jueves, 18 de julio de 2024

Nunca es tarde

Estaba ayer leyendo en el parque, a la sombra de un tilo, y, de pronto, caí en la cuenta de que escasamente estaba siendo consecuente con mis propósitos: el libro que tenía entre las manos, Los monederos falsos de Gide, entraba de lleno en la categoría de literatura para chachas. Que me haya tragado basura por un tubo, pase, me dije, pero que me la siga tragando, eso, ya, es de cotolengo. Decididamente, voy a leer mucho menos en lo sucesivo y siempre recurriendo a las fuentes. Quiero tener la cabeza lo menos influida posible por ideas ajenas y, por otra parte, no tengo por qué estar intentando siempre evadirme de mí mismo. 

Evadirse de uno mismo es la actitud cobarde por excelencia. Uno mismo, es la principal fuente de información que tenemos. Agarrar los pensamientos que se vienen espontáneamente a la cabeza y meditar sobre ellos es lo que ha hecho grande a la humanidad. Porque dentro de nosotros está todo. 

Así que se impone una nueva limpieza. Limpiar sobre limpio, se podría decir, porque a duras penas llegan a cincuenta los libros de mi biblioteca. Pero no: una somera ojeada me dice que ahí queda mucha basura acumulando polvo. Es una tentación innecesaria. Volver a dar vueltas sobre lo mismo para no dárselas a lo que tengo oculto bajo siete capas en mi interior. ¡Ya va siendo hora! Solo necesito la gimnasia  de la geometría para conseguir forma. Método, lógica; pensar mejor. Nunca es tarde. 

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