sábado, 19 de abril de 2025

International scandal

Entre las varias causas que se esgrimen para explicar la decadencia de los romanos hay una muy curiosa y es que, por lo visto, tenían la costumbre de echar plomo al vino para dulcificarlo, con lo cual media población estaba intoxicada por ese metal pesado: disminución de la fecundidad, pérdida de memoria, pérdida de capacidad de concentración; todo un síndrome silencioso que les dejó indefensos ante la furia de los barbaros del norte. Quizá, también, fue ese síndrome el que les empujó hacia un estatismo inmoderado que fue el que hizo que la economía se desmoronase. Muy parecido todo a la caída del régimen soviético: estatismo y alcoholismo. 

En definitiva, todas las decadencias se producen por lo mismo, por aumento del culto que se da a Dionisos en detrimento del que se da a Apolo. Más diversión y menos sacrificio, un ingrediente letal para las neuronas. Porque de eso se trata, de las neuronas, las células más delicadas que tenemos en nuestro organismo, cuyo adecuado funcionamiento exige de un cuidadoso equilibrio del culto que se da a esos dos dioses. Con 180.000 bares en el país, por poner un ejemplo meridiano, es evidente de toda evidencia que ese equilibrio está, no roto, sino hecho añicos. Todos esos coribantes y todas esas bacantes, que se hacinan al mediodía y al atardecer en lo se ha dado en llamar "zonas húmedas", son, por supuesto, estatistas furibundos: es la prueba del nueve de que tienen el cerebro aguado. ¿Cómo, si no, explicarnos que hayan llegado al poder semejantes insuficientes mentales? ¿O es que ustedes no se aperciben que los que nos están gobernando en este momento, en este país, son subnormales? ¡Hay que estar ciego para no verlo!

Ha colgado hoy el Dr. John Campbell en YouTube un vídeo al que ha titulado "international scandal". ¿De qué va el asunto? Pues de lo que les estaba comentando, del silencioso síndrome de intoxicación neuronal. De pronto, con la llegada de la nueva administración a los EEUU de América, nos hemos enterado de que en ese país uno de cada 31 niños es autista. Y el flagelo no cesa de aumentar año a año. Y a los gobernantes, hasta ahora, esa verdadera pandemia se la ha traído al pairo, lo cual, confirma al cien por cien lo que les venía diciendo, que los que nos gobiernan son en su inmensa mayoría subnormales camuflados.  

Así fue que, como dice la canción, llego el comandante y mando parar. El comandante Trump. Ya veremos si este comandante es de verdad y no pura tramoya como el que glosaba la famosa canción. De momento ha pegado una patada en el culo a las compañías farmacéuticas y las ha mandado a dónde les corresponde, es decir, a tener voz, pero no voto. Porque han estado durante todo el último siglo siendo jueces y parte. O, por decirlo más crudamente, siendo lobos a cargo del rebaño. Lo han corrompido todo: me sobran los dedos de una mano para contar los médicos que conozco que no hayan sucumbido a sus sobornos. Y conozco miles de médicos. Pero ha hecho más el comandante: ha dado orden de que se forme un equipo de investigadores, completamente ajeno a la industria farmacéutica, que se ponga de inmediato a investigar las posibles causas de esa epidemia letal. Porque esto no es aquella mierda que llamaron covid; esto son millones de personas deficientes con los que va a haber que apechugar durante los próximos cien años.  Por así decirlo, este va a ser el regalito que nos va a dejar en su ya inevitable retirada la en otros tiempos tan alabada socialdemocracia... alabada, bien sure, como les decía, por todos esos que toman vinos en las zonas húmedas de las ciudades, funcionarios en su mayoría.  

En fin, confiemos en que también esta vez el Ave Fénix renazca de sus cenizas. Con la ayuda del comandante en curso.

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