Ayer pasó lo que pasó; hoy todo son especulaciones. Supongo que hubo perjudicados. Por lo visto, hay un aluvión de reclamaciones a los seguros. A los seguros les da igual; el año que viene suben las cuotas a los asegurados y aquí paz y después gloria. Sin embargo, el suceso, que habrá sido lo que haya sido, que para el caso da igual, seguro que le ha servido a más de uno para hacer unos cuantos pensamientos acerca de la fragilidad del sistema en el que nos sustentamos. De hace dos siglos para acá, los individuos no hemos hecho otra cosa que perder habilidades esenciales a cambio de ganar otras que nos obligan a ser dependientes de la colectividad y mil cachivaches para poder ponerlas en valor.
He pensado muchas veces que aquellos locos camboyanos llamados jemeres rojos o algo así, no iban muy descaminados: mataban a todos los que tenían estudios. Esto que llamamos progreso, a lo mejor no es más que regreso a la barbarie. Convendría pararse a pensar en tal posibilidad. Y es que cada día que pasa vemos a la humanidad que se dice ilustrada realizando mayores actos de soberbia; ahora se dedican a echar mierda en el cielo desde aviones para, según ellos, cambiar el clima... sin encomendarse a Dios ni al diablo... como cuando lo de la vacuna de marras.
Oía decir el otro día a un tipo que el fin último de la sociedad industrial es la extinción de la especie humana. No me extrañaría nada que tuviese razón. Porque a la vista está que cada vez somos más inútiles. Yo lo veo por mí mismo: lo que yo sé hacer comparado con lo que sabía hacer mi padre es de risa. Bueno, sí, yo hago muchas cosas que él no sabía hacer, pero, para hacerlas, necesito mil ortopedias; a la que falta una te conviertes en un discapacitado. Y esa es la cuestión, que cualquier loco puede poner las ortopedias que usamos patas arriba y, de inmediato, quedamos convertidos en una sociedad de zombis.
Por estas cosas es que me paso las horas muertas viendo trabajar a Grandpa Amu; es increíble las cosas que llega a hacer con un serrucho como el que usaba San José, mientras sus nietos corretean alrededor. A menos ortopedias, mejor cabeza. Imagínense como va a dejar las cabezas el uso de eso que llaman inteligencia artificial... aunque, a la vista de lo que hay, no sé si a la inmensa mayoría le quedará todavía algo que empeorar.
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