Seguimos sobre la brecha. Comentábamos esta mañana sobre la guerra cultural en curso, o sea, la que nunca cesó a lo largo de la historia, la que mantiene el individuo contra la masa. Querer ser individuo o acogerse a la masa. Dicho de otro modo: estar vivo o ser un cadáver viviente. Yendo más allá: el liberalismo contra el marxismo cultural.
Dice Miguel Anxo Bastos que el problema que tienen los liberales en su guerra cultural con el marxismo es que los liberales argumentan impecablemente en lo referente a la economía, pero se olvidan de otros aspectos fundamentales de la vida como son los sentimientos, o las emociones, como se dice ahora, materia en la cual, los marxistas son los reyes del mambo. Claro que argumentar con emociones es jugar con ventaja y asegurar el pan para hoy y el hambre para mañana... pruebas de ello las hay a porrillo.
Y en esas estábamos cuando hemos caído en la cuenta; ¡Por Dios, con lo sencillo que sería; solo habría que echar mano de la Biblia para derrotar todos los argumentos sentimentales del marxismo! Pero, por razones que se nos escapan, ha habido en el mundo un progresivo abandono de la lectura de la Biblia que ha corrido parejo con el abandono de los Elementos de Euclides. ¿Por qué ese abandono? Tengan por seguro que en ello han tenido mucho arte y parte los gurús marxistas. Calificaron a la Biblia como un libro religioso, es decir, apartado de la razón. Y a Euclides le tacharon de matemático anticuado para ocultar que sus Elementos son fundamentalmente un tratado de Lógica, es decir, de recto razonar.
Pues bien, señoras y señores, la Biblia tiene de religioso lo que yo de obispo. La Biblia es una epopeya en la que el individuo derrota a la masa. El individuo está solo ante Dios y sus leyes no escritas. Lo cual viene a querer decir que está solo frente a sí mismo, sin escapatoria, dándose cuenta a si mismo de los actos propios. Es, en definitiva, dinamita antimarxista. Así que me resulta inexplicable que el Sr. Bastos, con toda su erudita artillería, no haya caído en la cuenta todavía de que los árboles no le están dejando ver el bosque. La dinamita que él busca para derrotar a los marxistas la tiene ante los ojos y no la ve porque se los han cegado los propios marxistas... ¡un libro religioso, ya te digo! También mi nieto, cuando le recomendé la lectura de la Biblia, me pregunto si es que yo era creyente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario