jueves, 3 de abril de 2025

Y want my country back

Trump ha dicho a los británicos que si quieren acuerdo comercial con EEUU lo primero que tienen que hacer es restaurar la libertad de opinión. ¡Vivir para ver! Recuerdo el Londres de los años sesenta del siglo pasado. Estuve viviendo en un hotelito en Wimbledon al más puro estilo british, como si fuese un personaje de una novela de Cecil Roberts o, mismamente, los protagonistas de la Ciudad de la Niebla de Baroja. Aquello era años luz de la España en la que había crecido. Pero, como el hotel era muy caro, decidí trasladarme a una residencia para jóvenes extranjeros en el barrio de Earls Court; allí dormía en una habitación con un escocés que recuerdo como alguien amable, pero, también, había en aquel antro una nutrida representación de nigerianos que se habían traído con ellos la guerra civil que por entonces estaba teniendo lugar en su país. Una noche, algo salió en la televisión que exacerbó los ánimos y en menos de lo que canta un gallo se organizó una reyerta entre yorubas y biafreños. Los blancos salimos de allí zumbando y a la mañana siguiente aquello parecía como si hubiese pasado un huracán. Así que decidí retornar al hotel de Wimbledon, pero, eso sí, con una visión bastante cambiada respecto de la realidad circundante. 

Y de aquellos polvos estos lodos. En YouTube proliferan los vídeos de británicos que denuncian las multas y prisiones padecidas por el simple delito de decir la suya. Ayer era un padre que ha estado varios meses detenido por haber escrito comentarios en WhatsApp criticando el sistema educativo público. Es algo que resulta increíble, pero es lo que hay y, como les decía ayer, son las típicas tonterías que hacen los poderes en curso cuando ya están a bout de souffle. 

El caso es que Inglaterra no es una excepción en Europa. Padecen exactamente la misma guerra civil que el resto de los países. Cada vez más gente va despertando a la realidad de que todo eso de la democracia es una milonga que encubre la tiranía de unas élites incultas y corruptas. Así es que el movimiento Y want my country back (quiero mi país de vuelta), liderado por el inefable Nigel Farage, no hace sino crecer y crecer y crecer. Y ya es la primera fuerza política en el Reino Unido: Reform UK. Es cuestión de tiempo, muy poco tiempo, que veamos en Inglaterra lo mismo que estamos viendo en los EEUU de América o en Argentina o, incluso, en Italia: el desenmascaramiento y derrota de los jetas. Porque no se engañen, esto que hay ahora va de jetas... que es como antiguamente llamábamos a los listillos que pretenden vivir del trabajo de los demás.

En resumidas cuentas, que no hay mal que cien años dure, aunque el mal absoluto que es el socialismo ya se está aproximando demasiado a ese plazo fatídico. Pero, en cualquier caso se aproxima a los cien lleno de grietas y a punto de derrumbe. Pero, ¡leches, cómo se hace esperar!

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