viernes, 12 de julio de 2024

La sonnette d´alarme

Hay una guerra en Ucrania que, a mi juicio, es la continuación de la vieja guerra que vienen manteniendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial las dos potencias que se habían coaligado para destruir al monstruo alemán. Abatido el  enemigo común, pasó lo que siempre pasa en estos casos, es decir, las Guerras del Peloponeso. Derrotado el monstruo persa, Atenas y Esparta -léase EEUU y Rusia- luchan por la hegemonía. Hasta que al final se destruyen entre sí y se lo ponen fácil a Macedonia -léase China-. La historia del mundo ofrece pocas sorpresas. Siempre pasa lo mismo por los mismos motivos. 

Sin embargo, el verdadero fondo del asunto no fue que Esparta destruyó a Atenas, ni Atenas a Esparta. Lo mismo que EEUU no va a destruir a Rusia, ni Rusia a EEUU. El fondo del asunto es mucho más simple: Atenas y Esparta se destruyeron a sí mismas porque tiraron al cubo de la basura sus viejos principios y se instalaron en la mentira y la corrupción. EEUU y Rusia, tres cuartos de lo mismo. Montas guerritas por ahí para disimular, pero la verdadera guerra la tiene cada uno dentro de sí. 

Seguramente llevamos ya mucho tiempo así, pero la sonnette d´alarme, o toma de conciencia, si mejor quieren, del cáncer que nos corroe fue el esperpéntico asunto de la pandemia. Todavía hay gente que se lo cree, pero el despertar a la realidad va tomando velocidad de crucero. Cada vez más gente sabe que los gobiernos la sostienen y no la enmiendan porque cualquier signo de debilidad al respecto sería su final... por otra parte, inevitable, dada la zafiedad de la mentira en la que se apoyan. 

Pero, bueno, tranquilos, a los atenienses y espartanos no les fue mal bajo la égida macedonia. De hecho, esa época, marcó el ápice de la expansión del helenismo. Si no ando equivocado, fue por entonces cuando Euclides, aprovechando sus conocimientos geométricos, puso en limpio las reglas del recto razonar. De entonces para acá, nadie ha podido añadir nada a ese asunto tan crucial para la humanidad. Así que, ya digo, tranquilos, porque es muy probable que si a occidente le apean del idealismo alemán y le suben al carro de la sensatez confuciana, pues eso, que, a lo mejor nos pasa como a los griegos con Alejandro, que dejamos de matarnos entre nosotros y nos dedicamos a cultivar el espíritu. ¡Imagínense lo que supondría para el mundo un nuevo Euclides!

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