"Puche dice:
-Hija mía, hija mía: la vida es triste, el dolor es eterno, el mal es implacable. En el ansioso afán del mundo, la inquietud del momento futuro nos consume. Y por él son los rencores, las ambiciones devoradoras, la hipocresía lisonjera, el anhelante ir y venir de la humanidad sobre la tierra. Jesús ha dicho: <<Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni allegan en trojes; y vuestro Padre celestial las alimenta...>>. La humanidad perece en sus propias inquietudes. La ciencia la contrista; el anhelo de riquezas la enardece. Y así, triste y exasperada, gime en perdurables amarguras.
Justina murmura en voz opaca:
-El cuidado del día de mañana nos hace taciturnos."
Puche es un cura y Justina su no se sabe qué. Porque las mujeres que viven con los curas suelen ser sus hermanas, pero también sus sobrinas, léase barraganas. Azorín pasa por alto estos detalles. Solo le interesa describir el escenario y poner en él a los personajes para que filosofen sobre las cosas de la vida. Hoy es en casa del cura, mañana en la del abogado que lee a Shopenhauer. Siempre con la música de fondo de las campanas, de las herrerías y los vendedores callejeros. Está uno en Yecla en los comienzos del siglo XX. No creo que exista lugar en el mundo que haya sido inmortalizado, o congelado en el tiempo, con tanta belleza como ese pueblo del altiplano murciano.
La Voluntad, esa novela, o lo que sea, que me había pasado desapercibida. Me está pareciendo que es demasiado buena como para que le guste a cualquier principiante. Ya lo decía Baroja, que, en realidad, el que sabe escribir es Azorín. La extrema precisión de la sencillez. Conoce los nombres de las cosas porque en casa de sus padres llamaban a las cosas por sus nombres. En muy pocas casas pasa eso. Y por eso muy poca gente sabe describir lo que tiene delante. La mayoría nunca aprendimos a distinguir los detalles que configuran el conjunto. Es un handicap que nos acompaña a lo largo de la vida sin que seamos conscientes de él. Como una especie de ceguera del entendimiento que nos obliga a limitarnos a las frases hechas. O lugares comunes.
"Cerca de la puerta del patio, en lo hondo, brilla en sus primorosos arabescos, azules, verdes, amarillos, rojos, el alizar del tinajero. La tinaja, empotrada en el ancho resalto, deja ver el recio reborde bermejo de su boca. Y el sol, que por el montante de la cerrada puerta penetra en leve cinta, refulge en los platos vidriados, en los panzudos jarros, en las blancas jofainas, en las garrafas verdosas."
Yo sabía de Yecla porque una vez vi en alguna televisión que hay allí una asociación de amigos de la música que para sí la quisiera cualquier ciudad con pretensiones. En realidad, son las bandas del levante español. Vienen de lejos y nos dice del sustrato cultural sobre el que nos asentamos. Desde luego que si consideramos a España desde la perspectiva de ese sustrato no podemos hacer otra cosa que estar contentos por haber nacido aquí.