Ayer España estaba convertida, como no podía ser menos, en un nido de ingenieros de la cosa eléctrica. En YouTube había miles de vídeos tratando de explicar los detalles técnicos que estaban en el origen del apagón. Me entretuve en ver unos cuantos y el único inteligible fue el de HRom, ese chico de Castro Urdiales que es ingeniero industrial y se dedica a divulgar ciencia. El resto daba risa, porque se veía a la legua que estaban hablando de lo que no sabían. Ya lo decía Feynman, que si quieres saber si sabes algo, explícaselo a un niño y, si el niño no lo entiende, es la prueba fehaciente de que no sabes lo que crees saber. Sin duda, todos esos youtubers que intentaron explicarlo, no se lo habían explicado antes a un niño para cerciorarse de sus capacidades pedagógicas. En fin, todo muy humano.
Yo no entiendo por qué le dan tantas vueltas al asunto cuando la cosa está más clara que el agua que baja de los glaciares fundidos. Hay mil ejemplos en la historia de la humanidad. No hay que remontarse mucho; simplemente acuérdense de Chernobil. Todos los regímenes autocráticos sufren un proceso que va del entusiasmo inicial a la corrupción absoluta. Pasó en la Unión Soviética y está pasando en la Comunidad Europea, que mal que le pese a la gente es tan soviética como la que más. Todo está controlado por un poder corrupto que eleva a puestos de la máxima responsabilidad a porteros de discoteca. Y los ministros hacen fiestas con putas en los Paradores Nacionales al más puro estilo Brézhnev.
Pues sí, señoras y señores, todo se quedó en un susto con algunos daños colaterales; uno de los tantos toques de atención con los que se va preparando a la población para la llegada del Putin de turno. O el Bukele. O el Milei. O el mismísimo Trump. Alguien con visos de regenerador: mano de hierro más o menos enguantada de seda. Ese es el asunto, que los chavales que vienen empujando tienen añoranzas de cuando las misas se decían en latín y no les importa pasarse el fin de semana viajando para ir a escuchar una a cualquiera de los pocos lugares en donde todavía están permitidas muy a pesar del Papa peronista que las quiso extirpar de raíz.
Sí, señoras y señores, ¿es que puede haber algo que anuncie mejor un fin de ciclo que la existencia de un Papa peronista? Un Papa que al morir ha dejado un reguero de desconsuelo entre las élites comunistas del mundo. Y es que no es para menos, porque ya se estaban viendo ellos celebrando sus fiestas con putas bajo el baldaquino de Bernini o en la mismísima Capilla Sixtina. ¡Su gozo en un pozo!
En fin, nada de particular, a Homer Simpson, se le cayó la mayonesa de la hamburguesa encima de los manómetros de la sala de control y no se pudo percatar de que la cosa iba a saltar. Eso fue todo.

