viernes, 8 de diciembre de 2023

Nunca vas a comprender... como lo hice

Rita Payés es hija de músicos, se crio entre músicos que vivían de la música, es decir, que mamó  el oficio. Sé lo que es eso, porque me pasó algo parecido con la medicina. Y aunque luego no me atrajese lo que se dice nada vivir de esa profesión, si sé lo poco que me costó aprenderla y la distancia que, mientras la ejercí, sentía que mantenía respecto de la mayoría de mis colegas. Porque yo sabía, como le pasa a Rita con la música, todo eso que ni viene en los libros ni se aprende en las academias: la esencia del oficio... sería muy complicado ponerse a explicar esto, aunque tampoco pienso que haga faltan porque lo de la esencia es de esas cosas que se saben por intuición o nunca se podrán saber por muchas lecciones al respecto que se reciban. Es algo como exotérico, o esotérico, que no sé, es decir, más allá de las palabras. 

Pero, lo de Rita ha sido añadir al oficio mamado una inteligencia fuera de lo común. Solo hay que oírla hablar para darse cuenta de la facilidad que tiene para hilar con precisión. Y luego, ya, si te pones a considerar las letras de las canciones que escribe, no te puede quedar la menor duda de la predilección que sienten los dioses por ella. Es como si la estuviesen utilizando para devolver a la música al lugar del que la sacaron todos aquellos doctrinarios que nos querían hacer comulgar con ruedas de molino: ¿se acuerdan de todos aquellos a los que se dio en llamar cantautores? ¡Qué purria, por Dios, vendedores todos de filosofía baratas! Baratas y equivocadas. 

Al principio de escuchar a Rita, pensé que estaba interpretando boleros mexicanos, eso sí, con una gracia y originalidad que la aproximaba a lo sublime. Y luego, cuando vi que aquel acompañamiento de guitarra lo hacía su madre, ya, me enamoré definitivamente de las dos. Pero no, no son boleros mexicanos, son tirando a jazz y, como los boleros, cantan al amor, mayormente en su versión desengaño... que, no nos engañemos, no hay melancolía más dulce que la desencadenada por un desengaño amoroso. ¡Y a ver quién es el que está libre de eso!

En resumidas cuentas, que las musas, como las liebres, saltan donde menos lo esperas. Y luego, cuando echan a correr, pareciera como que desafiaran las leyes de la física. Que es lo que tiene el enamoramiento, que uno sin darse cuenta cae en el ditirambo cantando al sujeto de tal enamoramiento. Así somos. 

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