miércoles, 13 de diciembre de 2023

Cosas de la biología

Hoy hace un día de los de crujir las cuadernas. Arrecia el temporal y los enganches de los ventanales por muy perfectos que sean nunca lo son lo suficiente como para ser indiferentes a los elementos atmosféricos. Y aquí estoy, cinco de la mañana, frente al ordenador, tratando de agarrar al vuelo lo que me pasa por la cabeza que, mayormente, es desgana, o desistimiento, o desengaño. Como aquel poema de José Hierro titulado Nada que hizo tanta fortuna. Todo es nada, suena bonito. Y entonces pienso que eso son cosas de la decrépita senectud. Por supuesto que todo es nada cuando ya no hay futuro por delante. Solo necesitas estar en tus cabales para darte cuenta. Porque, si no... anteayer iba por la calle y me topé con un conocido, hombre notable, erguido como un chopo, elegante, rondando los noventa, que iba a tomar el tren para Madrid. Le acompañaba su amante, por los cuarenta, un poco gruesa, que anda por ahí contando intimidades. Lo que es la ilusión me dije. Y en absoluto sentí envidia. Mejor apegarse, pensé, a una bourrée de Bach o a la relectura de cualquiera de los clásicos que conservo en las estanterías. Por cierto, anoche leía una interpretación de Edipo que hace Azorín. Edipo y Antígona paseando por el Louvre y parándose ante el busto de Sófocles. Como Edipo no le puede ver, Antígona pregunta a un vigilante que andaba por allí -siempre hay vigilantes por todos los lados- si podría ser que Edipo palpase el busto para hacerse una idea. Y, el vigilante, lo de siempre, yo soy un mandao, iré a preguntar, pero, entre tanto, no lo toque, porque esas son las normas. Mejor nos vamos, le dice Edipo a Antígona, porque total... ya me dirás tú lo que le puede importar a Edipo cómo es la cara de su creador. O, mejor, su reinterpretador. Por cierto, para el que no lo sepa, Edipo era ciego porque el mismo se había arrancado los ojos para no tener que ver su propia obra en el mundo. Ya ven que cosas pasan. 

¿Cuántos reinterpretadores de Edipo habrá habido en el mundo? Ser expuesto a las fieras del bosque, matar a su padre, casarse con su madre, sacarse los ojos, tener una hija que le adora... como ven la cosa da para mucho. Hasta que llegó Freud y creyó poner negro sobre blanco. Y sí, algo de eso debemos llevar todos dentro y lo mejor es sacarse los ojos para no verlo. Se vive muy bien en la ignorancia. Y, ya, si te adaptas a las modas, que es doble ignorancia, ni te digo.

En otro orden de cosas, ya recuperé la bourrée de Bach que creía perdida. No me costó gran cosa, porque debe haber algo en el cerebro respecto de la música que hace que sobresalga sobre todos los recuerdos. Lo una vez aprendido nunca se olvida del todo y solo hay que tirar del hilo invisible para recuperarlo. Estoy contento porque esa pieza es sin duda lo más sofisticado que toco y la menos pegajosa. Porque con la música hay que tener mucho cuidado con la pegajosidad. El otro día se me ocurrió ponerme con La Zarzamora por bulerías y llevaba ya dos horas en la cama intentando dormirme y la Zarzamora me lo impedía. En fin, cosas de la biología. 

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