Suelo pasar las soirées leyendo algo relajante, ahora ando con Azorín, antes, con Baroja y, al cabo de un rato, cuando los ojos cansados por todo un día de actividad empiezan a decirme que ya estuvo bien, me paso a la música. Anoche le tocó a Diana Krall. Es una diosa sobre el escenario. Si no ando equivocado, Diana es hermana gemela de Apolo, dios entre otras cosas de la música. Es natural que se le pegue algo. Diana, la de los dardos certeros. Sus acompañamientos con el piano son para quitar el hipo. Su voz aterciopelada, te envuelve. Cray me a river. No me canso de escucharla mientras, a lo mejor, hago algún solitario. Por cierto, que tiene un video, Autumn in New York, que se lo recomiendo. En blanco y negro; mucho mejor, diría yo, que el Manhattan de Woody Allen. En uno de los vídeos estaba acompañada por su marido Elvis Costello. Se me ocurrió mirar su biografía. Lo normal de cualquier músico inglés de éxito. Hay un montón. Lo que me llamó un poco la atención fue que en el apartado familiar ponía: cónyuge, Diana Krall; pareja, fulanito de tal. Curioso mundo éste. Como lo más natural. Pel davant i pel darrera, que diría un catalán. Al tipo no le basta con tener a esa diosa en casa. Claro que, por otra parte, es sabido que el que ve a Diana desnuda se queda de piedra.
En fin, en cualquier caso, antes estas cosas, que siempre han existido, acuérdense de Isabel II, se procuraban mantener en secreto. Hoy, por contra, se exhiben con orgullo. Libres de prejuicios. Gente abierta, desacomplejada, tolerante, etc., etc.. Recuerda mucho a aquellos personajes del siglo segundo del imperio que describen Petronio, Apuleyo, Juvenal... el caso era satisfacer los apetitos sin pararse en mientes. Bueno, vete tú a saber, porque extraer conclusiones de las similitudes históricas es muy aventurado. Por otra parte, los dioses lo son precisamente por eso, porque no se tienen que privar de nada. Ni siquiera del exhibicionismo. Ahí mismo, a la salida del apeadero de la Alamedilla, en Salamanca, lo primero que ves es a Zeus disfrazado de toro llevando a Europa al hombro como aquel fraile llevaba una puta porque decía que todo servía para el convento.
En otro orden de cosas, ayer estuve de tertulia. Hacía tanto que no practicaba que quedé con un agradable sabor de boca. Con un cinéfilo y un cineasta. Así que el cine fue el centro de la conversación prácticamente todo el rato. Y es que el cine fue, mayormente, el encargado de hacer la educación sentimental de nuestra generación. Por eso es una fuente de referencias inagotable. No hay circunstancia de la condición humana que no te lleve de inmediato a aquella película que viste en un cine de la calle Panaderos cuando andabas de estudiante por Valladolid. O a aquella otra en el cine Carretas de Madrid una mañana que habías decidido no ir a clase. El cine y las novelas, se nos llevaron media vida por lo menos. Es natural que nunca nos cansemos de hablar de ellas. Son un punto de apoyo inestimable cuando tratamos de explicarnos, tanto el mundo que nos rodea como a nosotros mismos.
Parece ser que hoy va a ser un día soleado. Procuraré aprovecharlo para hacer un poco de vitamina D que es que con la racha que llevamos tengo los depósitos a cero. ¡Y luego dicen en Palencia que en Santander ya no llueve! ¡Ya te digo, también son ganas de acertar! Porque es que todos los palentinos se han comprado una casa por aquí. Medio Santander es suyo.
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