Poco a poco van encajando las piezas del puzle. Ayer, o anteayer, hubo una sentencia en España, que se suma a las que están teniendo lugar por todo el mundo, reconociendo los estragos producidos por las obligatorias terapias génicas para el covid. Ahora, como consecuencia inevitable habrá de venir una cascada de indemnizaciones que pondrán en un brete a las finanzas públicas. Y para colmo, aquella obligatoriedad fue declarada inconstitucional por el máximo tribunal del Estado. Así es que se acumula mierda sobre mierda y se quiere dar a entender que como que es caída del cielo: ninguna decisión política tuvo que ver con ese montón pestilente que amenaza con asfixiarnos. Y, entonces, otra pieza más del puzle que no podía faltar: los tambores de guerra. Por ahí es por donde se piensan ir de rositas los responsables del desastre. ¡Más viejo que los pedos!
Lo que pasa es que, la siguiente pieza del puzle es novedosa. Nunca antes en el mundo tuvo la gente tanta facilidad para enterarse de los intríngulis de las maniobras políticas. Ahora hay millones de niños gritando desde las redes sociales que el rey va desnudo. Así es que le va a ser muy difícil al rey desviar la atención de la gente hacia el enemigo fabricado para la ocasión. No le va a ser fácil al rey en esta ocasión sacarse un conejo de la chistera. Mas bien, todo parece indicar que tendrá que ofrecer su cabeza para calmar la tormenta que se avecina.
Sí, se avecina una tormenta, porque todo lo que sabemos los que nos hemos querido informar está a punto de ser conocido por los que prefirieron meter la cabeza debajo del ala. Y la verdad es espeluznante: se está muriendo mucha más gente de la que debiera estar muriéndose y la razón de ello se está abriendo paso a gritos. Será lo de siempre, primero la dolorosa conciencia de la propia imbecilidad; segundo, la rabia ciega que exige venganza.
La obligatoriedad de las que llamaron vacunas sin serlo: nunca la soberbia de Lucifer llegó tan lejos... no quiero ni imaginar el infierno que nos tienen preparado los dioses.
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