sábado, 23 de diciembre de 2023

Las Posadas

 Ramón es un coetáneo de mi pueblo que de joven se lío la manta a la cabeza y se fue a México a emprender negocios lácteos. Le fue bien y se vino para aquí dejando sus negocios en buenas manos. Y aquí vive cómodamente instalado sin dejar por ello, y a pesar de la edad, de seguir siendo productivo. Siempre es muy amable conmigo y no deja pasar Navidades sin acordarse de mí. Ayer me mandó un vídeo de las Posadas Mexicanas. Las Posadas es un novenario en el que se pretende hacer el recorrido que hicieron José y María desde Nazaret a Belén, cada uno de los nueve días en una posada. Con tan fausto motivo se hacen unos conciertos multitudinarios con danzas folklóricas y toda la parafernalia necesaria para que los espectadores flipen en colores.  

Aquí, en Europa, es de un buen gusto que te cagas, hacer estas celebraciones interpretando, también multitudinariamente, el Mesías de Hendel. No hay color y, desde luego, para flipar con este Mesías hay que estar muy revenido. Es lo que va del Nuevo al Viejo mundo. Lo que está creciendo y lo que se apaga. Lo comentaba hace años con un chaval de Valladolid que viajaba a mi lado hacia Madrid en donde iba a tomar un avión para Brasil. Desempeñaba allí un cargo técnico en una gran explotación agrícola. Estaba entusiasmado con aquel país y pensaba que trayéndose a Castilla medio millón de brasileños en cuatro días serían más ricos que Suiza. Le comentaba yo que había estado viendo la retransmisión del concierto de Año Nuevo celebrado en la ciudad de San Paulo. Y lo comparaba con el que todos los años retrasmiten desde Viena. Claro, los Strauss están muy bien, pero les comparas con Villalobos, Guimaraes, Ginastera, ect., y es inevitable tener la impresión de que estás en misa, que tampoco es que esté mal, pero ya no es lo que era. Porque a misa ya no va nadie a ligar como pasaba cuando la representación estaba en el apogeo de su gloria. 

Pues sí, la Posadas Mexicanas son dignas de verse; es difícil imaginar una explosión mayor de alegría. La alegría que produce lo que nace. La mitología cristiana lo supo hacer bien al poner un niño, que además es Dios, en el centro de la celebración. Así todo, la celebración orgiástica en su conjunto en poco difiere de las saturnales romanas que también bebían como los peces en el río, se  intercambiaban regalos y comían hasta reventar... aunque en este caso la alegría viniese de que se viesen aumentar las horas de luz. En fin, sea como sea y por lo que sea, la ritualización de la vida es inevitable. Y el solsticio de invierno es un punto de inflexión que es imposible que pase desapercibido. Aunque ya todo esto de las saturnales se haya puesto un poco cansino. Sin embargo, lo de Las Posadas sí que me parece que va a tener futuro, más que nada porque lo tienen los mexicanos que son algo así como el mestizaje de culturas llevado a su máxima expresión por medio de la música. Por cierto, ya casi puedo tocar de corrido Estrellita de Ponce. ¡Qué maravilla!

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