domingo, 14 de julio de 2024

Pies de barro

Quizá la cosa de la historia de la humanidad más alucinante, sobre todo, por las consecuencias que ha tenido, ha sido la facilidad con la que cuajan las leyendas. El cine de Hollywood, al que, como no podía ser de otra manera dada su extensión, de vez en cuando le suena la flauta, dejó niquelado este asunto en aquella película llamada "El hombre que mató a Liberty Wallace". Un buenísimo, James Steward, se enfrenta a un malísimo, Lee Marvin, bajo la atenta mirada desde la sombra de un racionalista a tota ultrança, John Wayne. Lee Marvin es abatido contra todo pronóstico y James Steward es considerado en adelante un héroe. Sin embargo, el tiro decisorio ha salido de la pistola de John Wayne al que nada le interesa que se sepa la verdad. James Steward, sin embargo, quiere que se sepa la verdad, pero el periodista local, que es el que ha construido la leyenda, no le deja porque según dice, "cuando la leyenda es mejor que la historia real más vale que prevalezca la leyenda".

Al final, lo que pasa, es que somos una civilización que se sustenta en los pies de barro de dos leyendas: la del pueblo hebreo y la del pueblo griego. ¿Qué hay de verdad en la Biblia o en la Ilíada? Los hebreos, una tribu que lucha por sobrevivir en la encrucijada entre dos grandes potencias. No recuerdo que Heródoto diga gran cosa de ellos, si es que dice algo. Los griegos, tres cuartos de lo mismo; unas tribus, que han bajado del norte, que se enfrentan a otras que vienen del sur. Es el peligro que les viene por el este el que les obliga a coaligarse. A partir de ahí, entran en juego los bardos que son los reales padres de la patria, ya que sin la leyenda que construyeron todo hubiera quedado en agua de borrajas. ¡Ya me dirán ustedes, por unos cuernos tanto alboroto! Y, sin embargo, todos sabemos la resonancia que unos cuernos tienen en el imaginario popular. Helena, digamos que Afrodita, nunca se nos va de la cabeza. A la postre, en este mundo, lo que manda es aquello tan gracioso del Decamerón, o sea, San Crece en Valle Hondo. Lo demás, material de relleno. 

Así son las cosas de este mundo, gigantes con pies de barro. No por otra causa es que todo acaba por venirse abajo. Y es que cuando la gente se entera de la verdad de lo que ha sido le entra un nihilismo que ya solo quiere morirse. En fin, menos mal que a la inmensa mayoría le cuestas Dios y ayuda apearse del burro, que si no... 

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