jueves, 4 de julio de 2024

Ateniense

A la postre, uno termina por donde debiera haber empezado. Andaba ahí con todas las incomodidades del mundo para leer a Euclides en el ordenador y en inglés y, esta mañana, me he dicho, pero, por Dios, con todo lo que te has gastado y todo lo que has acarreado los dichosos libros y resulta que nunca has tenido los Elementos de Euclides. Pues sí, quiero tenerlo siempre a mano, junto con la Biblia. Con esos dos ya voy a estar entretenido de sobra hasta el último suspiro. Es, simplemente, el empeño en querer afinar el pensamiento, que buena falta que le hace. 

Buena falta, esa es la cuestión clave de la vida, ir poco a poco equivocándose menos por mejor pensar. Porque es que mira que nos trae sufrimientos la cabeza de chorlito. Siempre corriendo detrás de quimeras con su inevitable estrellarse. ¿Por qué se sacó a Euclides de los programas de enseñanza? Y la Biblia por añadidura. Por no hablar de la mitología griega. No sé si se hizo a propósito o por simple ignorancia, pero que las consecuencias se notan, de eso, no me cabe la menor duda. No hay más que echar un vistazo a lo que se ve por las calles. En fin, oye, allá cada cual, que yo a lo mío, o sea, insistir para poder irme de aquí teniendo franqueadas las puertas de la Academia. Por así decirlo, ser ateniense por derecho. 

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