lunes, 25 de diciembre de 2023

La paridera

La familia Martín, de Torre Don Miguel estaba anoche celebrando la Noche Buena en plena paridera. Comían algo y contaban alguna historia siempre con la mente puesta en que su verdadero lugar estaba debajo, en las cuadras, donde las ovejas se habían puesto de acuerdo para parir todas al mismo tiempo. Se les veía felices, a Feli el padre, Fati, la madre y Nazaret, la hija. Da mucha alegría ver nacer, decía Feli, con un recién nacido en sus manos.  Es curiosa esta familia de granjeros porque es como si se les notase que la felicidad que suelen exhibir les viene no solo de que les gusta su trabajo sino de la oportunidad que la tecnología les brinda de vivir en el escaparate. Filman todo lo que hacen en relación con su oficio. Y también las merendolas que se pegan. Sin entrar nunca en intimidades. Así es que tienen una aceptación enorme, supongo que, como explica Nazaret, porque representan la nostalgia de esos ancestros campesinos que todos llevamos dentro. La verdad es que lo hacen muy bien. Por cierto que, Nazaret, nos explicó un día que ella es la alcalde de su pueblo y, que, por supuesto, no cobra nada por ello. Lo es al margen de partidos y elecciones: los vecinos se lo han pedido por unanimidad y ella ha accedido. Como ven, al más puro estilo suizo. 

Pero, a lo que quería ir es a eso que decía Feli de que da mucha alegría ver nacer. Desde luego que es la garantía de que la vida sigue, cosa que no está muy claro que a todo el mundo le dé la misma alegría. Incluso, se diría que a algunos les produce tristeza. Porque parece como si una oleada de nihilismo señoreara el mundo: que se vaya todo al carajo cuanto antes mejor. ¡Muera el sacrificio, viva la diversión! Así es el lema suicida que se afanan en divulgar las instituciones que en teoría rigen el destino del mundo. Y tiene un éxito rotundo como lo demuestran todas las estadísticas sobre tasas de reposición: aquí en España, de seguir así, en dos o tres generaciones nos habremos plantado en los diez millones... y todos contentos. 

Bueno, por ahí anda Elon Musk advirtiendo de lo que se viene encima si no nacen niños. De hecho, él, debe tener unos cuantos. Predica con el ejemplo. Pero, pensando en estas cosas, he caído en la cuenta de en dónde reside la enjundia de una novela que escribí hace ya casi treinta años y se me ocurrió publicar hace unos meses tras haberla releído y encontrado interesante. Resulta que en esa novela, que rezuma nihilismo por los cuatro costados, hay un dato que me había pasado por alto y que, sin duda, fue el producto de un deseo inconsciente que tuve al escribirla: ninguno de los personajes de esa novela tiene hijos. Su única preocupación, entonces, es divertirse. Es como una lógica fatídica: como la vida no tiene sentido, destruyámosla por el procedimiento más infalible que existe: no perpetuando la especie. En fin, en cualquier caso cada vez entiendo mejor el porqué de que esa novela no le haya interesado a nadie. Una de mis hijas me lo ha dicho: a nadie le agrada que le recuerdes de una forma tan cruda lo mierda que es.  

Pues sí, Feli, tienes toda la razón del mundo y te debieras poner en contacto con Elon Musk para sumar fuerzas. Ver nacer es lo que da sentido a la vida, y si son hijos, sentido y medio, ¡qué lo sepan todos! Aunque tampoco hay que olvidar que, la Naturaleza, que viene a ser Dios, tiene sus particulares procedimientos de escribir recto con renglones torcidos. En fin. 

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