No creo que tenga que presentarles a Hannah Arendt. Sin duda fue una de las mentes más lúcidas del siglo pasado; una lucidez extraída en buena parte de la propia experiencia. Mucho tuvieron que decir sobre la condición humana aquellos a los que Fortuna les permitió salvar el pellejo tras pasar por los campos de exterminio.
Y es que, mira que costó convencer a gran parte de los europeos de que los campos de exterminio existían. Todavía, hoy es el día en el que muchos dicen que, eso, o es solo propaganda o, simplemente no quieren oír hablar del tema por aquello de que lo que no se nombra no existe.
La realidad es que nunca salimos del mecanismo de la mentira como arma de dominación. Aunque, a veces ese mecanismo es tan burdo que unos cuantos descubren el pastel y, entonces, el poder utiliza todos sus recursos para convencer al respetable de la necesidad de eliminar a esos unos cuantos. Casi siempre funciona, pero a veces no; entonces es cuando entra en juego el monopolio de la violencia, que le dicen, para que todo vuelva por sus fueros.
Quizá sea puro infantilismo el escandalizarse porque el mundo haya funcionado y funcione así. Seguramente no hay otra posibilidad. Así es que a lo único que podemos aspirar es a que el mecanismo de la mentira no sea tan burdo como para hacer saltar las alarmas y que el poder tenga que echar mano de su monopolio de la violencia.
En resumidas cuentas, que ahí están a la vista de quienes lo quieran ver los millones de víctimas de las últimas tropelías de los gobernantes y, sin embargo, todo sigue igual: la gente sigue haciendo cola para votar, para vacunarse de lo que sea... es la lógica del sistema: traga y seguirás recibiendo la pensión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario