viernes, 28 de marzo de 2025

El kit de la cuestión

 

 

 Cortesía de Un Besi de Fresi


La gente, por ahí, está muy entretenida con lo del kit de supervivencia. No se lo cree ni el Tato y por eso no se para de hacer chistes sobre el tema. La idea de una guerra con Rusia está entre las más remotas en el ranking de las ocurrencias. Yo diría, incluso, que hay una cierta simpatía por los rusos a los que nadie suele distinguir de los ucranianos. Por eso, aquella guerra que se tienen entre ellos es, para los que no se dejan manipular por las televisiones oficiales, una guerra civil, es decir, entre hermanos. La que pudiera haber entre españoles y catalanes -que también son españoles- si surgiese algún loco con dotes de encandilamiento y a los americanos, por lo que fuese, les interesase ponerle en valor. Así de sencillo. 

La verdadera guerra que tenemos aquí, y para la que necesitaríamos todos los kits del mundo, es la que los ciudadanos corrientes y molientes mantenemos con unas autoridades incompetentes y corruptas, lo uno por lo otro y viceversa. Ejércitos sobredimensionados de médicos, maestros, barrenderos, jardineros, funcionarios de toda calaña, por no hablar de pensionistas, a los que se les asegura un sueldo mensual por el absurdo procedimiento de, por un lado, extorsionar a impuestos a los honrados trabajadores y, por otro, dando a la manivela de imprimir papel moneda. O sea, para que nos entendamos, una especie de  imposible metafísico al que ya se le están reventando todas las costuras... a bout de souffle, que diría un francés. 

Así es que yo me maravillo cuando cada mes veo que me han ingresado el importe de mi pensión. Y no es que yo tienda al pesimismo, pero siempre pienso que seguramente será la última: es, sencillamente, una cuestión de lógica, porque, que se sepa, nunca ha habido acreedores que, en llegando a cierto punto, no pongan pie en pared y al que Dios se la haya dado que corra San Pedro a bendecírsela. 

En fin, a Dios Gracias, las estanterías de Mercadona siguen siendo una bendición. Cuesta de creer, que diría un catalán, que algo malo nos pueda suceder estando esas estanterías como están y, además, tan accesibles. 

 

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