sábado, 26 de abril de 2025

Erudición, conocimiento y sabiduría

"No hables a oídos del necio porque despreciará la prudencia de tus razones." 

Sacábamos a colación esta mañana Los Proverbios. Llevamos días con el tema. Aunque mejor sería decir años. La correosa cuestión del saber diferenciar lo que es erudición de lo que es conocimiento y, ambos dos, de lo que es la sabiduría. 

Simplificando, decíamos ayer: erudición es acumular ladrillos. Conocimiento, saber hacer una casa con esos ladrillos. Sabiduría, en vez de una casa, una catedral. 

Para Ortega la erudición es masas torrenciales de hechos carentes de unidad de sentido. Buscar la unidad de esos hechos, dice, es la filosofía, a la que llama ciencia. La erudición, entonces, sería, los extrarradios de la ciencia. 

Para el profesor García Maestro, la erudición es "el infinito en una yerba": basura mental en definitiva. La sabiduría, el realismo del Quijote. 

La versión moderna del asunto que más me gusta, es, una vez más, la de Pessoa:

"Hay una erudición del conocimiento, que es propiamente lo que se llama erudición, y hay una erudición del entendimiento, que es lo que se llama cultura. Pero hay también una erudición de la sensibilidad.

La erudición de la sensibilidad nada tiene que ver con la experiencia de la vida. La experiencia de la vida no enseña nada, lo mismo que la historia nada informa. La verdadera experiencia consiste en restringir el contacto con la realidad y aumentar el análisis de ese contacto. Así, la sensibilidad se ensancha y profundiza, porque en nosotros está todo; basta que lo busquemos y lo sepamos buscar." 

En cualquier caso, es difícil dar pasos más allá de donde llegó el Libro de la Sabiduría. Ahí queda el tema niquelado. Sabiduría es prudencia y temor de Dios. Lo uno por lo otro y viceversa. Es la conciencia permanente de nuestras insalvables limitaciones. Por mucho que estudies, nunca llegas a saber nada de lo que realmente importa... y, aquí, en la ignorancia de esta verdad incontrovertible, es donde está la madre de todas las desgracias de la humanidad: cuando el estudio se conjuga con la necedad, realidad harto frecuente, la soberbia brota como por ensalmo y, como respuesta a ella, la ira de Dios. En esto ha consistido mayormente toda la historia de la humanidad. En fin, ¡y qué le vamos a hacer!    

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