domingo, 24 de diciembre de 2023

La bota de María

Sigo con mi pausado paseo por las tierras de Ilión. Verso a verso, no me quiero perder nada. Y me digo que si empezase ahora la vida no tendría nada mejor que hacer que aprender griego para poder leer esos versos en su lengua original. En cualquier caso, tiene razón Santi cuando me insiste en que en la Ilíada está todo. A veces pienso, que incluso más que en la Biblia. Quizá de otra forma más seductora. Ando ahora por donde los teucros tienen acorralados a los argivos junto a sus cóncavas naves. La mayoría solo piensa en huir antes de que se las quemen. Así es que andan toda la noche de asamblea para ver qué se decide. Ya han agotado todos los argumentos para convencer a Aquiles de que deponga su cólera y entre en combate. Todo en vano. Ya lo tiene decidido: cuando apunte la de los rosados dedos se montará en su cóncava y negra nave y se irá a su patria a sembrar los campos. Ha decidido cambiar gloria por una larga vida. Desde luego que ha habido pocos asuntos en la historia de la humanidad que hayan dato tanta tela para cortar como el de la cólera de Aquiles. Y es que la forma de reaccionar de cada cual cuando es víctima de una injusticia es algo que define, como pocas cosas lo hacen, la personalidad del individuo. Pasas, te lo tomas a pecho... en cualquier caso siempre elaborarás más o menos alambicadas teorías que justifiquen tu actitud. 

Son las pasiones humanas y, éstas, el juguete predilecto de los dioses, Los dioses, genuinos representantes de lo que se ha dado en llamar la leisure class -la clase ociosa-. Se aburren allí, en el Olimpo y, entonces, se ponen a jugar con nosotros lo mismo que hacen los niños con los muñequitos, que, no sé por qué será, pero lo que más les gusta es poner a dos a pelearse. Las pasiones en conflicto es lo que da tensión espiritual, sin la cual, apaga y vamos. O vámonos, que es lo que tiene decidido la mayoría de los argivos, porque, argumentan, si Zeus se ha puesto del lado de los teucros, qué coño pintamos nosotros aquí. 

Resumiendo, que esta noche es Noche Buena y mañana Navidad y, entonces, el pueblo llano, que pocas, pero a veces acierta de lleno, va y dice: dame la bota María que me voy a emborrachar. ¿Es que piensan ustedes que hay otra forma posible de soportar este desideratum consumista en el que se ha convertido el asunto? Como bien apuntaba, no recuerdo ya quién, unas navidades sin alcohol es como una intervención quirúrgica sin anestesia. O sea que... lo dicho, qué coño pintamos aquí sobrios. 

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