Estamos viviendo tiempos realmente sorprendentes. A veces da la impresión de que todo pende de un hilo. Incluso cada dos por tres hay algún mandatario que saca la amenaza nuclear a pasear. ¡Hale, todo a tomar por el saco! Sin embargo, por más que suenen los tambores de guerra, se diría que la gente en general no los distingue de los tambores que llaman a la fiesta. Y es que es muy difícil, por no decir imposible, ir por la mañana a comprar a Mercadona y luego creerte que las cosas están a punto de estallar: si de algo fueran a estallar sería de júbilo. ¡Si casi recuerda a aquella mítica Mesa del Sol que Heródoto cuenta que había a la entrada de las ciudades en Etiopía! Bueno, en Mercadona hay que pagar algo, pero a juzgar por cómo van los carros de cargados se diría que el pago es más bien simbólico.
No sé mucho de historia, pero juraría que nunca hubo guerras entre pueblos ahítos de bienestar material. Las guerras, entonces, suelen darse entre las mafias que pugnan por controlar la distribución de la riqueza... que no a otro espectáculo es al que estamos asistiendo ahora: juego sucio, corrupción, ¡llámenlo como quieran!, entre gentes con las que natura fue avarienta a la hora de distribuir sus dones. Porque esa es la cuestión, que cuando alguien está poco dotado tiende por instinto de conservación a acogerse al manto protector de cualquiera de las mil mafias de toda calaña que suelen pasar por respetables organizaciones benéficas.
Esa guerra de mafias que aunque siempre existió nunca fue tan manifiesta como ahora a causa de haber perdido el poder el monopolio de la información. Ahora, cualquier mafia, por muy mindundi que sea, tiene su altavoz mediático con el que llegar a los confines del mundo. Y de ahí esta sensación de estar viviendo en una jaula de grillos. ¿Quién dice la verdad? ¿Hay mil cuatrocientos millones en china o son muchos menos? ¿Producen las vacunas cánceres y autismos o eso es una paranoia? ¿Es lo del calentamiento global una milonga para promover negocios o tiene visos de realidad? ¿Es dañino el 5G y demás microwaves o eso es histeria de hipocondríacos? En definitiva, nunca se le dio a la incertidumbre tantas posibilidades de alimentarse.
Y ese es el punto y la madre de todos los sudores que venimos padeciendo de un tiempo para acá, que la incertidumbre ya no es cosa de los sabios, como siempre había sido; ahora ya va afectando a grandes masas de población que tratan de aliviarse gritando lastimeramente su pintoresca verdad. Es la chusma que no quiere resignarse al simple temor de Dios, la única verdad que ha funcionado desde la noche de los tiempos. Sócrates llamaba a ese temor, "solo sé que no sé nada". Ni yo, ni nadie.
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