lunes, 18 de diciembre de 2023

Pesadillas

Las cosas de la mente humana son indescifrables. Y por eso es que haya millones de personas viviendo del cuento de que ellos si son capaces de descifrarlas. En los textos clásicos ya hacen su presencia este tipo de embaucadores. Porque siempre se pretendió  que los sueños tienen significado, por así decirlo, premonitorio. Es decir, anuncian algo que el jeta de turno se encargará de desvelar. Bien es verdad que muchos de estos jetas acabaron con el gaznate rebanado para aplacar las iras de un poderoso al que el desvelamiento no le cuadró con sus planes. Porque, como todas las creencias, lo son hasta cierto punto. Y, a la postre, tienen que ver más con los rituales que con las convicciones, o sea, que la convicción acaba en el ritual. Siempre pasa igual cuando se anda perdido. 

Les cuento esto porque anoche me fui a la cama temprano por estar aquejado de uno de esos alifafes propios de la estación. Tosecillas y mierdas de esas. Más ruido que nueces. Aunque estaba cansado me costó Dios y ayuda dormirme. Y cuando lo conseguí fue en forma de pesadilla. Justo antes de ir a la cama me había estado entreteniendo con un problema de geometría bastante bonito, de esos que tienes que combinar media docena de teoremas, que es que hay que ver todo lo que llegaron a descubrir nuestros antepasados, sobre todo griegos, en lo que a resolver problemas geométricos hace. Así que todos esos teoremas me aparecían en forma de obsesión tan pronto me quedaba transpuesto. Una verdadera tortura. Esto de los sueños obsesivos me pasa siempre que comienzo a aprender algo medianamente complicado. Y es que, claro, la vida sin estar aprendiendo algo, es, según reza un proverbio chino, igual que estar muerto. Y bien que me lo creo yo y por eso infiero que solo tratamos de aprender algo para hacernos la ilusión de que seguimos vivos.   

Así que, nada, voy a ver si hoy consigo trasponerme en el ikea reclinable, que nada hay más terapéutico que el sueño. Con el sueño, como no se cansa de repetir la Ilíada, se relajan todos los músculos, que no otra es la madre de todas las reparaciones. Por eso, cuando los dioses te quieren castigar, lo primero que hacen es impedirte el sueño. ¡Dios, qué difícil es merecer la benevolencia de los dioses! A la que te descuidas ya les estas molestando. Y es que son tan sensibles... o nosotros tan torpes. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario