domingo, 28 de julio de 2024

Mitos fundacionales

Mientras comíamos, estuvimos dándole vueltas a los mitos fundacionales. Prometeo Encadenado: ¡He aquí lo que te has granjeado con tu filantrópica solicitud!, le espeta Hefestos a Prometeo cuando le está encadenando a una roca. Por decirlo al modo de Nietzsche, Prometeo había regalado a los humanos un par de libros a los que no tenían derecho. Así fue como destruyó la armonía que reinaba en la Tierra. Porque con dos libros a los que no tienes derecho, más que conocer lo que consigues es la soberbia inherente al creer que sabes lo que no sabes. Y es que hasta que no viene alguien a explicártelo, en este caso Atenea, no haces más que sufrir porque al no saber que no sabes no haces más que meter la pata. Así fue que, Atenea, agarró todo aquel sufrimiento de Prometeo Encadenado, lo fundió y lo transformó en un diamante. Luego lo engarzó en un anillo y se lo puso a Prometeo en un dedo. "Para que siempre tengas presente lo que vale un peine", le dijo. 

No recuerdo quién fue el que dijo que es imposible hacer libre por ley al que es esclavo por la costumbre. A la gente no se la redime con palabras; hace falta el sufrimiento para que brote el diamante de la libertad. Lo sabía bien Yahvé, que no por otro motivo fue que tuviese al pueblo judío vagando por el desierto durante cuarenta años. Cuarenta años anhelando pisar la Tierra Prometida que en realidad estaba allí al lado. Cuarenta años de sufrimientos, lo mínimo que se necesita para aprender a pensar. Y, solo el que piensa, sabe que no sabe porque es imposible saber y, entonces, se somete de buen grado al designio de los dioses que, no lo olvidemos nunca, siempre están ávidos de sacrificios. 

En fin, los mitos fundacionales, eso que no enseñan en las escuelas públicas... en realidad, si bien lo consideramos, lo único público que ha funcionado en este mundo han sido las mujeres. ¡Y qué le vamos a hacer si así lo han querido los dioses! 

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