina. Y ahí está el quid de toda esta pasión por el conocer, en su utilidad. 

Siempre que nos esforzamos por adquirir un nuevo conocimiento lo hacemos en la creencia de que puede mejorar nuestra vida. Como todo, por lo general, es solo una ilusión. O mejor, si quieren, una vanidad. Es decir, la sustancia de que está compuesta casi toda nuestra vida. Y ese casi que se escapa, es decir, que es real, se compone mayormente del saber cómo nos podemos librar de la furia de los elementos y como conseguir alimentos para que el cuerpo siga funcionando. En esto tan prosaico se agota la necesidad real de conocer... que no es poco, por cierto. 

Y no es poco, porque tanto para lo uno como para lo otro conviene saber geometría. Y no por nada, sino porque agiliza el pensar que, como todos ustedes saben, es la madre de todos los corderos. Así que, no lo duden, agénciense los Elementos de Euclides. Y deténganse en la definición de punto: lo que no tiene partes. El día que comprendan qué quiere decir eso, seguro que les será mucho más fácil preservarse de los elementos y conseguir el sustento.  

¡Uf, qué día tengo!

    

martes, 2 de julio de 2024

Metafísica

¿Qué es la metafísica? Quizá fuese interesante preguntarle a Perico Delgado que puede estar horas y horas largando sobre lo obvio sin por ello mostrar signos de agotamiento mental. Ya les conté que el otro día, a preguntas de un contertulio, respondió que eso sería entrar en cuestiones metafísicas, o sea, más allá, o por detrás, de la física. ¿Y qué es la física? Para mí es los comportamientos de la naturaleza que se pueden explicar con las matemáticas. Es un invento de Galileo que tiró una bola de lo que fuese desde lo alto de la torre de Pisa y, gracias a que antes se había dado cuenta de las leyes del péndulo pudo medir el tiempo que tardaba la bola en pasar por cada piso de la torre. Cuando más abajo estaba el piso menos tardaba en pasar de uno a otro. En definitiva, descubrió la ley de la gravedad: la puso números. Pessoa, que es uno de mis pensadores favoritos, dijo que los únicos problemas que tienen solución son los matemáticos. De lo cual concluyo que a todo lo que no se le puede poner números, o sea, que no se puede resolver, lo podemos considerar metafísica. 

Así es que todo lo que está fuera de las matemáticas y su derivado natural, la física, es metafísica, es decir, eso que se ha dado en llamar ciencias blandas, lo cual viene a ser un eufemismo de impotencia. El ser humano especula, especula y vuelve a especular sobre todo lo humano y divino y, al final, para llegar a algún puerto se tiene que guiar por la moda del momento. Yo esto me lo sé bien porque como ustedes saben soy médico y, a lo largo de mi dilatada experiencia profesional, he visto cambiar muchas verdades incontrovertibles por otras no menos incontrovertibles. Si alguien no se lo cree le puedo dar la referencia de un artículo del Dr. Vernon Coleman en donde se hace un recuento de verdades cambiantes en la medicina del siglo XX. Y es que la medicina es una ciencia, por así decirlo, metafísica. Nada se puede demostrar con números y, por tanto, es mera palabrería. Por eso es por lo que les suelo recomendar encarecidamente que no vayan al médico si no tienen las tripas fuera. 

Les cuento estas cosas porque andábamos estos días dándole vueltas al asunto en nuestras conversaciones transcontinentales mañaneras. De algo hay que hablar. Lo mismo que Aristóteles de algo tenía que escribir y le salió su Metafísica. Personalmente, nunca pierdo de vista ese libro. No podría decir las horas que le he dedicado sin que por ello haya llegado a conclusión alguna sobre su contenido: por eso se llama Metafísica, supongo. Pero ¿qué sería de la especie humana sin esa herramienta que aunque no sirve para nada, sirve para todo? No tiene respuestas, pero nos las da. Por eso vamos por la vida de equivocación en equivocación.    

lunes, 1 de julio de 2024

Interdisciplinares

La experiencia de la vida me indica que cuando alguien recurre al término interdisciplinar lo mejor que puedo hacer es ponerme en guardia. Detrás de esa palabra lo que se suele esconder es el asociarse para delinquir dando la impresión a los incautos de que es para hacer el bien. 

Recordaba estas cosas esta mañana al ver que hay una asociación llamada tal que: The World Professional Association for Transgender Health (WPATH). Así se autodefine: non-profit, interdisciplinary professional and educational organization devoted to transgender health (desinteresada, interdisciplinar, asociación profesional y educativa dedicada a la salud de los transgénero).

Sigue la jugada. (WPATH) will work to further the understanding and treatment of gender dysphoria (WPATH tabajará para avanzar en el entendimiento y el tratamiento de la disforia de género). Disforia. ¡Agárrenme a esa mosca por el rabo! ¿Quién es el que no anda jodido en esta vida por una causa u otra? Que eso es lo que quiere decir disforia. Y no te digo ya si la persona es adolescente que, como su denominación indica, vive en un continuo adolescer existencial. Y es, precisamente, sobre estos adolescentes sobre los que se arrojan como vampiros esos interdisciplinarios del WPATH.  Van por los colegios dando charlas con la misma mentalidad que tiene el pescador cuando echa la red: algo siempre cae. 

A mi esto me parece ya la apoteosis del delirio marxista: tener soluciones para los problemas que ni siquiera existen. O sea, que primero hay que crearlo para después poder solucionarlo a su manera. Eso, a "my way", como la famosa canción. Lo que pasa es que esto no es una canción: es un descenso a los infiernos. Tendrían que ver ustedes un video en el que jóvenes ingleses que han sido mutilados por los interdisciplinarios de marras se lamentan amargamente de su suerte: saben que están condenados de por vida y por eso no es infrecuente que recurran al suicidio... los más resilientes, como se dice ahora para dar gusto a los marxistas, se limitan a pedir indemnizaciones al papá Estado que es el que, no solo ha permitido, sino que ha promovido, semejante monstruosidad. ¿Se imaginan que les viene a casa un hijo un con asunto de este tipo? Un asunto que, por supuesto, ha sido inducido por profesores perversos a sueldo del Estado. ¿Es que no le iba a apetecer a usted entonces el ir a por ellos para cargárselos? 

Desde luego que Putin, al respecto, ha puesto pies en pared. Y al que pille transgrediendo, me lo cargo. ¡Como tiene que ser!

Un problema que nunca existió y, de repente, veo por el barrio desgraciados que han sido convertidos en piltrafas humanas por los dichosos interdisciplinares. ¡Qué dolor! En fin, uno porque ya está de retirada, que, si no, rápidamente me organizaría para ir a cargarme interdisciplinares. O marxistas, que viene a ser lo mismo.