domingo, 13 de abril de 2025

Seguimos dándole vueltas

Me comentaban ayer acerca de lo que había escrito aquí sobre la Biblia y, sí, me decían, por supuesto que la justicia divina y el inmenso consuelo que ella supone para la humanidad está en el centro de la Biblia, pero su persistencia en el tiempo es debida a mucho más. La Biblia es un libro poliédrico; tan poliédrico, diría yo, que al tender su número de caras al infinito se convierte en una esfera. Por eso quizá sería mejor decir que es esférico, porque lo abarca todo: es la vida misma.  

Esa justicia divina que es monolítica a diferencia de la que encontramos en Homero que viene a ser mucho más relativa ya que, cada dios, tiene su particular visión de la jugada. Y ahí es donde está la gran novedad, o gran aporte, de la Biblia. Quien quiera que escribiese esos textos, sin duda, tomaron buena nota de aquella genial intuición que tuvieron los egipcios de los tiempos de Akenatón. Para saber de que va lo de Akenatón, yo les recomendaría la lectura de "Sinuhé, el Egipcio", una novela histórica de Mika Waltari que hizo las delicias de mi generación, allá por los años cincuenta del siglo pasado. Sinuhé es el protagonista de la que seguramente es la primera novela de la historia, hacia el año dos mil antes de Cristo. Mika Waltari se aprovecha de ese personaje y le sitúa unos cuantos siglos después, en tiempos del faraón Akenatón, precisamente para traer a colación el asunto del monoteísmo. 

De esa novela, que leí hace ya más de sesenta años, me quedó grabado a fuego, por más que no entendiese su significado, precisamente, la gran conmoción que supuso en la sociedad egipcia la instauración del monoteísmo. Los curas que organizaban el culto a los diferentes dioses se opusieron radicalmente y es posible que la muerte prematura de Akenaton fuese debida a una conspiración de esos curas. Fuese como fuese, lo que es evidente es que es muy complicado saltar de la ambigüedad moral del politeísmo a la moral gravada en piedra del monoteísmo.   

De hecho, a todo lo largo de la Biblia está presente esa lucha incesante entre el monoteísmo y el politeísmo. Porque está en la condición humana acordarse de Santa Barbara solo cuando truena. A la que hace buen tiempo, ¡todos a despelotarse en la playa! A adorar ídolos, en definitiva. Porque todo vale con tal de dar satisfacción al ego. Y así se va la vida, pasando del monoteísmo al politeísmo y viceversa en función de que truene o no. Y es que, como le replicaba aquel tipo a una señora que se quejaba de lo complicadas que son las matemáticas: no señora, las matemáticas son muy simples; lo que es complicado es la vida... que eso es, precisamente, lo que la Biblia nos trata de explicar como no ha sido capaz de explicar ningún otro libro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario