jueves, 25 de julio de 2024

Perspectiva.

El tener años, a poco que te pares a pensar, te da una perspectiva. Recuerdo que, antaño, la controversia política entre los partidos que se disputaban el poder tenía sobre todo una base económica. Los de la izquierda querían nacionalizar la banca y los medios de producción que ellos consideraban estratégicos. La derecha, por contra, quería privatizar las empresas en manos del Estado para así reducir en lo posible el tamaño de éste. Pues bien, todo eso se fue difuminando hasta hacerse indistinguible: la izquierda hizo sus cesiones y no habló más de nacionalizar; la derecha dejó de reclamar privatizaciones. En definitiva, la una y la otra se pusieron a chupar de la piragua, según ingeniosa expresión de los proscritos de Alar, al alimón: esto para tí y esto para mí, eso sí, con la lógica insatisfacción de quienes se están repartiendo lo robado, que siempre les parece que están saliendo perdiendo con relación al oponente. Hemos visto mil películas en las que ladrones exitosos se autodestruyen a la hora de repartirse el botín. ¡Ley de vida!

Así que, como siempre que lo antiguo se marchita, surge algo nuevo para que la farsa continúe. Ahora los trastos que se tiran los unos a los otros a la cabeza son mucho más etéreos. Repiten hasta la saciedad que su misión en la vida es salvar la democracia de las fuerzas del mal representadas siempre por los oponentes políticos. Y es que, se han polarizado tanto, que ya son incapaces del mínimo entendimiento necesario para repartirse el botín. Sencillamente, cada uno de ellos lo quiere todo para sí. Y no es de extrañar, porque solo hay que oirles hablar para darse cuenta de que su lugar natural debiera ser el cotolengo. ¿Qué sabrán ellos lo que es la democracia? ¿Cuántos de esos políticos han oído hablar de Solón y de lo que a la postre le sucedió? ¿Cuántos se han parado a leer las memorias de Thomas Jefferson?

En fin, allá cada cual con su modus vivendi. Pero que nadie se llame a engaño porque Dios castiga y no da voces. Al menos esto es lo nos repitió mil veces nuestra madre para que nunca se nos olvidase que, si la haces, la pagas sin remisión. 


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