martes, 14 de enero de 2025

Las cosas claras

Lo que pasa en Cuba y Venezuela, tan estrambótico como nos parece, en realidad no es muy diferente de lo que pasa aquí en España y, por extensión, en lo que llamamos Comunidad Europea: unos ambiciosos descerebrados se han hecho con el poder -léase las armas- y se sienten tan a gusto en su situación que no van a cederlo así se hunda el mundo a su alrededor. 

La gran lacra del cristianismo, buenismo, comunismo, o como lo quieran llamar, es, ahora lo veo meridiano, que convenció a la gente de que el tener armas en casa es peligrosísimo. Nos dijeron: vosotros tranquilos; si alguien os achucha, nos llamáis y nosotros -los ambiciosos descerebrados- vamos con nuestras armas a defenderos. Y nos lo creímos porque no hay nada más humano que creerse las fantasías que suenan bonitas. Así fue que quisimos ignorar la gigantesca diferencia que se establece entre el que tiene armas y el que no las tiene. Así se forman los sistemas de castas: en función de la fuerza. La tienes o no la tienes. Si no la tienes, considérate siervo. 

Estas filosofías, como es lógico que le pase a quien fue sometido a un duro adoctrinamiento desde su más tierna infancia, me costó mucho digerirlas. Pero, sin duda, lo conseguí, porque cuando, un día no muy lejano, me topé con el Manifiesto Libertario de Rothbard, me entró por la mente como Pedro por su casa. Sí, esa es la cuestión, el Manifiesto Libertario, es decir, no consentir que nadie decida por ti, para lo cual, aparte de otras cosas, como el esfuerzo intelectual y demás, tienes que tener armas en casa. La cosa es muy sencilla: la Biblia en una mano y en la otra un fusil... al ser posible automático. 

Resulta que, ahora, va y dice un burócrata de Bruselas que, si no les gusta el resultado de las elecciones que van a tener lugar en Alemania, pues nada, las anulan y aquí paz y después gloria. Lo mismo que han anulado las recién habidas en Rumanía que por lo visto ganaron unos indeseables que pretendían tomar decisiones por su cuenta. O sea, los de Bruselas, igual que los de Cuba y Venezuela. O por qué creen ustedes que es que las instituciones europeas no han condenado las tropelías de Maduro, el reyezuelo venezolano. Como dicen los tertulianos, blanco y en botella: entre lobos no se muerden. 

Así es que a toda esa chusma que sale a la calle a gritar que el pueblo unido jamás será vencido, yo les diría que, aunque no suene tan eufónico, cambie el unido por armado y estará más acertado... que también rima.

1 comentario:

  1. Efectivamente, Pedro. Cuando estuve por el norte de Suecia en los 80er, los nativos del pueblo llevaban siempre un rifle en el coche. Por los osos y los renos, decían . Qué bien se iba!

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