viernes, 4 de abril de 2025

Gato por liebre

 


No todo el mundo está capacitado para operaciones matemáticas tan complicadas, pero no se preocupen aquellos a quien no se les alcanza la suma que yo les ayudaré: las dos ideologías que dominaron el panorama europeo el siglo pasado  han decidido entrar en coyunda para parir la agenda de colores que llaman 20/30, pero que en realidad es la LGTB

Objetivos de la Agenda 20/30

-Erradicar la pobreza y el hambre
-Combatir la desigualdad
-Combatir el cambio climático
-Asegurar la igualdad de género y los derechos humanos de las mujeres
-Garantizar el acceso universal a servicios de salud y educación de calidad
-Proteger el planeta contra la degradación
-Alcanzar sociedades pacíficas.

No sé a ustedes, pero a mí todo esto me recuerda a aquellos anuncios que emitían sin parar por la radio y que tanta gracia nos hacían a los chavales:

-Mamá yo quiero.
-¿Qué quieres nena?
-Yo quiero un postre de calidad.
-Entonces, nena, ya sé qué quieres: Flanín el Niño, el Superflán.

O aquel otro:

-¡Qué bueno sería que las vacas diesen leche con neskuit! 

El caso es que hasta el más tonto de la clase debería saber a estas alturas que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. 

Aquellos planes quinquenales de lo soviéticos o los saltos adelante de los maoístas, ¿a quién le iba a preocupar los millones de muertos que dejaron por el camino ante la magnitud del objetivo perseguido?: conseguir el paraíso en la tierra.  

Pues sí, señores míos, esa agenda que empezó su andadura con el fraude de la pandemia, afortunadamente ha sido desenmascarada y ya solo los sinvergüenzas se atreven a ponerse el pin que la representa en la solapa. ¿Han visto ustedes alguna vez mayor falta de ideas? Erradicar la pobreza y el hambre. ¡Qué vulgaridad! ¿Es que acaso no es eso lo que viene haciendo el mundo desde que es mundo? 

Recuerdo que, cuando salía a pasear por los montes de Alar con los proscritos, no había día que no me explicasen como se podía diferenciar un guiso de gato de otro de liebre. Es por la sección de las costillas: la del gato es redondeada y la de la liebre oblonga. Así es que, desde entonces, no hay ya quién me meta gato por liebre. Ya no voy a votar, ni a vacunarme, ni compro nada de nada de lo que anuncian por televisión. Me limito a ir a mi bola con un Quijote en el bolsillo para poder leerlo cuando me siento a descansar... que a estas edades es cada dos por tres. ¡Ay, si la gente leyese un poco más El Quijote! ¡Qué otro mundo sería éste!  

1 comentario:

  1. Pues sí, querido Sancho. Goebbels regalaba radios. Otros boletos para el Economato. Habrá que leer más al Quijote

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