miércoles, 30 de abril de 2025

La mayonesa de Homer

 Ayer España estaba convertida, como no podía ser menos, en un nido de ingenieros de la cosa eléctrica. En YouTube había miles de vídeos tratando de explicar los detalles técnicos que estaban en el origen del apagón. Me entretuve en ver unos cuantos y el único inteligible fue el de HRom, ese chico de Castro Urdiales que es ingeniero industrial y se dedica a divulgar ciencia. El resto daba risa, porque se veía a la legua que estaban hablando de lo que no sabían. Ya lo decía Feynman, que si quieres saber si sabes algo, explícaselo a un niño y, si el niño no lo entiende, es la prueba fehaciente de que no sabes lo que crees saber. Sin duda, todos esos youtubers que intentaron explicarlo, no se lo habían explicado antes a un niño para cerciorarse de sus capacidades pedagógicas. En fin, todo muy humano. 

Yo no entiendo por qué le dan tantas vueltas al asunto cuando la cosa está más clara que el agua que baja de los glaciares fundidos. Hay mil ejemplos en la historia de la humanidad. No hay que remontarse mucho; simplemente acuérdense de Chernobil. Todos los regímenes autocráticos sufren un proceso que va del entusiasmo inicial a la corrupción absoluta. Pasó en la Unión Soviética y está pasando en la Comunidad Europea, que mal que le pese a la gente es tan soviética como la que más. Todo está controlado por un poder corrupto que eleva a puestos de la máxima responsabilidad a porteros de discoteca. Y los ministros hacen fiestas con putas en los Paradores Nacionales al más puro estilo Brézhnev.

Pues sí, señoras y señores, todo se quedó en un susto con algunos daños colaterales; uno de los tantos toques de atención con los que se va preparando a la población para la llegada del Putin de turno. O el Bukele. O el Milei. O el mismísimo Trump. Alguien con visos de regenerador: mano de hierro más o menos enguantada de seda. Ese es el asunto, que los chavales que vienen empujando tienen añoranzas de cuando las misas se decían en latín y no les importa pasarse el fin de semana viajando para ir a escuchar una a cualquiera de los pocos lugares en donde todavía están permitidas muy a pesar del Papa peronista que las quiso extirpar de raíz. 

Sí, señoras y señores, ¿es que puede haber algo que anuncie mejor un fin de ciclo que la existencia de un Papa peronista? Un Papa que al morir ha dejado un reguero de desconsuelo entre las élites comunistas del mundo. Y es que no es para menos, porque ya se estaban viendo ellos celebrando sus fiestas con putas bajo el baldaquino de Bernini o en la mismísima Capilla Sixtina. ¡Su gozo en un pozo!

En fin, nada de particular, a Homer Simpson, se le cayó la mayonesa de la hamburguesa encima de los manómetros de la sala de control y no se pudo percatar de que la cosa iba a saltar. Eso fue todo. 

martes, 29 de abril de 2025

Zombis

Ayer pasó lo que pasó; hoy todo son especulaciones. Supongo que hubo perjudicados. Por lo visto, hay un aluvión de reclamaciones a los seguros. A los seguros les da igual; el año que viene suben las cuotas a los asegurados y aquí paz y después gloria. Sin embargo, el suceso, que habrá sido lo que haya sido, que para el caso da igual, seguro que le ha servido a más de uno para hacer unos cuantos pensamientos acerca de la fragilidad del sistema en el que nos sustentamos. De hace dos siglos para acá, los individuos no hemos hecho otra cosa que perder habilidades esenciales a cambio de ganar otras que nos obligan a ser dependientes de la colectividad y mil cachivaches para poder ponerlas en valor. 

He pensado muchas veces que aquellos locos camboyanos llamados jemeres rojos o algo así, no iban muy descaminados: mataban a todos los que tenían estudios. Esto que llamamos progreso, a lo mejor no es más que regreso a la barbarie. Convendría pararse a pensar en tal posibilidad. Y es que cada día que pasa vemos a la humanidad que se dice ilustrada realizando mayores actos de soberbia; ahora se dedican a echar mierda en el cielo desde aviones para, según ellos, cambiar el clima... sin encomendarse a Dios ni al diablo... como cuando lo de la vacuna de marras. 

Oía decir el otro día a un tipo que el fin último de la sociedad industrial es la extinción de la especie humana. No me extrañaría nada que tuviese razón. Porque a la vista está que cada vez somos más inútiles. Yo lo veo por mí mismo: lo que yo sé hacer comparado con lo que sabía hacer mi padre es de risa. Bueno, sí, yo hago muchas cosas que él no sabía hacer, pero, para hacerlas, necesito mil ortopedias; a la que falta una te conviertes en un discapacitado. Y esa es la cuestión, que cualquier loco puede poner las ortopedias que usamos patas arriba y, de inmediato, quedamos convertidos en una sociedad de zombis. 

Por estas cosas es que me paso las horas muertas viendo trabajar a Grandpa Amu; es increíble las cosas que llega a hacer con un serrucho como el que usaba San José, mientras sus nietos corretean alrededor. A menos ortopedias, mejor cabeza. Imagínense como va a dejar las cabezas el uso de eso que llaman inteligencia artificial... aunque, a la vista de lo que hay, no sé si a la inmensa mayoría le quedará todavía algo que empeorar.     

lunes, 28 de abril de 2025

La imbecilidad

Hace ya años que les contaba acerca de un funeral de Estado en la basílica de Notre Dame de París. No era por un presidente de Francia, pero decían que porque no había querido, porque durante muchos años había sido el que había movido los hilos desde la sombra. En cualquier caso, del Presidente para abajo no faltaba nadie en aquel acontecimiento que estaba presidido por una pareja: ella, la esposa legal ante Dios y los hombres; él, el amante con el que había compartido cama casi toda la vida. Por así decirlo, aquello era dar carta de naturaleza a algo que durante toda la historia de la humanidad se había venido considerando como algo antinatural. Algo que va contra las leyes no escritas del cielo. 

Recuerdo esto porque hay circulando por ahí una serie de vídeos en los que se asegura que la tal Brigitte Macron, en realidad es Brigitto Macron. Y desde luego que algo raro tiene esa mujer, o lo que sea, porque uno ya no se cree nada. Que esa es la gran cuestión de este momento histórico que estamos viviendo, que han sido tantas las mentiras descubiertas que ya no te puedes creer nada. Es como si fuese una táctica de poder -eso sostenía Hannah Arend-; si mantienes a las poblaciones carentes de verdades en las que apoyarse las puedes manipular a tu gusto. 

Ayer me tomé la molestia de escuchar un discurso pronunciado en 2018, en Francia precisamente, por el cardenal Robert Sarah, uno de los adalides de la tradición dentro de la Iglesia católica. Un discurso que trataba, principalmente, sobre derecho natural o, como decían los griegos, y a mí me gusta más, leyes no escritas del cielo. Me tocó mucho en lo más hondo, porque, servidor, siguiendo las corrientes dominantes de la época, se dedicó a pasarse en gran medida todas esas leyes por el culo, que, no por otra causa es que, a estas alturas, el sentimiento que predomina dentro de mí es el de vergüenza... y no tanto por las tropelías cometidas, sino, más bien, por la conciencia de imbecilidad que me provoca el haber tenido que apoyarme en las modas del momento para afianzarme. ¿Puede haber algo más miserable? Y también más humano. 

Toda la historia de la humanidad es un puro homenaje a la imbecilidad. Creyéndose que para ser como dioses lo único que hay que hacer es saltarse esas leyes no escritas. Incapaces de aprender de la experiencia. Precisamente, ayer por la mañana me decía un contertulio que ya había dado con la frase que resume toda la Biblia: "al final siempre llega Paco con la rebaja". ¡Ay, si hubiese hecho un poco más de caso a mis mayores!

domingo, 27 de abril de 2025

La ira de Dios


El 7 de octubre de 2023, por la tarde, los gazaties salieron a la calle a bailar para celebrar la matanza de judíos que acababan de cometer por la mañana. Hay que tener mucho cuidado con las celebraciones porque la gente se calienta y mira como lo deja todo. En cualquier caso, Ala sigue siendo grande y Mahoma sigue siendo su profeta.

Los gazaties, como tantas otras tribus semitas, se han repetido entre ellos tantas veces la opinión de que los judíos, otra tribu semita, no tienen derecho a estar donde están, que han acabado por fabricarse una convicción. Alguna vez, me pregunto yo, se habrá parado algún gazatie a preguntarse por la razón de la sinrazón que a su razón se hacen ellos mismos. El problema, diría yo, es que es muy difícil pararse a pensar cuando se vive hacinado y de la caridad de los puros de corazón. Desde luego que habría que hacer un monumento a los gazaties por todas las oportunidades que dan a los puros de corazón de dar rienda suelta a sus impulsos. 

Un puro de corazón es alguien que hace el bien sin mirar a quién, lo cual, así, a primera vista, suena de lo más lindo, pero, a la que te paras a pensar un poco, de inmediato caes en la cuenta de que es un error fatal. Acuérdense de aquella película de Buñuel llamada Viridiana. ¡No, no es tan fácil ser bueno como te lo pintan en la catequesis! Hacer el bien exige el conocimiento de las matemáticas por lo menos. Pero, claro, se te dan mal las matemáticas y corres a apuntarte en una ONG... así te parece que compensas tus carencias. 

El caso es que asesinar a 1200 y secuestrar a otras 250 personas que estaban descansando de sus fatigas a la orilla del mar no es algo que Dios vaya a pasar por alto. Entonces, dejaría de ser Dios... porque si por algo lo es, es, precisamente, porque su justicia es implacable. Y, entonces fue, y se tomó la justicia por la mano de los familiares de los asesinados. ¡Pues qué esperaban que fuese a pasar! Es que el famoso Corán no les advierte de que hay que pensárselo dos veces antes de tomar una decisión. El Libro de los judíos no para de recordarles lo importante que es esa precaución: prudencia y sabiduría, todo es una y la misma cosa

En cualquier caso, no acabo de entender por qué los judíos insisten en querer vivir en Palestina. Cuando uno busca casa lo más importante es el vecindario. Eso lo debieran saber ellos que han andado toda la historia de aquí para allá. Aunque también es verdad que, como te vaya bien, casi todos los vecindarios son malos... empiezan por la envidia, siguen por el rencor, dan en el odio, y acaban en la masacre. ¡Todo tan humano!

Bueno, he oído decir que millones de judíos se están yendo de Palestina. No sé si será verdad, pero, en cualquier caso, no sería novedad. 

sábado, 26 de abril de 2025

Erudición, conocimiento y sabiduría

"No hables a oídos del necio porque despreciará la prudencia de tus razones." 

Sacábamos a colación esta mañana Los Proverbios. Llevamos días con el tema. Aunque mejor sería decir años. La correosa cuestión del saber diferenciar lo que es erudición de lo que es conocimiento y, ambos dos, de lo que es la sabiduría. 

Simplificando, decíamos ayer: erudición es acumular ladrillos. Conocimiento, saber hacer una casa con esos ladrillos. Sabiduría, en vez de una casa, una catedral. 

Para Ortega la erudición es masas torrenciales de hechos carentes de unidad de sentido. Buscar la unidad de esos hechos, dice, es la filosofía, a la que llama ciencia. La erudición, entonces, sería, los extrarradios de la ciencia. 

Para el profesor García Maestro, la erudición es "el infinito en una yerba": basura mental en definitiva. La sabiduría, el realismo del Quijote. 

La versión moderna del asunto que más me gusta, es, una vez más, la de Pessoa:

"Hay una erudición del conocimiento, que es propiamente lo que se llama erudición, y hay una erudición del entendimiento, que es lo que se llama cultura. Pero hay también una erudición de la sensibilidad.

La erudición de la sensibilidad nada tiene que ver con la experiencia de la vida. La experiencia de la vida no enseña nada, lo mismo que la historia nada informa. La verdadera experiencia consiste en restringir el contacto con la realidad y aumentar el análisis de ese contacto. Así, la sensibilidad se ensancha y profundiza, porque en nosotros está todo; basta que lo busquemos y lo sepamos buscar." 

En cualquier caso, es difícil dar pasos más allá de donde llegó el Libro de la Sabiduría. Ahí queda el tema niquelado. Sabiduría es prudencia y temor de Dios. Lo uno por lo otro y viceversa. Es la conciencia permanente de nuestras insalvables limitaciones. Por mucho que estudies, nunca llegas a saber nada de lo que realmente importa... y, aquí, en la ignorancia de esta verdad incontrovertible, es donde está la madre de todas las desgracias de la humanidad: cuando el estudio se conjuga con la necedad, realidad harto frecuente, la soberbia brota como por ensalmo y, como respuesta a ella, la ira de Dios. En esto ha consistido mayormente toda la historia de la humanidad. En fin, ¡y qué le vamos a hacer!    

viernes, 25 de abril de 2025

Enuma Elish

De mis conversaciones mañaneras extraigo conocimientos que me dan para mucha sabrosa cavilación. Una amistad, decía Pla, si no te enseña nada, mejor déjala. Y es que la vida sin aprender es, como dice un proverbio chino, no vida; un aburrimiento mortal. Sea como sea, el caso es que con esas conversaciones he tenido conocimiento de que hay una cosa llamada Enuma Elish. Es un poema babilónico en el que se relata la creación del mundo. Ayer pasé un buen rato echándole una primera ojeada. 

Todas las civilizaciones han necesitado para sustentarse de un relato que les de una explicación de quiénes son, de dónde vienen y cómo empezó todo esto. Hasta los proscritos de Alar se tiraban horas, mientras paseábamos por los bosques, discutiendo aspectos del Génesis judío. Como le daban un sentido literal se empantanaban en lo que para ellos eran incongruencias. Siempre concluían dándose la razón los unos a los otros sobre la imposibilidad de la existencia de Dios. Ellos estaban en la onda de los tiempos: su particular teogonía era la creación del Estado encarnado en su hija predilecta, la Pensión. La liturgia de su religión consistía en ir todos los fines de mes a retirar el dinero de la pensión del banco. 

El caso es que lo poco que he leído del Enuma Elish me ha servido para confirmarme en la idea de que todo se hace en este mundo aupándose sobre los hombros de los que nos precedieron. En el Enuma está el embrión del Génesis judío y de la Teogonía de Hesíodo: la necesidad de poner orden en el caos, que es el principio de todo. 

Eso son las religiones, el intento de poner orden en el caos. Por eso es que cuando se tiene la sensación de caos, cual pudiera ser el momento que estamos viviendo, hay una desbandada hacia los templos. Ayer escuchaba un programa de la televisión francesa Tocsin en el que se analizaba precisamente ese fenómeno que se está dando en Francia en particular y en todo el mundo en general. Y, caso curioso, la desbandada es fundamentalmente de los jóvenes hacia los templos católicos tradicionales, es decir, que conservan el misterio. El misterio de la encarnación. Fíjense cómo andarán las cosas, que el otro día en ese resort de lujo que tiene Donald Trump en Florida organizaron una eucaristía por todo lo alto. Parece ser que Donald ha comprendido que la predestinación protestante es el problema y el libre albedrío católico la solución. Sin libre albedrío, ni tiene sentido el juicio final, ni, ni siquiera, el código penal. 

En fin, qué interesante es todo esto que está pasando desapercibido para las masas alienadas por la predestinación protestante, devenida en marxismo cultural. Poco a poco se va despertando del mal sueño para volver a por donde se solía, es decir, al temor de un Dios misterioso e implacable. No, no hay ese paraíso posible en la tierra que nos vienen prometiendo desde hace siglos los idólatras... un lamborghini, convénzanse, no es más que un montón de chatarra.  

jueves, 24 de abril de 2025

El Papa Montonero




Recuerdo que en el colegio, cuando andábamos por por los trece o catorce años, solíamos recitar tal que así: un Papa en un tiempo muy lejano/ se llevó una puta al Vaticano/ la puta no se andó en contemplaciones/ y le pegó unas tremendas purgaciones. Moraleja: aunque el Papa es infalible con la boca/ con la polla a veces se equivoca. 

Eran mediados los cincuenta del siglo pasado y aunque el clericalismo oficial parecía estar en su apogeo -misa diaria y cosas por el estilo- la realidad era bien diferente: cierta clase media, la medianamente ilustrada, estaba hasta el gorro de aquella pantomima y, aunque no lo verbalizase directamente, se les notaba en el humor y eso los críos lo captábamos al vuelo y actuábamos en consecuencia.  

Y de aquellos polvos, los lodos que mi generación arrastró a todo lo largo de la vida. Interesarse por las cosas de Dios era lo más cutre a lo que uno se podía dedicar. Andaba ya por los cuarenta, cuando, a causa de estar leyendo por entonces el Dr. Faustus de Mann, caí en la cuenta de que las cosas podían ser de otra manera: el protagonista de la novela estudiaba teología. No tardé en comprar una Biblia. Luego, ya, mis percepciones, en lo que respecta a lo sagrado, fueron muy diferentes. No es que me hiciese creyente, pero dejé de blasonar de agnóstico. Leyendo a la Zambrano, comprendí algo de la enjundia que tiene todo eso de lo sagrado y lo divino. Desde luego que ya no me río, sino que, más bien, observo con mucha curiosidad todo lo referente a las religiones y sus liturgias, y es que me he dado en la cuenta de que, quizá, lo más importante de esta vida es la relación que tenemos con lo divino; al respecto, cada cual hace de su capa un sayo, pero nadie escapa a esa necesidad y, los que  menos escapan, son esos que presumen de ateos, o agnósticos, que suena más fino, y que en la realidad son creyentes talibánicos de religiones infantiles de las que ha sido expulsado todo atisbo de misterio y todo encaja como en un puzle, ya digo, para niños... se mueren de aburrimiento. 
 


llegaste a tu destino


Les cuento estas batallitas a propósito de la muerte del Papa Montonero. Un hombre que siguiendo la moda de la época no aprendió a diferenciar lo que se le debe a Dios de lo que se le debe al Cesar. Para él, Dios y el Cesar estaban mezclados en un batiburrillo llamado Estado. El Estado protector que todo lo iguala. El aburrimiento, o la tristeza, institucionalizada.. y ali
viada por el amor de un perro. Al final el hombre tuvo su merecido: llegó a su destino en un papamóvil cortesía de los laboratorios Pfizer... les ayudó mucho a vender vacunas. 

miércoles, 23 de abril de 2025

La prueba

Andábamos esta mañana a vueltas con la teoría de la prueba. Alguna vez les he comentado que, allí, por los setenta del siglo pasado, cuando todos estábamos llenos de verdades de pacotilla, conocí a un tipo curioso -se pasaba los veranos leyendo en una torre de vigilancia en medio del bosque- que, a todo lo que le decían contestaba invariablemente con un: ¿en qué te basas? 

¿Se imaginan lo que serían las relaciones humanas si esa pregunta estuviese en el centro de todas nuestras conversaciones? Sería el fin del babardeo, del hablar por hablar haciendo correr a las suposiciones como si fuesen hechos probados. Decía el filósofo que, una convicción no es más que una opinión repetida muchas veces. 

Es muy difícil demostrar en la mayoría de las ocasiones que lo que dices es verdad. Nunca olvidaré la satisfacción que me produjo, cuando era niño todavía, el poder demostrar que la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. Ahí, haciendo rayas sobre la hoja en blanco, llegas a una demostración incuestionable. Luego, ya, de mayor, cuando me puse a estudiar matemáticas, comprendía que el gran placer era deducir las fórmulas o teoremas por ti mismo. Cosas sencillas, elementales, como pudiera ser la fórmula de la ecuación cuadrática, o la de la elipse, tienen para el principiante una enjundia endemoniada. Cuando, por fin, das con ellas, tienes un subidón, y es que, no es para menos, porque en muy pocas ocasiones le es dado al ser humano demostrar que lo que dice es una verdad incuestionable. De hecho, el contenido de todos los libros de Euclides son demostraciones incontrovertibles de que lo que se dice es verdad y, de ahí, que haya sido el libro más leído de la historia de la humanidad después, claro está, de la Biblia, que es el libro de las bellas suposiciones por antonomasia. 

Es muy importante tener siempre presente en el pensamiento lo que va de la suposición a la verdad demostrada. Quizá la progresiva conciencia de esa diferencia es lo que nos hace prudentes y nos distancia de nuestros semejantes. Al final llegas a la casi convicción de que la soledad es lo único que previene contra el sentimiento de ridículo. Y no es que uno no comprenda que no se puede vivir sin suponer. Suponer es como respirar: lo hacemos inconscientemente y, lo terrible del caso, es que nuestras suposiciones están mayormente inspiradas por lo que los ingleses llaman wishful thinking, es decir, ilusiones surgidas del deseo. Esa es nuestra gran desgracia, que somos una máquina de autoengaño y necesitamos pegarnos miles de batacazos para espabilar un poco... en el mejor de los casos.  

martes, 22 de abril de 2025

La vulnerabilidad de lo sofisticado

Me manda Santi unos artículos de prensa en los que se da cuenta del ciberataque que ha sufrido la universidad en la que trabaja. Por supuesto que han dejado a la universidad, como si dijéramos, en huelga de brazos caídos. Y las autoridades competentes se han apresurado a decir que abrirán una investigación para esclarecer lo sucedido y poder poner remedio a los fallos de seguridad. ¡La dichosa seguridad! ¡Como si existiese tal cosa! Con lo sencillo que sería reconocer que cuánto más te sofisticas más parcelas de tu culo dejas al aire. Es una ley de la naturaleza y contra Dios nada se puede. 

Pero da igual, porque las autoridades competentes en todas las materias llevan cien años intentando convencer a la gente de que Dios no existe, así que, à quoi  bon, que dicen los franceses, preocuparse por la vulnerabilidad de lo sofisticado.  Tenemos soluciones para todo: si lo analógico falla, nos pasamos a lo celular, que, por lo demás, ya tiene su sustituto en lontananza, lo cuántico, que todo indica que va a ser la rehostia en vinagre.  

Pues sí, así va la cosa, en manos de estos subnormales que hacen como que nos gobiernan en la misma medida que nosotros hacemos como que somos gobernados. Y entre tontos anda el juego. Ahora parece ser que quieren sustituir el dinero en efectivo por el digital. Para que nadie defraude a hacienda, dicen. Supongo, que debe haber ya mucha gente por ahí frotándose las manos por las oportunidades de negocio que la vulnerabilidad del invento les va a proporcionar: un sistema monetario paralelo... de carne y hueso, por supuesto. ¡Anda que la gente no tiene claro que con las cosas de comer no se juega! 

En fin, menos mal que ha llegado a las alturas del poder un loco que dice creer en Dios: lo primero que ha hecho ha sido firmar un decreto para prohibir la supresión del dinero en efectivo. Las alturas del poder, ya saben, los que ponen y quitan Papas... parece ser que, ahora que ha muerto el Papa montonero, van a poner a uno, ¡oh, maravilla!, que cree en Dios, es decir, en la vulnerabilidad de lo sofisticado. Vamos a ver en qué queda la cosa. 

lunes, 21 de abril de 2025

Los mercaderes en el templo

Una de las mayores y, por supuesto, más estúpida, ilusión de la vida es la de creer que hemos descubierto la verdad de las cosas. Ilusión que, forzosamente, tiene que ir acompañada de la conciencia de haber vivido engañado hasta ese feliz momento del descubrimiento. Y así se le va a uno la vida, sustituyendo un engaño con otro para poder seguir en el tajo. Porque, ¿qué sería de nosotros sin esa ocupación tantálica? Ya saben, lo de de subir una piedra hasta la cumbre para que se nos escape de las manos nada más llegar allí y ruede ladera abajo hasta el mismo sitio donde estaba antes de iniciar el esfuerzo. Y vuelta a empezar. 

La obsesión de la verdad: el "pienso, luego existo" que tanto le costó descubrir a Descartes. A partir de ahí, es imposible avanzar como no sea para constatar que existir es, fundamentalmente, sufrir. No hay más que salir a la calle para darse cuenta. Miro para un lado y veo un anuncio que advierte sobre el cáncer de colon, miro para otro, y siempre hay una clínica de lo que sea y, unos metros más allá, un hospital gigantesco y, por si con eso tuviéramos poco, las autoridades competentes en la materia han colocado en cada esquina, colgado de la pared, un cachivache, debajo del cual se puede leer: espacio cardioprotegido. Esa es la realidad incuestionable, que si sales a la calle de inmediato te topas con el espectro de la muerte... y tiemblas de miedo. 

Así y todo, yo salgo y me llego a los confines del barrio Pesquero -solo tengo que atravesar tres o cuatro espacios cardioprotegidos- y me siento a seguir con las aventuras del ingenioso hidalgo. Él me trae consuelo porque tiene las cosas claras: la acción con la finalidad de restaurar aquella edad dorada en la que los mercaderes todavía no habían llegado al templo. 

Siempre recuerdo a aquel mercader que le decía al profesor de piano de su hijo: no le exija mucho que de mayor se podrá comprar todos los discos que quiera. Y ese es el asunto, que, en esta edad de hierro que vivimos, todos somos hijos de mercaderes educados en la poca exigencia... y nos queda demasiado tiempo para buscar la verdad de las cosas. ¡Qué tormento! 

domingo, 20 de abril de 2025

La literatura

Hablábamos esta mañana de la importancia de la literatura. Un pueblo lo es y permanece en la medida que tiene una literatura y la recrea. Ahí están los judíos para demostrar lo que les acabo de decir. Ni territorio han necesitado para transitar como grupo cohesionado a lo largo de los siglos: tenían una literatura, luego tenían una ética. Sabían a qué atenerse. 

Hay quienes se preguntan por el porqué de que los EEUU de América le dé ese soporte incondicional al Estado de Israel. Es bien sencillo: EEUU sin la recreación que viene haciendo desde sus comienzos como nación de la literatura hebrea no sería nada. ¿Qué es su creación estrella, el cine del oeste, sino recreación de la Biblia? Y en el momento, hace ya unas cuantas décadas, que empezaron a sustituir el cine del oeste por el de la liga de la justicia -superhéroes ficticios con poderes sobrenaturales-, de inmediato comenzó la decadencia. Los héroes que no sufren, no sirven. Son una patraña. La ética, entonces, se va al carajo. 

Esa es la cuestión, que un país es poderoso en la medida que lo es su literatura. Por eso España lo es y navega a través de la Historia sin que las grandes tormentas le afecten. Los españoles, cuando pintan bastos, saben a qué atenerse porque lo tienen escrito en sus libros sagrados. 

Por eso da risa cuando ciertos colectivos que conservan una lengua vernácula se creen con atributos para convertirse en nación. Olvidan que una lengua es algo dado, como el llover, sin embargo, una literatura es el producto de la relación del hombre con lo divino. Sin esa relación no eres nada porque no sabes distinguir lo que está bien de lo que esta mal. 

En fin, de algo hay que hablar, de algo hay que escribir. En cualquier caso, doy muchas gracias a los dioses por haberme dado el ser en un lugar con una de las literaturas más poderosas de la tierra; nunca me canso de leerla porque nunca deja de maravillarme.

sábado, 19 de abril de 2025

International scandal

Entre las varias causas que se esgrimen para explicar la decadencia de los romanos hay una muy curiosa y es que, por lo visto, tenían la costumbre de echar plomo al vino para dulcificarlo, con lo cual media población estaba intoxicada por ese metal pesado: disminución de la fecundidad, pérdida de memoria, pérdida de capacidad de concentración; todo un síndrome silencioso que les dejó indefensos ante la furia de los barbaros del norte. Quizá, también, fue ese síndrome el que les empujó hacia un estatismo inmoderado que fue el que hizo que la economía se desmoronase. Muy parecido todo a la caída del régimen soviético: estatismo y alcoholismo. 

En definitiva, todas las decadencias se producen por lo mismo, por aumento del culto que se da a Dionisos en detrimento del que se da a Apolo. Más diversión y menos sacrificio, un ingrediente letal para las neuronas. Porque de eso se trata, de las neuronas, las células más delicadas que tenemos en nuestro organismo, cuyo adecuado funcionamiento exige de un cuidadoso equilibrio del culto que se da a esos dos dioses. Con 180.000 bares en el país, por poner un ejemplo meridiano, es evidente de toda evidencia que ese equilibrio está, no roto, sino hecho añicos. Todos esos coribantes y todas esas bacantes, que se hacinan al mediodía y al atardecer en lo se ha dado en llamar "zonas húmedas", son, por supuesto, estatistas furibundos: es la prueba del nueve de que tienen el cerebro aguado. ¿Cómo, si no, explicarnos que hayan llegado al poder semejantes insuficientes mentales? ¿O es que ustedes no se aperciben que los que nos están gobernando en este momento, en este país, son subnormales? ¡Hay que estar ciego para no verlo!

Ha colgado hoy el Dr. John Campbell en YouTube un vídeo al que ha titulado "international scandal". ¿De qué va el asunto? Pues de lo que les estaba comentando, del silencioso síndrome de intoxicación neuronal. De pronto, con la llegada de la nueva administración a los EEUU de América, nos hemos enterado de que en ese país uno de cada 31 niños es autista. Y el flagelo no cesa de aumentar año a año. Y a los gobernantes, hasta ahora, esa verdadera pandemia se la ha traído al pairo, lo cual, confirma al cien por cien lo que les venía diciendo, que los que nos gobiernan son en su inmensa mayoría subnormales camuflados.  

Así fue que, como dice la canción, llego el comandante y mando parar. El comandante Trump. Ya veremos si este comandante es de verdad y no pura tramoya como el que glosaba la famosa canción. De momento ha pegado una patada en el culo a las compañías farmacéuticas y las ha mandado a dónde les corresponde, es decir, a tener voz, pero no voto. Porque han estado durante todo el último siglo siendo jueces y parte. O, por decirlo más crudamente, siendo lobos a cargo del rebaño. Lo han corrompido todo: me sobran los dedos de una mano para contar los médicos que conozco que no hayan sucumbido a sus sobornos. Y conozco miles de médicos. Pero ha hecho más el comandante: ha dado orden de que se forme un equipo de investigadores, completamente ajeno a la industria farmacéutica, que se ponga de inmediato a investigar las posibles causas de esa epidemia letal. Porque esto no es aquella mierda que llamaron covid; esto son millones de personas deficientes con los que va a haber que apechugar durante los próximos cien años.  Por así decirlo, este va a ser el regalito que nos va a dejar en su ya inevitable retirada la en otros tiempos tan alabada socialdemocracia... alabada, bien sure, como les decía, por todos esos que toman vinos en las zonas húmedas de las ciudades, funcionarios en su mayoría.  

En fin, confiemos en que también esta vez el Ave Fénix renazca de sus cenizas. Con la ayuda del comandante en curso.

viernes, 18 de abril de 2025

El odio artillado

 Escribe Ortega, allá, en los comienzos del siglo XX: "Yo sospecho que, merced a causas desconocidas, la morada íntima de los españoles fue tomada tiempo hace por el odio, que permanece allí artillado, moviendo guerra al mundo. Ahora bien, el odio es un afecto que conduce a la aniquilación de los valores. Cuando odiamos algo, ponemos entre ello y nuestra intimidad un fiero resorte de acero que impide la fusión, siquiera transitoria, de la cosa con nuestro espíritu. Solo existe para nosotros aquel punto de ella donde nuestro resorte de odio se fija; todo lo demás, o nos es desconocido, o lo vamos olvidando, haciéndolo ajeno a nosotros. Cada instante va siendo el objeto menos, va consumiéndose, perdiendo valor. De esta suerte se ha convertido para el español el universo en una cosa rígida, seca, sórdida y desierta. Y cruzan nuestras almas por la vida haciéndole una agria mueca, suspicaces y fugitivas, como largos canes hambrientos."

Me parece una descripción terrible de nuestra condición como pueblo. Como de esos destinos colectivos malditos que aparecen en la Biblia. Sin duda, debía de estar el hombre hasta el gorro de lo que percibía a su alrededor y busco el desahogo de la pluma. Pero yo pienso que uno de los mayores errores del razonar son las generalizaciones. Decir "los españoles" es, aparte de un error, una injusticia. Primero, porque ese odio artillado que dice, no es patrimonio de nadie en particular, sino de toda la humanidad en su conjunto; y, segundo, porque entre los españoles, como entre cualquier colectivo, siempre ha habido hombres justos, temerosos de Dios, que han derrochado generosidad. 

Pero, sí es verdad que con harta frecuencia vemos a nuestro alrededor ejemplos de odio artillado, dispuesto a saltar a la primera de cambio con ansias de aniquilar a lo que se intuye como superior. Es, en definitiva, la envidia, el dolor por el bien ajeno, el motor que artilla ese odio. Y de eso, ¿quién se libra a nada que baje la guardia? Éste es un tema central de la especulación humana desde el origen de los tiempos: ¿cómo no dejarse arrastrar por el dolor por el bien ajeno cuando a ti te va mal? Tenemos una tendencia natural a considerar que esa diferencia es una injusticia divina y, en cierto modo, no sin razón, porque lo de ir bien o mal en la vida tiene mucho que ver con los dones que suministraron los dioses al nacer. 

Pero claro, interpretada así la vida, apaga y vámonos. También se sabe, desde el origen de los tiempos, que el favor de los dioses tiene mucho que ver con los sacrificios que les ofreces. Y esto es lo que suelen olvidar los que se quejan de injusticia divina. Es fácil comprobarlo observando a tu alrededor: los que más se quejan de injusticia suelen ser, por lo general, los que menos sacrificios ofrecen. Así es, pienso yo, que esa sensación de injusticia que deviene en la envidia que artilla el odio, sino en todo, si en gran parte, trae causa de la puta vaguería. 

La vaguería, la desidia, la procrastinación, como ahora se le dice. Ya nos lo decían en la catequesis, que la ociosidad es la madre de todos los vicios. 184.000 bares hay en España; por aquí debiera haber empezado Ortega. No, es que yo voy al bar a socializar, dice la chusma. ¿Qué coño mierda es eso de socializar? Se lo diré yo: darse la razón los unos a los otros de que a los que les va bien es porque roban... dar rienda suelta al odio, en definitiva. Y luego pasa lo que pasa, que siempre parece que estamos a un pelo de llegarnos a las manos. 

jueves, 17 de abril de 2025

La fineza de mi negocio

"... ¿O qué señales ha hallado que le den a entender que la señora Dulcinea del Toboso ha hecho alguna niñería con moro o cristiano? Ahí está el punto, respondió Don Quijote, y esa es la fineza de mi negocio; que volverse loco un caballero andante con causa, ni grado ni gracias: el toque está en desatinar sin ocasión, y dar a entender a mi dama, que si en seco hago esto, qué hiciera en mojado."

Remedando el título de una película -muchas películas y novelas lo único que tienen interesante es el título- podríamos decir de Don Quijote: "este loco está muy cuerdo". Porque ahí está el punto y la fineza del negocio, que una cosa es tener perdida la cabeza y, otra bien distinta, hacerse el loco como estrategia para conseguir lo que quieres. En realidad, todo lo que se ha hecho en este mundo que haya merecido la pena ha necesitado de un gramo, al menos, de locura. Con cordura lo único que se suele conseguir es "labrarse un porvenir" y "hacer un patrimonio", las dos metas favoritas de la corrección política, es decir, de la locura de la que traen causa todos los males del mundo. 

¿Qué vale la vida si no la arriesgas por algo quimérico? Es la tarea del héroe: abrir nuevos caminos a la humanidad para la mejor comprensión del mundo, la más quimérica de todas las aspiraciones. O como dice Ortega, expulsar de los ánimos todo hábito de odiosidad y aspirar fuertemente a que sea el amor el que vuelva a administrar el universo. ¿Es que no es eso lo que pretendía Don Quijote? Acabar con la Edad de Hierro, la de la odiosidad, y restaurar la de Oro, la de la armonía de las esferas o, si mejor quieren, la del erotismo. 

Sea como sea, lo que les puedo asegurar es que, en estas acaballas de la vida, agarro el Quijote y me desternillo. Luego voy a Meditaciones del Quijote de Ortega y tengo la sensación de estar encajando muchas piezas en el interminable puzle que es la comprensión del mundo... y no hay nada más erotizante que eso, se lo puedo asegurar. 

miércoles, 16 de abril de 2025

Tras las bragas

Se murió Vargas Llosa, un hombre al que uno le dedicó unas cuantas horas de la vida. Las que me llevó la lectura de La Ciudad y los Perros, La Catedral, La guerra del Fin del Mundo, Pantaleón y las Visitadoras, y ya tuve bastante. Me recordaba mucho su estilo al de aquellos americanos de lo se dio en denominar Generación Perdida: Faulkner, Fitzgerald, Hemingway y así. Pero eso da igual, porque lo que cuenta es que me entretenía mucho, supongo que porque sintonizaba con mis preocupaciones del momento. Luego, bastantes años más adelante, le leí unos cuantos artículos de opinión. Lo que no entendía es cómo podía publicarlos en El País -el templo por antonomasia de la socialdemocracia-, porque eran los primeros artículos que se escribían en España con tufillo a lo que luego supe que era la Escuela Austríaca de Economía. Pensamiento liberal, en definitiva, que era a lo que yo me estaba apuntando por entonces cada vez con más convicción. Luego, ya, lo perdí de vista. Y, a lo último me enteré de que, en lo que sin duda fue un ataque de senilidad, había corrido tras las bragas de una cortesana de postín, circunstancia ésta que, curiosamente, ha sido la parte de su biografía más remarcada por la mayoría de los obituarios que se le han dedicado en los diferentes medios.  

Luego me he enterado de que lo de correr tras las bragas era marca de la casa. Toda su vida fue enamoradizo como, por otra parte, correspondía a su condición de creador. Y es que es muy difícil dar a luz cualquier cosa de valor sin estar entroncado con el dios Eros: en estando erotizado uno se come el mundo. Son cosas de la condición humana que, quién más, quién menos, todo el mundo tiene o ha tenido su lote... o, de lo contrario, mejor no haber nacido.

La verdad es que uno, en su modestia, no puede dejar de seguir, al respecto, sobre la brecha. Me envía Manolo el enlace a un vídeo de Carolina Barenbaum, una guitarrista argentina que interpreta sus propias composiciones. No tardo mucho en ser presa de sus encantos. Su imagen, su música, todo en ella destila juicio y serenidad. Usted es la mujer, le digo, que a cualquier hombre sensato le gustaría tener a su lado. Ella me da la gracias y yo tengo un subidón: hoy agarraré la guitarra con más ganas, si cabe. 

En fin, lo dicho, si dejas de enamorarte, mejor apaga y vete. 

martes, 15 de abril de 2025

Tiranía médico/política

 


FELICIDADES A PFIZER, POR HABER ESTADO 175 AÑOS EN EL NEGOCIO, Y NO HABER CURADO NUNCA UNA SOLA ENFERMEDAD

Como siempre pasa cuando las vergüenzas de alguien importante quedan al descubierto, no tardan en saltar los lameculos al rescate: 

"Pfizer desarrolló la azithomycina, un eficaz antibiótico; el sunitibin, un tratamiento para el cáncer que puede ser curativo según en qué casos; en colaboración con Merck, la ivermecticina, usada para curar la ceguera de los ríos. También jugó un papel clave en la producción masiva de penicilina durante la Segunda Guerra Mundial, aunque no la inventó.

Las "curaciones" son raras en medicina: la mayoría de las drogas palían las enfermedades, pero raramente las curan del todo", sostiene un tal Richard Fulmer. 

A mí, por razones obvias -ejercí la medicina durante unos cuantos años- todo lo que tiene que ver con el tema sanitario me interesa. Y por eso es que siempre tenga puesta la lupa sobre él, lo cual me ha proporcionado tal cantidad de anécdotas chuscas que con ellas podría llenar más de media docena de cuadernos de cien páginas de tamaño folio.

No solo en la casa en la que pasé la niñez donde tuve la oportunidad de escuchar conversaciones entre médicos en las que no faltaban esas anécdotas chuscas que les digo, es que, luego, debido a mi afición a la literatura, pude comprobar que, a todo lo largo de la historia, esas anécdotas eran tan frecuentes que no sería exagerado elevarlas a la condición de categoría. Así es que piense, ahora, que categorizar de ciencia chusca a la medicina es una prudente aproximación a la verdad. 

La chusquería médica tiene sólidos fundamentos: por un lado, el miedo a morirse del que se siente enfermo; por otro, el ansia de lucro del profesional de la medicina. Así que, cuando el miedo del uno es desproporcionado y el ansia de lucro del otro enfermiza, cosas, ambas dos, que, por desgracia, coinciden con harta frecuencia, pues eso, que tenemos ya los ingredientes del cóctel chusqueril por antonomasia. 

Si a todo esto le añadimos que, a partir de finales de XIX y principios del XX, la casta política cayó en la cuenta de que ellos también podían beneficiarse de los pingues beneficios que proporciona el miedo a la enfermedad, ya tenemos ahí ese tándem político/médico que es la madre de la tiranía llevada a su último grado de perfección. 

Y en esas estábamos y llegó Paco con la rebaja. 
 

El Dr. Rolan Victor, un médico malayo, acaba de ser absuelto por la corte suprema de su país de los cargos criminales que pendían sobre él por haber dicho la suya sobre las famosas vacunas del Covid. Y ha dicho: 

"Esta sentencia no es solo para mí"

"Es un mensaje para todos los malayos y gente del mundo en general, que la evidencia científica debe ser libre y sujeta a debate"

"Los médicos tiene que tener libertad para expresarse con trasparencia, aunque sus puntos de vista difieran de los de la mayoría de sus colegas"

Esto que ha pasado en Malasia se está repitiendo por todo el mundo con inusitada frecuencia. Y es que la putrefacción de la tiranía médico/política ya no hay quién la soporte. Es necesario que el aire se dé la vuelta y se lleve los malos olores que emponzoñan la vida en común. 
 

lunes, 14 de abril de 2025

Otra vuelta de tuerca

Seguimos sobre la brecha. Comentábamos esta mañana sobre la guerra cultural en curso, o sea, la que nunca cesó a lo largo de la historia, la que mantiene el individuo contra la masa. Querer ser individuo o acogerse a la masa. Dicho de otro modo: estar vivo o ser un cadáver viviente. Yendo más allá: el liberalismo contra el marxismo cultural. 

Dice Miguel Anxo Bastos que el problema que tienen los liberales en su guerra cultural con el marxismo es que los liberales argumentan impecablemente en lo referente a la economía, pero se olvidan de otros aspectos fundamentales de la vida como son los sentimientos, o las emociones, como se dice ahora, materia en la cual, los marxistas son los reyes del mambo. Claro que argumentar con emociones es jugar con ventaja y asegurar el pan para hoy y el hambre para mañana... pruebas de ello las hay a porrillo.  

Y en esas estábamos cuando hemos caído en la cuenta; ¡Por Dios, con lo sencillo que sería; solo habría que echar mano de la Biblia para derrotar todos los argumentos sentimentales del marxismo! Pero, por razones que se nos escapan, ha habido en el mundo un progresivo abandono de la lectura de la Biblia que ha corrido parejo con el abandono de los Elementos de Euclides. ¿Por qué ese abandono? Tengan por seguro que en ello han tenido mucho arte y parte los gurús marxistas. Calificaron a la Biblia como un libro religioso, es decir, apartado de la razón. Y a Euclides le tacharon de matemático anticuado para ocultar que sus Elementos son fundamentalmente un tratado de Lógica, es decir, de recto razonar.  

Pues bien, señoras y señores, la Biblia tiene de religioso lo que yo de obispo. La Biblia es una epopeya en la que el individuo derrota a la masa. El individuo está solo ante Dios y sus leyes no escritas. Lo cual viene a querer decir que está solo frente a sí mismo, sin escapatoria, dándose cuenta a si mismo de los actos propios. Es, en definitiva, dinamita antimarxista. Así que me resulta inexplicable que el Sr. Bastos, con toda su erudita artillería, no haya caído en la cuenta todavía de que los árboles no le están dejando ver el bosque. La dinamita que él busca para derrotar a los marxistas la tiene ante los ojos y no la ve porque se los han cegado los propios marxistas... ¡un libro religioso, ya te digo! También mi nieto, cuando le recomendé la lectura de la Biblia, me pregunto si es que yo era creyente.   

domingo, 13 de abril de 2025

Seguimos dándole vueltas

Me comentaban ayer acerca de lo que había escrito aquí sobre la Biblia y, sí, me decían, por supuesto que la justicia divina y el inmenso consuelo que ella supone para la humanidad está en el centro de la Biblia, pero su persistencia en el tiempo es debida a mucho más. La Biblia es un libro poliédrico; tan poliédrico, diría yo, que al tender su número de caras al infinito se convierte en una esfera. Por eso quizá sería mejor decir que es esférico, porque lo abarca todo: es la vida misma.  

Esa justicia divina que es monolítica a diferencia de la que encontramos en Homero que viene a ser mucho más relativa ya que, cada dios, tiene su particular visión de la jugada. Y ahí es donde está la gran novedad, o gran aporte, de la Biblia. Quien quiera que escribiese esos textos, sin duda, tomaron buena nota de aquella genial intuición que tuvieron los egipcios de los tiempos de Akenatón. Para saber de que va lo de Akenatón, yo les recomendaría la lectura de "Sinuhé, el Egipcio", una novela histórica de Mika Waltari que hizo las delicias de mi generación, allá por los años cincuenta del siglo pasado. Sinuhé es el protagonista de la que seguramente es la primera novela de la historia, hacia el año dos mil antes de Cristo. Mika Waltari se aprovecha de ese personaje y le sitúa unos cuantos siglos después, en tiempos del faraón Akenatón, precisamente para traer a colación el asunto del monoteísmo. 

De esa novela, que leí hace ya más de sesenta años, me quedó grabado a fuego, por más que no entendiese su significado, precisamente, la gran conmoción que supuso en la sociedad egipcia la instauración del monoteísmo. Los curas que organizaban el culto a los diferentes dioses se opusieron radicalmente y es posible que la muerte prematura de Akenaton fuese debida a una conspiración de esos curas. Fuese como fuese, lo que es evidente es que es muy complicado saltar de la ambigüedad moral del politeísmo a la moral gravada en piedra del monoteísmo.   

De hecho, a todo lo largo de la Biblia está presente esa lucha incesante entre el monoteísmo y el politeísmo. Porque está en la condición humana acordarse de Santa Barbara solo cuando truena. A la que hace buen tiempo, ¡todos a despelotarse en la playa! A adorar ídolos, en definitiva. Porque todo vale con tal de dar satisfacción al ego. Y así se va la vida, pasando del monoteísmo al politeísmo y viceversa en función de que truene o no. Y es que, como le replicaba aquel tipo a una señora que se quejaba de lo complicadas que son las matemáticas: no señora, las matemáticas son muy simples; lo que es complicado es la vida... que eso es, precisamente, lo que la Biblia nos trata de explicar como no ha sido capaz de explicar ningún otro libro.

sábado, 12 de abril de 2025

A vueltas con la Biblia

Cuanto  más se insiste en la lectura de la Biblia más cuenta se da uno de que el gran misterio de su pervivencia consiste, sobre todo, en que es un gran consuelo. Y es que el gran argumento de ese libro es la justicia divina; siempre está, ahí, al quite. Nadie escapa a su brazo implacable. Sin esa esperanza la vida de la inmensa mayoría sería insoportable. 

El asunto es muy simple: cuando cualquier ser humano, por lo que sea, adquiere alguna preeminencia o poder, tiende de forma natural a contravenir las leyes no escritas del cielo. Es decir, a abusar de su preeminencia o poder en detrimento de los que le rodean. Es así como funciona el mundo. Sabido lo cual, tenemos dos opciones para sobrevivir a la injusticia: una, confrontar la violencia que se te hace con tu propia violencia; otra, pensar que Dios te está poniendo a prueba pero que, a la postre, no te abandonará... ésta última fue la que utilizaron Gandi, Martin Luther King Jr. y Mandela, con el resultado de todos conocido. 

Y no hay más tu tía. Crees o no crees. Si algo malo te está sucediendo es porque Dios te está poniendo a prueba por alguna deuda que has contraído con él. Entonces, lo sabio es ponerse a pensar en qué habrá sido lo que has hecho para suscitar la ira divina. Porque, la ira divina, por definición, nunca es gratuita. Así, una vez descubierto el yerro, si tienes voluntad de corregirlo, Dios acude en tu auxilio. A veces tarda porque quiere comprobar si es sincero tu arrepentimiento. Pero si constata tu buena voluntad puedes estar seguro de que te sacará del atolladero. 

Así que, ya digo, Crees o no crees. Si crees, tienes garantizado, si no la solución, sí, al menos, el consuelo. Si no crees, te queda la opción de hacerte comunista o algo por el estilo que, en definitiva, no es otra cosa que ir por el mundo arrastrando la mala leche y drogándose para sobrellevarlo. Así son las cosas y no cabe hacerse ilusiones al respecto.

viernes, 11 de abril de 2025

¡Qué mala suerte!

Cuando yo era niño, lo de pasar el sarampión era la cosa más natural del mundo. Como una especie de rito de paso. Una vez padecido -una semana sin colegio-, ya te podías olvidar. Nunca oí que un niño muriese a causa del sarampión. Entonces, llegó el hombre del carromato y dijo que él tenía el remedio para que los niños no tuviesen que pasar por ese trance. Unos le creyeron y otros no, pero dio igual porque a los escépticos les obligaron a pasar por el aro so pena de ser expulsados de la comunidad. Una de tantas imposiciones so capa de bien común. ¿Les suena?

La cosa no fue a mayores, porque, total, solo era un pequeño pinchazo y Santas Pascuas. Claro que en el mundo iban pasando muchas cosas nunca vistas hasta entonces, como, por ejemplo, que cada vez más niños padecían una extraña enfermedad mental que se dio en llamar autismo. ¿Quién hubiese establecido entonces una posible relación causa/efecto entre la vacuna del sarampión y el autismo? Hubiera sido un absurdo total. Pero mira tú por donde, el demonio las enreda y los caminos del Señor son inescrutables: alguien tiró a boleo y creyó haber dado en la diana de esa relación. En cualquier caso, el incremento del autismo, de uno cada cien mil niños, a uno cada cien, en menos de medio siglo, a algo tiene que ser debido. 

El gran quid de la cuestión es que para entonces el hombre del carromato se había hecho tan poderoso que podía comprar todas las voluntades. Al que tiró a boleo y creyó, con ciertos fundamentos, haber dado en la diana, se le tachó de loco y se le encerró en la irrelevancia social. Las autoridades tenían la mano tan engrasada por el hombre del carromato que por nada del mundo hubieran permitido que la cosa pasase a mayores. Y el porcentaje de autistas seguía creciendo. ¡Pues sí, señoras y señores, cada vez parece más evidente que esa relación causa/efecto es auténtica! 

Una vez más estamos ante un caso de soberbia: esa pretensión de ser como dioses que tienen remedio para todo. Eso sí que es absurdo, querer doblegar a la naturaleza ante el más mínimo contratiempo que nos produce. No nos queremos dar cuenta de que el hombre del carromato no es más que el demonio travestido que nos quiere arrastrar con él a los infiernos. Es el mito fundacional de nuestra cultura. Lucifer arrojado del Paraíso o Prometeo encadenado, tanto da que da tanto. 

En fin, que pareciera que tener al niño una semana en casa, sin ir al colegio, es un tormento insoportable, así que, llega el hombre del carromato, te dice que el te soluciona el problema y te tiras en sus brazos sin pensártelo dos veces... luego, si el niño se pone autista, ¡qué mala suerte! 

jueves, 10 de abril de 2025

Jacob Collier

De pronto surge un genio. Es el caso de Jacob Collier, un londinense que por el querer de los dioses es capaz de distinguir a pelo, no ya los doce semitonos que hay dentro de una octava musical, sino los sonidos que hay entre tono y semitono -los microtonos-. Es lo que llaman oído absoluto, algo muy infrecuente, pero no excepcional. Lo que sí es excepcional es que a esa capacidad innata se le junte una inteligencia privilegiada con una imaginación desbordante. Y si a eso se le añade la circunstancia de ser un inglés con una dicción impecable -mejor que la del Dr. Higgins, el de Pigmalión- ya tenemos Jacob Collier para rato.  

Desde luego que Jacob nada que ver con los Beatles y todas aquellas bandas de los sesenta del siglo pasado que más que nada fueron productos comerciales exitosos, gracias, más que a su calidad o novedad musical, al ingenio de los vendedores del producto. De hecho, a mi inmodesto juicio, las canciones de los Beatles, musicalmente hablando, son de chichinabo; simplemente tienen melodías pegadizas; o sea, el típico producto del marxismo cultural que el poder dominante de aquellos maravillosos años nos estaba inyectando en vena a diario. Ya ven ustedes a dónde lleva la ignorancia de la ignorancia que señorea a los que pretenden ilustrarse por medio de las modas. En fin, agua pasada no mueve molino, porque el caso es que aquí tenemos a Jacob que no necesitó de ninguna industria para promocionarse; solo tuvo que subir vídeos a YouTube para que la multitud de los entendidos en la materia se hiciesen eco de sus muchas cualidades. Porque esa es la gran diferencia de estos con aquellos tiempos, que se han multiplicado por muchos miles las personan que saben de qué va lo del ciclo de quintas. Jacob, de momento, no es para las masas, es para los entendidos. Es lo va de los entretenedores a los genios: la innovación.  

Jacob ha hecho lo que nadie se podía esperar: cambiar la estructura de la guitarra. Todos pensábamos que mejorar la guitarra era algo que solo se podía conseguir descubriendo materiales con mejor poder de resonancia. La tapa de ciprés, por ejemplo, resuena mejor que la de pino. Y las cuerdas de nailon, mejor que las de tripa. Eso era todo. Pero, de pronto, Jacob nos descubre que es absurdo que la guitarra tenga seis cuerdas si nosotros solo tenemos cinco dedos en cada mano. Y también que la afinación, Re, La, Mi, La, Re, facilita mucho la formación de acordes respecto de la tradicional, Mi, Si, Sol, Re, La, Mi. ¡Dios mío, qué tiempos estos que estamos viviendo! Todo lo que creíamos ya consagrado se está poniendo patas arriba. Si la guitarra salta por los aires quiere decir que no vanos a tardar ni dos días en ver pasarle lo mismo al Baldaquino de Bernini y a la Sagrada Kaaba de la Meca.  

 Sí, señoras y señores, nada como las grandes conmociones dentro de la música para anticipar las que se han de producir en todos los demás ámbitos de la vida. Y es que la música va de armonía, es decir, de concordia. Si cambian las reglas de la armonía, cambian las de la concordia... que es en lo que estamos, y no por nada, sino porque el mundo ya nos estaba sonando mal: por monótono. 

miércoles, 9 de abril de 2025

Opinión/babardeo

El otro día les decía, simplificando, por supuesto, que no es lo mismo hacer cosas que opinar. Esta mañana me comentaban que opinar también es hacer cosas. ¿Quién lo podría discutir? Y, como todas las cosas, opinar está sujeto a su label de calidad para asignarle más o menos valor. ¿Quién le da el label a un opinador? ¿Acaso el número de adeptos? ¿Las titulaciones académicas que tiene? ¿Su prestigio social? En cualquier caso, estarán de acuerdo conmigo en que es muy complicado valorar la calidad de una opinión, y que, en esa dificultad estriba uno de los hándicaps que más contribuyen a entorpecer la vida tanto a nivel individual como colectivo. 

Yo no sé ustedes, pero, en lo que a mí atañe, me he pasado la vida dando credibilidad a personas que con el paso del tiempo descubrí que eran unos embaucadores. Es esa una experiencia que nos sirve para ir instalándonos en un progresivo escepticismo a poco sensatos que seamos. Dicho de otra manera, los sucesivos desengaños nos ayudan a adoptar una postura más apolínea a la hora de observar la realidad. Apolíneo, para quien no lo sepa, es muchas cosas, pero, sobre todo, distancia. Saber tomar distancia es la clave del sosiego espiritual.

Y esa es la gran cuestión, que los desengaños no se bastan por si solos para enseñarte a tomar distancia. Es fundamental el ejercicio de la reflexión, el más difícil de todos los aprendizajes. Porque, ¿cómo se aprende a reflexionar? Todo parece indicar que hay personas que nacen más dotadas para ese ejercicio, pero mucho me temo que por muy dotado que se esté de inicio, sin gimnasia, pronto se atrofia el músculo.

Reflexionar es hacer pasar por un cedazo todo lo que nos corre por la cabeza antes de dejarlo salir por la boca. Cedazo que se va construyendo pacientemente a golpe de sacrificio. No hay nada más sacrificado que la adquisición de conocimiento; sacrificado y descorazonador, porque cuando más profundizas en algo, más te crece la conciencia de que el fondo es inalcanzable. Por eso es que la opinión del sabio suele estar siempre teñida de ambigüedad y escepticismo. 

Así es que, toda esa opinión, en teoría de expertos, que hay en las redes sociales no es en su inmensa mayoría más que babardeo de portera. ¿O es que acaso las porteras no son expertas en aquello de lo que hablan? Pero también hay perlas entre la ganga que se distinguen precisamente por lo que les decía, un cierto grado de ambigüedad y escepticismo, lo que no vendría a ser sino el manido temor de Dios, o, dicho de otra forma, el reconocimiento de las limitaciones que tenemos los humanos por el simple hecho de ser humanos.  

En fin, peliagudo asunto ese de la distinción ente opinión y babardeo; ¿quién distingue la tenue línea que los diferencia?... y más teniendo en cuenta que somos víctimas del wishful thinking, es decir, que nos jode una barbaridad que nos desmientan. 

martes, 8 de abril de 2025

El gen salto hacia atrás

Llevo ya muchos años oyendo hablar del peligro amarillo; prácticamente desde que era un chaval. Recuerdo haber leído un libro del escritor estadounidense Edgard Snow titulado La Larga Marcha -o El Gran Salto Hacia Delante, no recuerdo bien-, en el que se relataba el nacimiento del comunismo y sus primeros años. Todo eran maravillas bajo la batuta del infalible Mao. Un pueblo disciplinado hasta los límites de la inverosimilitud. Aquello era enternecedor. Para nada se hablaba de los millones de muertos de la gran hambruna que había provocado aquel cúmulo de sabias medidas. Así fue que, con aquella propaganda, surgieron por todo el mundo, especialmente en Europa, partidos políticos de inspiración maoísta. Un verdadero delirio fundado en la ignorancia de aquella realidad. Porque china siempre ha sido misteriosa debido al férreo control de la información llevado a cabo por su clase dirigente; el partido comunista hoy y la escuela de mandarines desde la noche de los tiempos. Nada ha cambiado allí excepto la forma de denominar a los que mandan.

De los años ochenta para acá ha sido la apoteosis. Llegó un tipo al poder, Deng Xiaoping, que desregularizó la economía y se ocupó solo de que nadie se quejase por las consecuencias del "capitalismo salvaje" en el que se habían instalado. Los resultados no se hicieron esperar: los capitalistas de todo el mundo corrieron a invertir en China. Era un verdadero chollo: mano de obra barata y disciplinada por un tubo; de sindicatos ni siquiera habían oído hablar. Cuarenta años le bastaron a China para ponerse a la cabeza del mundo en prácticamente todo. Solo los EEUU de América es capaz de hacerle algo de sombra.  

Ese ha sido el relato dominante, pero ¿qué tiene de cierto? Porque se da el caso de que de pronto las redes sociales se han llenado de vídeos en los que se asegura que la situación demográfica en china es de colapso total. Lo de los mil cuatrocientos millones de habitantes, sostienen, es una patraña para amedrentar. Si acaso, llegan a la mitad y en caída libre. Los crematorios y hospitales no dan a basto. Todo el mundo tiene gripe. Uno de cada diez jóvenes muere. Las calles están vacías y los negocios quiebran. ¿Dónde se ha metido la gente?, se preguntan los unos a los otros sin que nadie sepa responder. 

¿Qué hay de de verdad en todo esto? ¿Acaso solo es propaganda de la segunda parte contratante? Según datos oficiales del gobierno chino, la población disminuyó el año pasado en un 0,9 %. O sea, de mil cuatrocientos y pico han pasado a mil trescientos y pico. Pero, ¿quién va a ser tan ingenuo como para creer a la mafia de los mandarines? Desde luego que aquí hay gato encerrado. Porque es que, además, sabemos por las leyes de la física que todo baja a la misma velocidad a la que había subido, así que nada de extraño tendría que fuesen verdad esas noticias que nos hablan de colapso. 

En fin, un verdadero galimatías, porque si ahora, de repente, vamos y nos enteramos de que todo aquello de China solo fue un espejismo... ¡¿Se imaginan?! No, no me puedo imaginar tan gran salto hacia atrás... así, sin avisar. 

lunes, 7 de abril de 2025

¡Aprendamos a diferenciar!

En YouTube hay dos tipos de vídeos: los de la gente que sabe hacer algo y los de la gente que se dedica a opinar. Opinar, a mi juicio, es no saber hacer nada. Es una acción instintiva como el cagar. Claro que no todo el mundo caga igual porque hay fisiologías y fisiologías; no todas están igual de puestas a punto. Así es que puede haber opiniones más o menos templadas, más o menos venenosas.  Es algo que depende, sobre todo, del estado de ánimo de cada cual en el momento que las emite. Porque, al fin y al cabo, ¿qué somos los seres humanos en cada momento sino un estado de ánimo? Te cambia el ánimo, te cambia la opinión porque has cambiado tú. Así es que para nada suele contar el grado de formación de una persona a la hora de opinar. Hay premios nóveles que solo abren la boca para decir tonterías y barrenderos que son la sensatez hecha sustancia. 

Lo de saber hacer cosas es otro asunto completamente diferente. Cojan, agarren, y googleen "grandpa amu"; la sola visión de ese anciano chino exhibiendo sus habilidades se basta por sí sola para atemperar los espíritus más atormentados. Hay ahí humildad, elegancia, sabiduría... una vida cumplida, en definitiva. Y, como Grandpa amu, encontrarán miles de vídeos de gente que necesitó constancia, esfuerzo, humildad, reflexión, y muchas más cosas, para haber aprendido a hacer lo que el vídeo muestra que saben hacer. Música, matemáticas, ingeniería... desde lo más complicado hasta lo más sencillo, todo tiene su mérito porque nada que merezca la pena cae del cielo. 

Así que, ¡aprendamos a diferenciar! Porque, a nada que nos descuidemos ya estamos buscando entrar en resonancia con un estado de ánimo como el nuestro. Es una tendencia innata que busca el afianzamiento por medio del mínimo esfuerzo. A la postre, es la vaguería la que nos mata. Porque esa es la gravedad de todo este asunto, que solo los vagos, los que fueron incapaces de pararse a aprender algo, son los que tienen opinión sobre cualquier cosa que se les ponga por delante. Y es que, ya digo, opinar es como cagar... ¡se queda uno tan ancho después de una buena cagada!

domingo, 6 de abril de 2025

Ni yo, ni nadie

Estamos viviendo tiempos realmente sorprendentes. A veces da la impresión de que todo pende de un hilo. Incluso cada dos por tres hay algún mandatario que saca la amenaza nuclear a pasear. ¡Hale, todo a tomar por el saco! Sin embargo, por más que suenen los tambores de guerra, se diría que la gente en general no los distingue de los tambores que llaman a la fiesta. Y es que es muy difícil, por no decir imposible, ir por la mañana a comprar a Mercadona y luego creerte que las cosas están a punto de estallar: si de algo fueran a estallar sería de júbilo. ¡Si casi recuerda a aquella mítica Mesa del Sol que Heródoto cuenta que había a la entrada de las ciudades en Etiopía! Bueno, en Mercadona hay que pagar algo, pero a juzgar por cómo van los carros de cargados se diría que el pago es más bien simbólico. 

No sé mucho de historia, pero juraría que nunca hubo guerras entre pueblos ahítos de bienestar material. Las guerras, entonces, suelen darse entre las mafias que pugnan por controlar la distribución de la riqueza... que no a otro espectáculo es al que estamos asistiendo ahora: juego sucio, corrupción, ¡llámenlo como quieran!, entre gentes con las que natura fue avarienta a la hora de distribuir sus dones. Porque esa es la cuestión, que cuando alguien está poco dotado tiende por instinto de conservación a acogerse al manto protector de cualquiera de las mil mafias de toda calaña que suelen pasar por respetables organizaciones benéficas.

Esa guerra de mafias que aunque siempre existió nunca fue tan manifiesta como ahora a causa de haber perdido el poder el monopolio de la información. Ahora, cualquier mafia, por muy mindundi que sea, tiene su altavoz mediático con el que llegar a los confines del mundo. Y de ahí esta sensación de estar viviendo en una jaula de grillos. ¿Quién dice la verdad? ¿Hay mil cuatrocientos millones en china o son muchos menos? ¿Producen las vacunas cánceres y autismos o eso es una paranoia? ¿Es lo del calentamiento global una milonga para promover negocios o tiene visos de realidad? ¿Es dañino el 5G y demás microwaves o eso es histeria de hipocondríacos? En definitiva, nunca se le dio a la incertidumbre tantas posibilidades de alimentarse.  

Y ese es el punto y la madre de todos los sudores que venimos padeciendo de un tiempo para acá, que la incertidumbre ya no es cosa de los sabios, como siempre había sido; ahora ya va afectando a grandes masas de población que tratan de aliviarse gritando lastimeramente su pintoresca verdad. Es la chusma que no quiere resignarse al simple temor de Dios, la única verdad que ha funcionado desde la noche de los tiempos. Sócrates llamaba a ese temor, "solo sé que no sé nada". Ni yo, ni nadie.    

 

sábado, 5 de abril de 2025

Los batanes

Es noche cerrada y andan Don Quijote y Sancho por un apartado lugar al que se han recogido para atiborrarse con las viandas que Sancho había afanado de las alforjas de uno de los curas a los que Don Quijote había puesto en desbandada. Como no tenían nada que beber, se mueren de sed y deciden tirar algo más adelante en busca de las fuentes que verdean aquellos lugares. No tardan en escuchar el sonido del agua, pero, también, unos misteriosos golpes cadenciosos que excitan la imaginación de don Quijote y llenan de miedo a Sancho. Don Quijote se apresta a la lucha, pero, Sancho, que no se quiere quedar solo, ha puesto un cepo en las patas delanteras de Rocinante. De nada sirve picar espuelas. Y así quedan por horas, esperando el amanecer, Don Quijote en posición de combate y Sancho agarrado al arzón posterior de la silla rocinante. Y entonces es cuando a Sancho le entran ganas de hacer lo que nadie puede hacer por él:   

"En esto, parece ser, o que el frío de la mañana, que ya venía, o que Sancho hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese cosa natural —que es lo que más se debe creer—, a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él; mas era tanto el miedo que había entrado en su corazón, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo. Pues pensar de no hacer lo que tenía gana tampoco era posible, y así, lo que hizo, por bien de paz, fue soltar la mano derecha, que tenía asida al arzón trasero, con la cual bonitamente y sin rumor alguno se soltó la lazada corrediza con que los calzones se sostenían sin ayuda de otra alguna, y en quitándosela dieron luego abajo y se le quedaron como grillos. Tras esto alzó la camisa lo mejor que pudo y echó al aire entrambas posaderas, que no eran muy pequeñas. Hecho esto, que él pensó que era lo más que tenía que hacer para salir de aquel terrible aprieto y angustia, le sobrevino otra mayor, que fue que le pareció que no podía mudarse sin hacer estrépito y ruido, y comenzó a apretar los dientes y a encoger los hombros, recogiendo en sí el aliento todo cuanto podía. Pero, con todas estas diligencias, fue tan desdichado que al cabo al cabo vino a hacer un poco de ruido, bien diferente de aquel que a él le ponía tanto miedo. Oyolo don Quijote, y dijo: —¿Qué rumor es ése, Sancho? 
—No sé, señor —respondió él—: alguna cosa nueva debe de ser, que las aventuras y desventuras nunca comienzan por poco. 
Tornó otra vez a probar ventura, y sucediole tan bien, que sin más ruido ni alboroto que el pasado se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le había dado. Mas como don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como el de los oídos, y Sancho estaba tan junto y cosido con él que casi por línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo escusar de que algunos no llegasen a sus narices, y apenas hubieron llegado cuando él fue al socorro apretándolas entre los dos dedos, y con tono algo gangoso dijo: 
—Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo. 
—Sí tengo —respondió Sancho—; mas ¿en qué lo echa de ver vuestra merced ahora más que nunca? 
—En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar —respondió don Quijote. 
—Bien podrá ser —dijo Sancho—; mas yo no tengo la culpa, sino vuestra merced, que me trae a deshoras y por estos no acostumbrados pasos. 
—Retírate tres o cuatro allá, amigo —dijo don Quijote, todo esto sin quitarse los dedos de las narices—; y desde aquí adelante ten más cuenta con tu persona y con lo que debes a la mía, que la mucha conversación que tengo contigo ha engendrado este menosprecio. 
—Apostaré —replicó Sancho— que piensa vuestra merced que yo he hecho de mi persona alguna cosa que no deba. 
—Peor es meneallo, amigo Sancho —respondió don Quijote."


No sé cuántas veces habré leído este famoso pasaje de los batanes. Da igual, porque estoy seguro que mil veces más que lo leyese me seguiría desternillando de risa. Pero, sobre todo, me seguiría admirando por la precisión y elegancia del lenguaje con el que está descrito el suceso. En fin, no es cosa de ponerse, ahora, a cantar las excelencias de Cervantes; de sobra son conocidas por cualquiera que haya mostrado un mínimo interés por las cosas de este mundo. Porque eso es Cervantes, las cosas de este mundo: realismo en vena. Y con el más fino sentido del humor que conocieron los siglos. ¿Acaso hay algo más importante que el sentido del humor para marcar la diferencia entre los del montón y los genios?

viernes, 4 de abril de 2025

Gato por liebre

 


No todo el mundo está capacitado para operaciones matemáticas tan complicadas, pero no se preocupen aquellos a quien no se les alcanza la suma que yo les ayudaré: las dos ideologías que dominaron el panorama europeo el siglo pasado  han decidido entrar en coyunda para parir la agenda de colores que llaman 20/30, pero que en realidad es la LGTB

Objetivos de la Agenda 20/30

-Erradicar la pobreza y el hambre
-Combatir la desigualdad
-Combatir el cambio climático
-Asegurar la igualdad de género y los derechos humanos de las mujeres
-Garantizar el acceso universal a servicios de salud y educación de calidad
-Proteger el planeta contra la degradación
-Alcanzar sociedades pacíficas.

No sé a ustedes, pero a mí todo esto me recuerda a aquellos anuncios que emitían sin parar por la radio y que tanta gracia nos hacían a los chavales:

-Mamá yo quiero.
-¿Qué quieres nena?
-Yo quiero un postre de calidad.
-Entonces, nena, ya sé qué quieres: Flanín el Niño, el Superflán.

O aquel otro:

-¡Qué bueno sería que las vacas diesen leche con neskuit! 

El caso es que hasta el más tonto de la clase debería saber a estas alturas que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. 

Aquellos planes quinquenales de lo soviéticos o los saltos adelante de los maoístas, ¿a quién le iba a preocupar los millones de muertos que dejaron por el camino ante la magnitud del objetivo perseguido?: conseguir el paraíso en la tierra.  

Pues sí, señores míos, esa agenda que empezó su andadura con el fraude de la pandemia, afortunadamente ha sido desenmascarada y ya solo los sinvergüenzas se atreven a ponerse el pin que la representa en la solapa. ¿Han visto ustedes alguna vez mayor falta de ideas? Erradicar la pobreza y el hambre. ¡Qué vulgaridad! ¿Es que acaso no es eso lo que viene haciendo el mundo desde que es mundo? 

Recuerdo que, cuando salía a pasear por los montes de Alar con los proscritos, no había día que no me explicasen como se podía diferenciar un guiso de gato de otro de liebre. Es por la sección de las costillas: la del gato es redondeada y la de la liebre oblonga. Así es que, desde entonces, no hay ya quién me meta gato por liebre. Ya no voy a votar, ni a vacunarme, ni compro nada de nada de lo que anuncian por televisión. Me limito a ir a mi bola con un Quijote en el bolsillo para poder leerlo cuando me siento a descansar... que a estas edades es cada dos por tres. ¡Ay, si la gente leyese un poco más El Quijote! ¡Qué otro mundo sería éste!  

jueves, 3 de abril de 2025

Y want my country back

Trump ha dicho a los británicos que si quieren acuerdo comercial con EEUU lo primero que tienen que hacer es restaurar la libertad de opinión. ¡Vivir para ver! Recuerdo el Londres de los años sesenta del siglo pasado. Estuve viviendo en un hotelito en Wimbledon al más puro estilo british, como si fuese un personaje de una novela de Cecil Roberts o, mismamente, los protagonistas de la Ciudad de la Niebla de Baroja. Aquello era años luz de la España en la que había crecido. Pero, como el hotel era muy caro, decidí trasladarme a una residencia para jóvenes extranjeros en el barrio de Earls Court; allí dormía en una habitación con un escocés que recuerdo como alguien amable, pero, también, había en aquel antro una nutrida representación de nigerianos que se habían traído con ellos la guerra civil que por entonces estaba teniendo lugar en su país. Una noche, algo salió en la televisión que exacerbó los ánimos y en menos de lo que canta un gallo se organizó una reyerta entre yorubas y biafreños. Los blancos salimos de allí zumbando y a la mañana siguiente aquello parecía como si hubiese pasado un huracán. Así que decidí retornar al hotel de Wimbledon, pero, eso sí, con una visión bastante cambiada respecto de la realidad circundante. 

Y de aquellos polvos estos lodos. En YouTube proliferan los vídeos de británicos que denuncian las multas y prisiones padecidas por el simple delito de decir la suya. Ayer era un padre que ha estado varios meses detenido por haber escrito comentarios en WhatsApp criticando el sistema educativo público. Es algo que resulta increíble, pero es lo que hay y, como les decía ayer, son las típicas tonterías que hacen los poderes en curso cuando ya están a bout de souffle. 

El caso es que Inglaterra no es una excepción en Europa. Padecen exactamente la misma guerra civil que el resto de los países. Cada vez más gente va despertando a la realidad de que todo eso de la democracia es una milonga que encubre la tiranía de unas élites incultas y corruptas. Así es que el movimiento Y want my country back (quiero mi país de vuelta), liderado por el inefable Nigel Farage, no hace sino crecer y crecer y crecer. Y ya es la primera fuerza política en el Reino Unido: Reform UK. Es cuestión de tiempo, muy poco tiempo, que veamos en Inglaterra lo mismo que estamos viendo en los EEUU de América o en Argentina o, incluso, en Italia: el desenmascaramiento y derrota de los jetas. Porque no se engañen, esto que hay ahora va de jetas... que es como antiguamente llamábamos a los listillos que pretenden vivir del trabajo de los demás.

En resumidas cuentas, que no hay mal que cien años dure, aunque el mal absoluto que es el socialismo ya se está aproximando demasiado a ese plazo fatídico. Pero, en cualquier caso se aproxima a los cien lleno de grietas y a punto de derrumbe. Pero, ¡leches, cómo se hace esperar!

miércoles, 2 de abril de 2025

Nada nuevo bajo el Sol

Aquí, en esta parte del mundo llamada Europa, se ha blasonado hasta la náusea de ser los mas guapos, más listos y, sobre todo, más libres, del mundo mundial. O sea, dime de qué presumes y te diré de qué careces. O, también, prevención a destiempo, malicia arguye. Y en esas estábamos cuando nuestra clase dirigente va y se pone a inhabilitar porque me sale de los cojones -ahora resulta que también las mujeres tienen cojones- a quienes todo apunta que van a ganar las próximas elecciones. Incluso han inhabilitado a alguno que ya las había ganado. Se ve que se siente muy segura esa clase dirigente o, quizá, mejor, quiere hacer como que se siente muy segura. 

En esto de la política hay algo que nunca falla: siempre que un poder carcomido por la corrupción se empieza a tambalear comete tonterías que aceleran su caída. Tonterías que siempre consisten en querer parar a lo que ya ha tomado velocidad de crucero. Así es que al querer parar a la francesa Le Pen lo único que están haciendo es darle más fuerzas. Como pasa en España con la damnatio memoriae de Franco que, según parece, ha hecho que la juventud se interese por él y, con ello, crea haber encontrado el norte de sus aspiraciones. 

Ésta es una guerra en curso que está siendo ganada por la nostalgia de un pasado mítico de ley y orden. El eterno retorno, en definitiva. Es Franco, es Pisístrato, es Asurbanipal. Fueron tiranos implacables, pero, a la postre, lo que cuenta en esta vida es el rastro que dejas: por sus obras los conoceréis. Todo lo que hay de valor en la España moderna es obra del franquismo; dense una vuelta por Aldeadávila si no se lo creen. ¿Qué sabríamos hoy día de nuestros orígenes si al sanguinario Asurbanipal no le hubiese dado por coleccionar tablillas? Gracias a esas tablillas sabemos, entre otras cosas, que tres mil años antes de que existiera Pitágoras ya se conocía el teorema que se le achaca. 

Así que, nada nuevo bajo el Sol. Lo que parece que viene, en realidad ya está aquí. Solo los necios no lo ven... más daño se harán cuando se caigan del guindo.   

martes, 1 de abril de 2025

El cuento de nunca acabar

La capacidad del mundo para producir bienes de consumo es incalculable. Uno vive en un barrio popular, de gente menestral, y la sensación que se percibe por doquier es la de cuerno de la abundancia. El otro día escuchaba conversar a los dos jóvenes que, guitarra en bandolera, mendigan a la puerta de un Mercadona: discutían sobre las ventajas comparativas entre un BMW y un Audi; desde luego que a simple vista nadie les distinguiría de unos alumnos de la UCLA. 

¿Dónde está el problema, entonces? ¿Por qué esa pudrición de los espíritus que amenaza con hacerlo saltar todo por los aires? Yo diría que el problema estriba en el poco tiempo y esfuerzo que se necesita para producir esa ingente cantidad de riqueza. Así es que hay tal cantidad de tiempo libre que no hay forma de evadirse de los malos pensamientos. El que tiene uno, quiere tener dos, se cantaba en aquellos años del cuplé, cuando la opulencia era cosa de cuatro. La insatisfacción es consustancial al ser humano y, que yo sepa, no hay otra forma de obviarla que poniéndote a picar piedras. Y ese es el punto y la madre de todo este desaguisado, que por mucho que se busque a duras penas se encuentran piedras para picar; ya están todas desmenuzadas. Por eso, como ya no quedan piedras, hay que inventarlas y así es como se ha dado con la cantera del "organizar la vida de los demás": millones y millones de personas viven de picar ese tipo de piedras que por desgracia producen un polvo que lo intoxica todo.  

Así que no se dejen engañar con la cosa de las ideologías, porque eso no existe. El conflicto del mundo actual está a mi juicio muy bien definido y no es otro que la natural animadversión que sienten los que trabajan hacia los que quieren vivir a costa de ellos... cada vez más y más y más; hoy día, por cada uno que trabaja se diría que hay cien que intentan organizarle la vida. Y claro, imagínense a esos cien empujándose los unos a los otros para poder tocar pelota. Es una lucha a muerte ente parásitos que lo emponzoña todo. 

En sustancia, todo ello, y perdonen que me reitere, no es más que la consabida maldición prometeica: los dioses se vengan por el uso que hacemos de todo el conocimiento que les hemos robado. Y es que a los humanos nos mata la soberbia que es el peor de todos los pecados a los ojos de los dioses. Y por eso es que nos pudren el espíritu para que nos matemos los unos a los otros y volvamos al estado primigenio. Es el cuento de nunca acabar.