martes, 16 de julio de 2024

Payasos

Viendo la información que han dado televisiones del tipo de la CNN o periódicos como El PAÍS sobre el atentado sufrido por Trump, uno se da cuenta de que el grado de miseria moral alcanzado por el mundo no tiene vuelta atrás. Ya lo habíamos visto cuando la que dijeron era pandemia que, aquello, fue la de Fuenteovejuna, todos a una intentando que la gente comulgase con ruedas de molino. Personalmente, no me pilla por sorpresa: crecí en una casa en donde siempre se dijo que la única verdad de los periódicos eran las esquelas y, también, que la hez de la sociedad eran los políticos y los periodistas. Así que, aunque me costó años comprobar por mí mismo tan evidentes verdades, respecto del mundo circundante, fui un adelantado. Me da pena comprobar a mi alrededor tanta inocencia y, no te digo ya cuando la pandemia que, si me hubiese pillado más joven, seguro que se me llevan los demonios. ¿Pero cómo puede ser que con tantos estudios como tiene tanta gente puedan seguir siendo tan crédulos? Éste es el gran misterio de la condición humana. Porque mira que hay que estar ciegos para no ver tanta evidencia. 

La verdad es que, mirado a la luz de la historia, no sé por qué me extrañan tanto estas cosas. Si hay un fenómeno que haya venido reiterándose machaconamente a lo largo de los siglos, ese es el de las pulsiones de suicidio colectivas.Y siempre empiezan igual, por una epidemia de ceguera que impide ver que se está avanzando hacia un precipicio. No cabe la menor duda de que es así porque así lo tiene dispuesto la naturaleza. Podría avisar a tiempo de evitar el despeñamiento generalizado, pero si no lo hace será porque considera que un buen zurriagazo es el peaje que hay que pagar para poder circular una temporada por la autopista de la estabilidad... hasta que vuelven los baches y el círculo se cierra. 

En definitiva, todo esto es muy aburrido por sabido. Solo estando ciego, sordo y un tanto alzheimico se le puede encontrar algún interés a este circo en el que todo el espectáculo es de payasos. ¡Con lo tristes que acaban siendo los payasos! 

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