"En este tiempo solicitó don Quijote a un labrador vecino suyo, hombre de bien -si es que este título se puede dar al que es pobre-, pero de muy poca sal en la mollera."
El doctor en ciencia literaria -si es que así se puede decir-, profesor García Maestro, se desgañita para convencernos de que la lectura de El Quijote es el mejor antídoto contra esa putrefacción del espíritu que llaman idealismo. El idealismo, para que nos entendamos, vendría a ser algo así como eso que hoy día se conoce como corrección política. Es decir, que no es de buena educación proclamar en público que es imposible que las vacas den leche con neskuit. Eso de quitar ilusiones a la gente es antiempático... ya saben, hay que dejar que la gente siga somiando truitas, como dicen en Cataluña, para que los sinvergüenzas que mandan lo tengan fácil.
El caso es que, fíjense en toda la incorrección política que hay en esa frase de El Quijote que les he transcrito. Dijera alguien algo parecido en un debate público y de inmediato le caería encima todo el oprobio de la concurrencia. Hay pensamientos que no se pueden tolerar so pena de que se desmorone el sistema que nos ampara. Los pobres son buenos por definición y los ricos, malos. ¿Conocen ustedes a alguien que se haya hecho rico de una forma honrada? Para el pueblo llano eso es un imposible metafísico y, precisamente, por eso, está más que justificado que a los ricos se les quite el dinero para dárselo a los pobres. A eso es a lo que llaman empatía, que vendría a ser aquella compasión de antaño a la que el Estado engrasa amenazando con un garrote.
"... Dábanle voces sus amos que no le diese tanto y que le dejase; pero estaba ya el mozo picado y no quiso dejar el juego hasta envidar todo el resto de su cólera, y acudiendo por los demás trozos de la lanza, los acabó de deshacer sobre el miserable caído,..."
El garrote en manos de los criados es terrible, porque hasta que no envidan todo el resto de su cólera no se calman. Otra incorrección política intolerable. Así es todo El Quijote, incorrección tras incorrección, que no por otra causa es que al correcto personal salido de las escuelas públicas le cueste tanto leerlo. ¡Se imaginan!, por un lado, es muy dudoso que siendo pobre se pueda ser bueno, pero de lo que ya no queda duda es de que es pobre porque tiene muy poca sal en la mollera. ¡Acabáramos!
Efectivamente, le doy toda la razón al profesor García Maestro: El Quijote es realismo, o antidealismo, en vena. La bondad, la riqueza, van de la mano de la inteligencia. La maldad, la pobreza, de la mano de la falta de sal en la mollera. ¿Se puede concebir una idea más insoportable para el que ha mamado a los pechos del marxismo cultural? Lo raro es que las autoridades todavía no se hayan atrevido a cancelar -como se dice ahora- El Quijote. ¡Non fuyades, fementida canalla!
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