lunes, 7 de abril de 2025

¡Aprendamos a diferenciar!

En YouTube hay dos tipos de vídeos: los de la gente que sabe hacer algo y los de la gente que se dedica a opinar. Opinar, a mi juicio, es no saber hacer nada. Es una acción instintiva como el cagar. Claro que no todo el mundo caga igual porque hay fisiologías y fisiologías; no todas están igual de puestas a punto. Así es que puede haber opiniones más o menos templadas, más o menos venenosas.  Es algo que depende, sobre todo, del estado de ánimo de cada cual en el momento que las emite. Porque, al fin y al cabo, ¿qué somos los seres humanos en cada momento sino un estado de ánimo? Te cambia el ánimo, te cambia la opinión porque has cambiado tú. Así es que para nada suele contar el grado de formación de una persona a la hora de opinar. Hay premios nóveles que solo abren la boca para decir tonterías y barrenderos que son la sensatez hecha sustancia. 

Lo de saber hacer cosas es otro asunto completamente diferente. Cojan, agarren, y googleen "grandpa amu"; la sola visión de ese anciano chino exhibiendo sus habilidades se basta por sí sola para atemperar los espíritus más atormentados. Hay ahí humildad, elegancia, sabiduría... una vida cumplida, en definitiva. Y, como Grandpa amu, encontrarán miles de vídeos de gente que necesitó constancia, esfuerzo, humildad, reflexión, y muchas más cosas, para haber aprendido a hacer lo que el vídeo muestra que saben hacer. Música, matemáticas, ingeniería... desde lo más complicado hasta lo más sencillo, todo tiene su mérito porque nada que merezca la pena cae del cielo. 

Así que, ¡aprendamos a diferenciar! Porque, a nada que nos descuidemos ya estamos buscando entrar en resonancia con un estado de ánimo como el nuestro. Es una tendencia innata que busca el afianzamiento por medio del mínimo esfuerzo. A la postre, es la vaguería la que nos mata. Porque esa es la gravedad de todo este asunto, que solo los vagos, los que fueron incapaces de pararse a aprender algo, son los que tienen opinión sobre cualquier cosa que se les ponga por delante. Y es que, ya digo, opinar es como cagar... ¡se queda uno tan ancho después de una buena cagada!

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