martes, 9 de julio de 2024

De la razón al mito

Estas conversaciones transcontinentales mañaneras me ayudan a seguir interesándome por la vida. La vida, la propia y la de la humanidad en su conjunto, no ha sido otra cosa, a todo lo largo de la historia, que una jodida obsesión por comprender el mundo que nos rodea. Así es como se va, por medio la razón, de lo concreto al mito. El hombre, constata la realidad con una precisión con visos de definitiva, pero siempre le queda un cabo suelto que necesita atar so pena de no poder dormir: es entonces cuando fabrica el mito. Y no se engañen, porque en eso la humanidad no ha avanzado un pelo. Se han  enviado telescopios hasta lo que pareciera son los confines del universo, se ha inventado la matemática cuántica, se horadan en la roca círculos de cincuenta kilómetros de diámetro para intentar dilucidar la esencia de la materia... todo lo que ustedes quieran, pero a la postre, para salir del impase se tiene que inventar lo del big-bang. Es decir, recurrir al mito. Y por ahí andan miles de tíos -y tías, supongo- dando conferencias que tratan de explicar el mito con la vana pretensión de destruirlo. No dicen más que tonterías, como cuando los proscritos de Alar se ponían a filosofar sobre Adan y Eva. Bien es verdad que hay tonterías con más o menos gracia que pueden, incluso, tener visos de realidad. Entonces va alguien y convierte esa tontería en religión. Y que nadie me la toque, porque religión tocada, religión destruída. 

Esto, todo, va de mitificaciones y desmitificaciones y vuelta a empezar. Y por el camino se montan guerras con las que se trata de apuntalar las propias convicciones, ya sean mitificadoras o desmitificadoras... que es otra forma de mitificar. Todas las guerras, se miren como se miren, son de religión, y es muy fácil entenderlo porque no puede ser de otra manera: el ser humano no soporta que le descoloquen de sus creencias. Es un sufrimiento, entonces, indescriptible. Así que, mejor morir en el campo de batalla. 

Y nunca vamos a salir de esto porque somos la especie defectuosa por antonomasia. Hagamos lo que hagamos nuestro espíritu siempre estará de por vida encadenado a una roca del Cáucaso en donde hay unas águilas carroñeras que nunca se sacian de hígado. ¡Y qué le vamos a hacer!  

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