lunes, 15 de julio de 2024

¡Date por jodido!

Todavía me estoy riendo con lo de los inexplicables fallos de seguridad. No me digan que no tiene gracia. La seguridad, esa entelequia que tiene al mundo cogido por los cojones como si fuese un perro gorilero. No hay forma de que afloje las mandíbulas. Las mentiras, ya saben, todo es cuestión de insistir para que cuajen en verdades. Como ese mantra que hay ahora con la protección de datos, que hasta para cagar tienes que firmar un papel para que nadie se entere de quién fue el que cagó. Así es que el adjetivo que mejor le va a lo del intento de asesinato de Trump, como en su día a Reagan, por no hablar de los intentos exitosos, como los de los Kennedy o el más reciente del exprimer ministro japonés, es el de inexplicable. Dices inexplicable y ya está todo explicado: han sido los de siempre, es decir, el Padrino de la mafia del barrio adyacente. ¡Joder, por qué se tendrán que llevar tan mal siempre los vecinos! Luego lo piensas y te dices: claro, es que ahí hay mucho modus vivendi en juego. ¿Con qué alimento yo mis camellos si vas tú e inundas mi barrio con cocaína low cost? Hay que entender cómo funciona el mundo y no hacerse ilusiones. 

Esta mañana seguíamos dándole vueltas a lo del pueblo judío. El mayor fake de la historia convertido en verdad a base de la infatigable repetición. Vete tú a explicar en una capilla pentecostalista de cualquier barrio del mundo que todas las historias que hay en ese libro que adoran son inventadas. Te arrojarían piedras. Con lo bien que viven ellos creyendo que fueron realidad. Lo mismo que se vive bien creyendo que el Estado garantiza tú seguridad. Nada que temer. Todo controlado. Pero es que hasta por la calle hay aparatos para que cualquiera te pueda sacar adelante si se te para el corazón. A la entrada del Mercadona de mi barrio hay uno de esos. Desde que lo vi compro mucho más tranquilo,  

Dice Santi que lo importante no es vencer, sino convencer. Totalmente de acuerdo. Y se convence, insistiendo. Da igual que se trate del pueblo judío que de ir a recoger cacas por la calle o hacer cien, o cuatrocientos, kilómetros en coche para darse un baño en una playa. Si te insisten lo haces todo de buena gana. Convencido de su bondad. En definitiva, insistir es convencer. Como aquel chiste que se contaba en el colegio que empezaba por: ¿me da usted la petaca, señor cura? Y que terminaba por: ¡date por jodida, hija mía!  

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