lunes, 28 de abril de 2025

La imbecilidad

Hace ya años que les contaba acerca de un funeral de Estado en la basílica de Notre Dame de París. No era por un presidente de Francia, pero decían que porque no había querido, porque durante muchos años había sido el que había movido los hilos desde la sombra. En cualquier caso, del Presidente para abajo no faltaba nadie en aquel acontecimiento que estaba presidido por una pareja: ella, la esposa legal ante Dios y los hombres; él, el amante con el que había compartido cama casi toda la vida. Por así decirlo, aquello era dar carta de naturaleza a algo que durante toda la historia de la humanidad se había venido considerando como algo antinatural. Algo que va contra las leyes no escritas del cielo. 

Recuerdo esto porque hay circulando por ahí una serie de vídeos en los que se asegura que la tal Brigitte Macron, en realidad es Brigitto Macron. Y desde luego que algo raro tiene esa mujer, o lo que sea, porque uno ya no se cree nada. Que esa es la gran cuestión de este momento histórico que estamos viviendo, que han sido tantas las mentiras descubiertas que ya no te puedes creer nada. Es como si fuese una táctica de poder -eso sostenía Hannah Arend-; si mantienes a las poblaciones carentes de verdades en las que apoyarse las puedes manipular a tu gusto. 

Ayer me tomé la molestia de escuchar un discurso pronunciado en 2018, en Francia precisamente, por el cardenal Robert Sarah, uno de los adalides de la tradición dentro de la Iglesia católica. Un discurso que trataba, principalmente, sobre derecho natural o, como decían los griegos, y a mí me gusta más, leyes no escritas del cielo. Me tocó mucho en lo más hondo, porque, servidor, siguiendo las corrientes dominantes de la época, se dedicó a pasarse en gran medida todas esas leyes por el culo, que, no por otra causa es que, a estas alturas, el sentimiento que predomina dentro de mí es el de vergüenza... y no tanto por las tropelías cometidas, sino, más bien, por la conciencia de imbecilidad que me provoca el haber tenido que apoyarme en las modas del momento para afianzarme. ¿Puede haber algo más miserable? Y también más humano. 

Toda la historia de la humanidad es un puro homenaje a la imbecilidad. Creyéndose que para ser como dioses lo único que hay que hacer es saltarse esas leyes no escritas. Incapaces de aprender de la experiencia. Precisamente, ayer por la mañana me decía un contertulio que ya había dado con la frase que resume toda la Biblia: "al final siempre llega Paco con la rebaja". ¡Ay, si hubiese hecho un poco más de caso a mis mayores!

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