Hay un personaje en la vida pública española por el que siento cierta curiosidad. Se había estado dedicando a la política, pero hace unos meses anunció que la dejaba: seguramente por asqueamiento. Ayer apareció por ahí y aseguró al que le entrevistaba que no iba a volver a la política, pero que se iba a dedicar a la batalla de las ideas. Se trata de Iván Espinosa de los Monteros, el único político al que yo había visto participar en algún debate de Instituto Juan de Mariana... toda una declaración de principios.
Ya les he contado alguna vez que Rothbard, el gran gurú del anarcocapitalismo, en su Historia de las Ideas Económicas, le dedica más de diez páginas a Juan de Mariana. Según él, Juan de Mariana le da sopas con ondas a Adam Smith. Una opinión que argumenta pormenorizadamente sin dejar muchas opciones a los oponentes que no son otros que los que vienen mandando en el mundo el último siglo y medio, es decir, los socialistas de todos los partidos.
Pues bien, me he alegrado de que Iván se quiera dedicar a la batalla de las ideas. No le van a faltar aliados, porque es mucha la gente que está que ya no puede más de tanto comunismo camuflado tras un muro de eufemismos. Ya hace tiempo que unos pocos andaban luchando para desvelar el engaño, pero ya, cuando lo de la zafia psycopandemia, se produjo un impulso morrocotudo al número de gentes que optaron por despertar. Que no por otra cosa es que en Argentina haya pasado lo que ha pasado. Se venía sembrando hace tiempo y solo se han precisado unas condiciones climáticas favorables para que se haya producido la cosecha portentosa. Claro, ahora, los socialistas de todos los partidos están que trinan. Anunciando el caos y echando mano de lo mejor de su repertorio de insultos y maledicencias... que hay que reconocer que nunca hubo nadie que les ganase en eso.
Sea como sea, el tiro de salida ya está disparado. Por todo el mundo se están produciendo cosas muy raras. La que los socialistas de todos los partidos llama extrema derecha se está haciendo con el poder. Y, vaya por Dios, ahora se empieza a reconocer que el multiculturalismo, el feminismo, y demás ismos a los que tan aficionados son los dichosos socialistas de marras, no son tan recomendables como nos habían hecho creer. Un país de gente tan torpe como puede ser Dinamarca, ha decidido que se acabaron las enriquecedoras diversidades. El que quiera vivir allí tendrá que pasar por el aro de las costumbres locales.
Es muy curioso todo esto que está pasando y lo único que podemos hacer es rezar a los dioses y pedirles que el asunto no acabe a tiros. Porque esa es otra, las batallas de ideas no es raro que acaben violentamente. Son muchos millones de personas, los parásitos del sistema, viendo peligrar su cómodo modus vivendi. En fin, vamos a ver, porque, en cualquier caso, ver combatir a Iván Espinosa de los Monteros siempre es estimulante.
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