Ayer, o anteayer, la televisión oficial croata, saltándose las prohibiciones impuestas por los burócratas de Bruselas, emitió una entrevista al Presidente Putin. Lo primero, qué derecho tienen esos hijos de perra a prohibir entrevistar a nadie. ¿Se dan cuenta a qué grado de tiranía hemos llegado? Lo segundo, millones de europeos vieron de inmediato la entrevista y se sintieron aliviados. Lo que le sobra a Rusia, dijo Putin, es territorio y materias primas; ¿qué podría, entonces, ir a buscar en Europa?
Sin duda el mundo se encuentra en un lance de encrucijada, que diría Don Quijote. La gente lleva años contemplando con delectación las películas de Clint Estwood y al final se ha impregnado de su simple ideología: por la misma razón de que yo no se los toco a nadie, tampoco quiero que me los toquen a mí... los cojones, bien sure. Y es que ya va para largo que nos los vienen tocando tanto que ya los tenemos en carne viva. Para mí que la situación cada vez se asemeja más a la que dio lugar a la instalación de guillotinas en las plazas públicas. Aunque bien es verdad que, desde entonces para acá, se ha aprendido a hacer las cosas de forma, no por más discreta, menos efectiva e, incluso, diría yo, no menos cruel.
Todo indica que los europeos están soliviantados y no van a consentir a sus elites recurrir al truco que utilizan todas las élites cuando se ven en apuros: montar una guerra. Y todo indica, también, que están en ello. ¿Se imaginan lo que sería mandar a la juventud europea a morir en las estepas rusas? Ni siquiera en ciencia ficción cabe imaginar eso. La realidad es que todo se está desmoronando. Ni calentamiento global, ni feminismo, ni leches en vinagre. Europa vuelve a por donde solía, es decir, a poner cruces gigantescas en las plazas públicas y a elevar las agujas de sus catedrales. Las juventudes ilustradas peregrinan a los lugares en donde se dicen las misas en latín. Cada vez más cardenales denuncian el poder adquirido por la mafia rosa dentro de la estructura de la Iglesia. ¡Y el Papa pelotudo que no se acaba de morir!
Lo comentaba el otro día con un amigo: vamos a acabar nuestra vida por donde la empezamos, o sea, yendo a misa. Siempre es igual, volver a los orígenes para tomar impulso. Porque, en nuestro pensamiento mítico, los orígenes siempre son puros. Como fue la batalla de Covadonga. Tenemos por delante la gran cruzada de volver a expulsar a los sarracenos de Europa. Esa sí que es una guerra a la que la juventud se va a apuntar de buena gana. Así la vida va a volver a cobrar sentido.
En fin, vete tú a saber, pero uno tiene barruntos y se consuela manifestándolos.

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