El Papa Francisco es una momia viviente, lo cual no quita para que haya sacado de su flaqueza la fuerza suficiente para poner el dedo en la llaga: "la propiedad privada es anticristiana", ha dicho. Ese va a ser su legado, el haber puesto las cartas boca arriba. Ahora ya sabemos qué es lo que se quiere decir cuando se apela a "nuestras raíces cristianas", es decir, que libertad y cristianismo son incompatibles entre sí, ya que, la propiedad privada es la clave de bóveda de la libertad.
De ahí podemos inferir el porqué de que no pueda haber sosiego en nuestras sociedades hasta que alguien se hace con el poder absoluto, o sea, se constituye en Dios. Porque la idea de Dios es lo único que encarna el sueño igualitario de los parias de la tierra. Que sea todo de Dios y nada de los hombres y, así, se acabó la envidia. ¡Muerto el perro, se acabó la rabia!
Seguro que ustedes muchas veces se preguntan: ¿pero, cómo puede ser que con tanta evidencia como hay de que los regímenes socialistas acaban siempre en miseria la gente siga queriéndolos para sí? Pues yo se lo contesto: debido a "nuestras raíces cristianas". Raíces que, a la postre, no son otra cosa que la glorificación de la envidia. Pon la envidia en el centro de tu sentir y ya tendrás justificación para todas tus tropelías.
En fin, con lo bien que se debía de vivir cuando todavía no se habían inventado los dioses.
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