domingo, 3 de diciembre de 2023

Scraping the barrel

Dice un periódico de esos que los británicos leen cuando van en el metro que, los así llamados "científicos", a fuerza de arañar el fondo del barril, scrapin de barrel que dicen ellos, han encontrado una escalofriante respuesta a la epidemia de muertes súbitas que se viene produciendo de un tiempo a esta parte: son los pedos comunes, señoras y señores. Por no se sabe que mecanismos son los responsables de los coágulos que taponan las arterias que, a su vez, son causa inmediata de esas muertes. O sea, que, todos tranquilos respecto a que la cosa tenga que ver con las medidas que se tomaron para combatir la ya casi olvidada psycopandemia  de los cojones. Aunque, claro, teniendo en cuenta la cantidad de pedos que nos vemos obligados a tirar cada día so pena de reventar, tampoco es que el hallazgo venga a traernos la paz de espíritu tan deseada. Y, ahora, me pregunto yo de qué sería que murió Josep Pujol, aquel insigne catalán, conocido como el Petoman en los ambientes nocturnos de París en donde se ganaba la vida interpretando piezas tan complicadas como la obertura de Tannhäuser y similares, utilizando el culo como instrumento. 

Arañar el fondo del barril. ¡Qué metáfora tan representativa del último recurso a la desesperada! En vez de tirar la toballa de una vez y reconocer que la hiciste gorda, nada, a sostenella y no enmendalla, como cualquier honrado y principal que se precie de tal. La cosa no deja de tener su gracia y, de hecho, si bien nos fijamos nos daremos cuenta de que buena parte de las comedias se construyen a base de arañar el fondo del barril. Porque así es como piensan los necios que van a salir del mal paso y siempre acaban rodando por la escalera. John Cleese lo borda en Fawlty Towers, una de las mejores, si no la mejor, serie cómica de la historia de la televisión, siempre, claro está, a mi nada humilde juicio. 

Sea como sea, ahí tenemos a los pedos otra vez como materia prima para chistes. De chistes para antes de cumplir los diez años. Luego, ya, se prefieren los de por delante. En fin, cómo somos los humanos. Por lo demás, la vida sigue su curso por los caminos inescrutables que marca el Señor. Y es inútil de toda inutilidad querer organizar el futuro con nuestros escasos recursos mentales. Y hay épocas en las que nos pasamos de soberbia y nos creemos capacitados para ello y, entonces, rodamos por las escaleras y los dioses se parten de risa allí arriba. Nada grave, en definitiva, porque a lo uno de un signo sigue lo otro del contrario. Y todos los años llega la Navidad y vamos por las calles y vemos luces de colores y nuestro ánimo se alegra porque sentimos que está a punto de producirse el gran milagro de la creación: el nacimiento del Niño Dios. Porque, yo, no sé ustedes, pero, en viendo niños, me pasa como a Santana, que agarra la guitarra y se pone a tocar  Let the Children Play. ¡Qué tiempos aquellos, cuando lo escuchábamos en Anoeta y el corazón se nos encogía de felicidad!

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