Ayer el día de la Constitución y mañana el de la Inmaculada Concepción. Y la gente va y viene de acá para allá aprovechando la circunstancia. Todo ello tiene que ver con la ritualización de la vida, una necesidad que a juzgar por lo arraigada que está desde la noche de los tiempos podríamos considerarla tan biológica como el comer o cosa por el estilo. Celebrar algo para consumir lo acumulado. Y vuelta a empezar. Esa es la esencia del primitivismo que no cesa.
A mí, lo de la Constitución, ni fu ni fa. Como me leí todo aquello de Solón, y como las buenas intenciones no bastaron para impedir la llegada de Pisístrato, etc., etc., pienso que no sirven de mucho a no ser que tengan una cláusula, como la de los EEUU de América, por la cual el ciudadano tiene el derecho inalienable a poseer armas de fuego. Porque toda estabilidad se basa en el equilibrio de fuerzas y cuando, como es nuestro caso, la fuerza está monopolizada por el Estado y la delincuencia organizada, lo que viene a ser lo mismo, pues entonces, digo, pan y toros, o sea, que la constitución solo sirve para institucionalizar los privilegios de la casta dirigente y la esclavitud de la gente del común. Luego se hace como que la celebran todos juntos un día al año y se da la sensación de que se vive en el mejor de los mundos posibles. Y más, cuando se está ya a las puertas de las Navidades que es la madre de todos los buenos rollos.
Lo de la Inmaculada Concepción, por contra, me parece que tiene mucha más enjundia. Como un rayo de sol pasa por un cristal sin romperle ni mancharle, que nos decía el Padre Astete. ¡Aquel catecismo, por Dios, qué joya! Recuerdo que en clase nos ponían a todos en circulo. Empezaba el primero a recitar el catecismo. Un párrafo o dos. Si acertaba, seguía el siguiente y, si no, perdía un puesto. Así con tal mecánica se iba formando una jerarquía, la de los mejores. De hecho, salíamos todos del colegio sabiendo el catecismo del padre Astete más o menos de carrerilla. Pregúntenle a un chaval de los de hoy cuáles son las virtudes teologales... te mirará como si fueras un marciano. El pobre no sabe que el marciano es él.
Pues sí, lo de la Inmaculada Concepción seguramente viene a solucionar muchos problemas de orden psicológico ya que, de alguna manera, viene a desdramatizar las siempre problemáticas relaciones de los hijos con la madre y las hijas con el padre. Todos los hombres llevamos dentro un Edipo y todas las mujeres una Electra. Y es que todo eso de romper y manchar en el acto de la concepción, cuesta mucho aceptarlo por más que seamos completamente inconscientes de ello. ¡Ay, si fuésemos conscientes de todo lo que nos está pudriendo por dentro!
En fin, pajeos mentales para una mañana de diciembre. Porque el caso es que todavía apenas empecé a estudiar la partitura de Estrellita y ya me bajé la de la Zarzamora. Tienen que escuchar la versión que de ella hace Sabicas. Personalmente me parece de una belleza aclaparadora. Por bulerías. Y no menos bella la versión de la versión de Sabicas que hace el Duo del Mar. Esas dos chicas que parecen dos Nereidas, por lo menos... lo digo por lo del mar. Son de una gracia y elegancia que quitan la respiración. ¡Por Dios, que gente tan fantástica hay en este mundo!
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