martes, 8 de abril de 2025

El gen salto hacia atrás

Llevo ya muchos años oyendo hablar del peligro amarillo; prácticamente desde que era un chaval. Recuerdo haber leído un libro del escritor estadounidense Edgard Snow titulado La Larga Marcha -o El Gran Salto Hacia Delante, no recuerdo bien-, en el que se relataba el nacimiento del comunismo y sus primeros años. Todo eran maravillas bajo la batuta del infalible Mao. Un pueblo disciplinado hasta los límites de la inverosimilitud. Aquello era enternecedor. Para nada se hablaba de los millones de muertos de la gran hambruna que había provocado aquel cúmulo de sabias medidas. Así fue que, con aquella propaganda, surgieron por todo el mundo, especialmente en Europa, partidos políticos de inspiración maoísta. Un verdadero delirio fundado en la ignorancia de aquella realidad. Porque china siempre ha sido misteriosa debido al férreo control de la información llevado a cabo por su clase dirigente; el partido comunista hoy y la escuela de mandarines desde la noche de los tiempos. Nada ha cambiado allí excepto la forma de denominar a los que mandan.

De los años ochenta para acá ha sido la apoteosis. Llegó un tipo al poder, Deng Xiaoping, que desregularizó la economía y se ocupó solo de que nadie se quejase por las consecuencias del "capitalismo salvaje" en el que se habían instalado. Los resultados no se hicieron esperar: los capitalistas de todo el mundo corrieron a invertir en China. Era un verdadero chollo: mano de obra barata y disciplinada por un tubo; de sindicatos ni siquiera habían oído hablar. Cuarenta años le bastaron a China para ponerse a la cabeza del mundo en prácticamente todo. Solo los EEUU de América es capaz de hacerle algo de sombra.  

Ese ha sido el relato dominante, pero ¿qué tiene de cierto? Porque se da el caso de que de pronto las redes sociales se han llenado de vídeos en los que se asegura que la situación demográfica en china es de colapso total. Lo de los mil cuatrocientos millones de habitantes, sostienen, es una patraña para amedrentar. Si acaso, llegan a la mitad y en caída libre. Los crematorios y hospitales no dan a basto. Todo el mundo tiene gripe. Uno de cada diez jóvenes muere. Las calles están vacías y los negocios quiebran. ¿Dónde se ha metido la gente?, se preguntan los unos a los otros sin que nadie sepa responder. 

¿Qué hay de de verdad en todo esto? ¿Acaso solo es propaganda de la segunda parte contratante? Según datos oficiales del gobierno chino, la población disminuyó el año pasado en un 0,9 %. O sea, de mil cuatrocientos y pico han pasado a mil trescientos y pico. Pero, ¿quién va a ser tan ingenuo como para creer a la mafia de los mandarines? Desde luego que aquí hay gato encerrado. Porque es que, además, sabemos por las leyes de la física que todo baja a la misma velocidad a la que había subido, así que nada de extraño tendría que fuesen verdad esas noticias que nos hablan de colapso. 

En fin, un verdadero galimatías, porque si ahora, de repente, vamos y nos enteramos de que todo aquello de China solo fue un espejismo... ¡¿Se imaginan?! No, no me puedo imaginar tan gran salto hacia atrás... así, sin avisar. 

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