sábado, 15 de marzo de 2025

Adoraciones perpetuas




El origen del mundo 
Gustave Courbet


El mundo está un poco más patas arriba de lo que suele ser lo habitual. Analizado el asunto en clave hesiódica, o sea, ya saben, la Teogonía de Hesíodo, estaríamos sufriendo la ira de los dioses por haberles robado demasiado fuego. Así es que nos tienen encadenados a una roca viendo complacidos como todos los días baja un águila del cielo a roernos el hígado. Y nada podemos hacer sino esperar a que la diosa Atenea, la que nació de la cabeza del padre supremo, venga a liberarnos. Atenea convirtió, al fin, la roca en un diamante que colocó en una sortija que Prometeo debía llevar siempre puesta como recordatorio de lo peligroso que es robar fuego.  

Todos estos descubrimientos que recién venimos de hacer ha dado origen a una casta de descerebrados que se creen dioses. Ayer leía que unos chalados ingleses dicen haber dado con el procedimiento para humillar al sol. Espero que no les dejen seguir con sus experimentos porque de lo contrario nos pueden meter en otra tan gorda como la de la ganancia de función de los virus de la que no acabamos de salir. Es todo pura soberbia que delata nuestra pequeñez. 

¡Qué absurdo es todo! Miro por la ventana y veo en la azotea de la casa de enfrente una pareja de palomas que no paran de darle al asunto. Unos metros más abajo, por una ventana entreabierta, atisbo los pies de una pareja de humanos que parecen estar en las mismas. Después, me pongo a leer la Biblia: Judit, Ester, el poder omnímodo de los coños. ¡Pero si eso es todo en esta vida! Comemos y nos reproducimos exactamente igual que las bacterias.

La verdad, no entiendo para qué tanto alboroto. 

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