viernes, 1 de diciembre de 2023

La tortilla

 A veces pienso, sin más fundamento que el de mis pobres impresiones, que, si hay algo sutil que diferencie a los dos sexos complementarios y por eso tan diferentes, eso es su relación con la música. Los hombres, diría yo, tienden más a la composición y las mujeres a la interpretación. Lo uno más cerebral y lo otro más sensitivo. Y por supuesto que hay mujeres que son compositoras excepcionales, pero son anécdotas y, los intérpretes excepcionales, como Yamandú, suelen estar superdotados para la improvisación, que, por cierto, cuando la utiliza para acompañar a Elodi, su misteriosa mujer, es como si un pajarillo estuviese revoloteando alrededor de la hembra tratando de atraer su admiración. Pero, Elodi, como si tal cosa, sigue con su pureza interpretativa que tal parece que estuviese en un más allá. Es, como digo, solo una pobre impresión que se hace rica cuando veo a una intérprete como Yuja Wang que, con sus atrevidos atuendos y sus movimientos sobre el taburete mientras toca con inusitada pasión, hace que se produzca un totum revolutum que a la que te descuidas te la pone dura, como vulgarmente se dice. Y eso, un hombre, ni soñarlo; aunque sea un Lang Lang cualquiera siempre estará por medio la corrección de las formas. Aunque tampoco hay que irse a los extremos. Fíjense, por ejemplo, en la complementariedad del compositor Sergio Assad con la intérprete Stephanie Jones. Las piezas de Sergio, a mi entender, tienen diez veces más vida cuando las interpreta Stephanie que no él mismo. Pero, en fin, todo esto no son más que chorradas, dicho también vulgarmente, que recalcan lo obvio, es decir que los estrógenos y los andrógenos nunca habrá ministerio de igualdad que consiga intercambiarlos.

Y hablando de músicas, la que ayer le escuché al que por lo visto ha ganado las elecciones en Holanda me pareció el preludio de la suite que se nos avecina. El señorín, rubio a rabiar para que no quepan dudas, erigido en nuevo Carlos Martel dispuesto a iniciar de nuevo la Reconquista. Invitó a los moros a irse por las buenas o a atenerse a las consecuencias. Es lo que estaban deseando escuchar millones de europeos. Y, una vez dejado claro lo de los moros, toca ir a por la tecnocracia totalitaria europea. Ayer decía la presidenta del banco central que el que haga transacciones de más de mil euros en metálico irá automáticamente a la cárcel. ¡Se imaginan como se van a poner las cárceles si no echamos a estos tecnócratas de mierda! Mas animadas que el infierno. Se lo digo yo.

Es muy curioso todo esto de los resortes, como los llamaba Tucídides, de la Historia. Las cosas se van dejado y la corrosión se tapa con pinturas diversas. Hasta que el edificio se empieza a tambalear. Entonces los dioses salen de su modorra e intervienen. Hay que parar a estos, hay que echar una mano a estos otros. Bueno, solo tienen que leer la Ilíada, para saber cómo funcionan estas cosas. Hera le dice a Zeus: oye, tienes que hacer algo con estos europeos porque de seguir así vamos a perder muchos adoradores. Y Zeus va, entonces, y pone a ese señorín tan rubio en Holanda para que abra la marcha. Él sabe que lo demás vendrá rodado. En resumidas cuentas, que toca dar la vuelta a la tortilla para que no se te queme por un lado. Una maniobra que no por sencilla deja de requerir cierta pericia. Vamos a ver ahora la que tiene ese rubio, o ese dicharachero argentino, perdonen el pleonasmo. O esa francesa, o esa italiana... o tantos otros que están surgiendo como hongos por todos los lados. ¡Extrema derecha! ¡Ya te digo! Mira que hay que ser zoquete para ver así las cosas. O simplemente no haber leído la Iliada. En fin, qué vida ésta. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario