martes, 26 de diciembre de 2023

Las migajas

Haciendo de tripas corazón sigo con la lectura de las memorias de Casanova. Me he propuesto acabarlas si es que ellas no acaban antes conmigo. Está en Londres pillado por una puta perversa que le hace gastar cantidades ingentes de dinero y energías sin dejarle mojar el churro. Y eso que la zurra. El tipo anda ya rozando los cuarenta y no es muy consciente de que ha perdido atractivos. Tal y como se describe a sí mismo, es un genuino representante de la clase ociosa. Siempre con la diversión como meta. Sin embargo, dada la cultura que tiene y los escritos que dejó, es evidente que tuvo que dedicar muchas horas a los trabajos del espíritu. Así que, infiero yo que mucho de esas memorias tiene que ser pura invención, o sea ficción con una  intencionalidad moralizadora: estas son las penalidades a que se ve sometido un idiota que no piensa en otra cosa que en meterla donde no debe. 

En realidad, si a la literatura de ficción le quitásemos los devaneos de la clase ociosa se quedaría en muy poco por no decir nada. Porque lo de ociosa es en realidad un eufemismo de viciosa. Y los vicios de los otros ya saben lo que dan de sí para comentar. Y aprender si eres listo, por supuesto... aunque sobre esto de ser listo habría mucho que decir, porque la experiencia demuestra que el que es listo para una cosa es tonto a rabiar para otras, y viceversa. 

Así es que uno ya no sabe qué hacer con las migajas de vida que le quedan. Desde luego que tocar la guitarra es lo que más me tira. Tocar de corrido una  bourrée de Bach es a lo más que he llegado. O ponerme a flamenquear con la cadencia andaluza. El caso es estar fuera de este mundo por un rato. Luego, cuando vuelves a él, piensas que, aquí me las den todas. Si puedo hacer estas cosas es, sencillamente, porque no lo tiré todo por la borda. Fui necio, sí, a rabiar, pero no del todo. Y eso es un gran consuelo. 

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