Cervantes sostenía que dos en la vida y una en los libros. Se refería a la adquisición de conocimiento. Sin duda, él, como cualquier persona con estudios de su tiempo, había leído a los clásicos. Por eso, si hubiese tenido la oportunidad de ir al museo del Prado se hubiera enterado de qué iba aquella fiesta. Porque, si no toda, casi toda la interpretación del mundo que hay en ese museo se hace reinterpretando los textos clásicos. Pero leyendo a Cervantes pronto te das cuenta de que la parte del león de su sabiduría le viene de la vida. De haber peleado en guerras, de haber estado prisionero, de haber tenido oficios detestables, e, incluso, según las malas lenguas, de haber sido proxeneta de su mujer e hijas... sabe Dios, pero, desde luego, que tenía experiencia de la vida en todas sus facetas, de eso, no cabe la menor duda, porque está en sus libros.
Hoy día, en los libros, poco. Esas masas que acuden a diario al museo del Prado son por así decirlo, analfabetos funcionales. Por eso, a efectos de conocimiento, salen de allí lo mismo que han entrado. Pero bueno, en el entretanto, se ha echado encima la hora de ir a comer que es en lo que realmente estaban pensando mientras recorrían aquellos lustrosos pasillos. ¡Algo hay que hacer! Lo que te mandan: a ti te toca el museo, a tí el estadio de fútbol. Gente obediente.
Y es así, pienso yo, porque dadas las circunstancias actuales, la inmensa mayoría de la gente tiene muy pocas oportunidades de aprender de la vida. La gente recorre el mundo con una seguridad apabullante. A diario cruza el charco un millón de personas y rara es la noticia de que a alguna de ellas le haya pasado algo desagradable. Con la visa en el bolsillo en cualquier sitio estás como en casa. Los únicos viajes de los que se pueden extraer algunas enseñanzas son las enfermedades. Ahí sí que hay algunas posibilidades. Pero por lo demás, ya saben, aquella frase con la que los padres ceban a sus hijos desde la primera infancia: "tú, hijo, algo seguro", es decir, funcionario. O sea, a pasarse la vida durmiendo.
Es muy complicado aprender de la vida porque a las guerras solo van los mercenarios. Y las noticias que tienes de ellos es muy difícil distinguirlas de las que escuchastes en la última serie de netflix. Ahora, lo suyo, es vivir las emociones por delegación.
En definitiva, en un país como el nuestro casi un cuarenta por ciento de la gente menor de cincuenta años tiene titulación universitaria. Pero, ¿cuántos de esos entienden algo cuando van al Prado?, ¿cuántos han pasado por alguna guerra? No sé lo que tendría que decir Cervantes si levantase la cabeza.
Pues yo aprendo muchísimo contigo.
ResponderEliminarGracias, Nacho. A uno le gustaría más debate sobre estas cosas. Como cuando lo de Franco que, aunque al final siempre hubiese concurrencia de criterios, siempre se empezaba por el contraste de pareceres. ¿Dónde se aprende más, en los libros o batallando por ahí? En términos generales, digo, porque ya sé que casos aislados hay para todos los gustos. Por su parte, Cervantes le daba más relevancia a la espada que a la pluma.
ResponderEliminar