sábado, 22 de marzo de 2025

Sed o no sed, esa es la cuestión

Raquel Ramírez es una señora chilena que tiene un canal en YouTube dedicado a la enseñanza de la armonía. La estoy siguiendo estos días para poner en claro conceptos que conozco, pero, sin duda, sin la suficiente nitidez necesaria para sacarles toda su sustancia. Digamos que escuchar a esta chilena está suponiendo para mí en estos momentos lo que ayer les decía de ir a Salamanca a por lo que natura non da.

Tengo entendido que Chile es la patria adoptiva de Andrés Bello, lo cual no es cuestión baladí por la misma razón que no lo es que Nebrija produjese su obra en Salamanca. Para mí Andrés Bello es el discípulo más aventajado de Nebrija, consecuencia de todo lo cual es que cuando escucho a Raquel, a efectos de lenguaje, es como si escuchase a mis amigos de Salamanca. Es imposible decir las cosas con mejor sintaxis, o sea, para que mejor se entiendan. 

Ir a aprender a Salamanca hay que entenderlo como lo que es. Porque la realidad es que Salamanca es tan ubicua como Dios para el que tiene sed de conocimiento. No hay nada ni nadie de lo que no podamos aprender siempre y cuando tengas esa sed. Al respecto, los hay que son insaciables, que cuanto más beben, más sed tienen, pero también los hay que, si no abstemios, se sacian con dos sorbos... y eso sí que es problemático porque esa gente no suele tener otra salida en la vida que la de dedicarse a la política, pero este es otro asunto muy diferente del que hoy nos trae aquí: ir a aprender a Salamanca, académica palanca. 

De eso me hablaban ayer, de la inutilidad de ir a Salamanca, si no tienes sed. De hecho, el mundo está lleno de Salamancas a las que acuden por obligación los abstemios del saber. Por eso esas Salamancas acaban convertidas en templos de Dionisos... o bailes de vampiros, si mejor quieren decirlo así. Porque, como dijo Hamlet, tener o no tener sed, esa es la cuestión. Cuando tienes sed de conocimiento todo sirve para el convento; cuando te sientes saciado a la primera de cambio, ya puede venir el mismísimo Einstein a explicarte la relatividad que de inmediato te estallará la cabeza y saldrás zumbando. 

En definitiva, este es uno de los grandes problemas que nos ha legado la socialdemocracia imperante: las nefastas consecuencias derivadas del obligar a beber a quienes no tienen sed. Así ha salido esa casta de gente que, por decirlo con palabras de Nietzsche, han leído dos libros a los que no tenían derecho y, de resultas, se creen estar en condiciones de poder organizar la vida de los demás y, así es que, ya vamos por las cien mil normas de obligado cumplimiento... menos mal que nos pasamos por el culo casi todas.   

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