domingo, 27 de octubre de 2024

Incidente chusco

 Ayer por la mañana tuve un incidente chusco del que afortunadamente salí sin mayores consecuencias: apenas una erosión a lo largo de la espinilla de la pierna derecha. No suelo contar este tipo de contratiempos que me acaecen de vez en cuando como a todo hijo de vecino; me parece de pésimo gusto. Pero éste le voy a contar porque estoy seguro de que a Fede le va a hacer mucha gracia, y es que no es para menos. Bueno, nosotros nos entendemos. 

Ayer por la mañana iba hacia Mercadona a paso vivo porque no llevaba suficiente abrigo para el frío que hacía. Ya me quedaba poco para llegar, cuando vi que venía de frente un ciego con su bastón blanco y una pareja de perrazos que a duras penas conseguía controlar. Iba absorto, haciendo consideraciones acerca de aquellos dos perros, cuando, justo al cruzarnos, noté algo entre las piernas y, de inmediato, di con mis huesos en el suelo. Visto y no visto, me levante - gracias a los dioses omnipotentes, conservo un grado de agilidad considerable-; me hice un somero reconocimiento y vi que no me había pasado nada. Entonces, me puse a pensar en cómo demonios había venido a parar entre mis piernas el maldito bastón del ciego, que, por cierto, se llamó Andana y siguió su camino como si nada hubiese sucedido. No me costó mucho desentrañar el entuerto porque un par de señoras jóvenes acudieron solícitas a auxiliarme -los viejos todavía suscitamos alguna compasión-; una de ellas me lo explicó todo: el ciego había inclinado el bastón hacia la derecha buscando la pared y así fue como se me metió entre las piernas. No es cosa que suela pasar, pero aquel ciego iba muy inquieto tratando de poner orden a la pareja de perros y se ve que no tuvo en cuenta que por las calles suele circular gente. En fin, un accidente como otro cualquiera; un aviso, si quieren, que te envían los dioses para que estés atento porque, como se suele decir, donde menos lo esperas, salta la liebre. 

Resumiendo, que hice la compra en Mercadona y, de regreso ya en casa, me di cuenta de lo de la erosión en la espinilla: la limpié un poco con betadine y, acto seguido, me senté en el reclinable Ikea a continuar con lo de Bernal Díaz del Castillo. Los españoles tienen preso a Montezuma -una prisión muy suigéneris- y Bernal se deshace en elegios a la calidad humana de Montezuma. Bien es verdad que Montezuma no para de hacer regalos a los soldados que le custodian... así, cualquiera es bueno. En cualquier caso, ya se está mascando la tragedia de la Noche Triste. Desde luego que será Historia, pero, como libro de aventuras, no creo que pueda tener parangón. Les iré contando.     


2 comentarios:

  1. Lo de Bernal me tiene atrapado . Me lo compré en Kindle, siguiendo tu consejo. Lo conocía, por capítulos , Una maravilla. Me recuerda a Cabeza de Vaca. Sin mariconadas woke ni niño muerto Gracias por el consejo

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    1. Me alegro, Nacho. Nunca vas a encontrar un libro de aventuras que le llegue a la suela de los zapatos a éste... bueno, sí, quizá una buena versión del viaje de Magallanes.

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