domingo, 15 de septiembre de 2024

Ficción

Divaga Santi sobre la ficción. ¿Por qué está con nosotros prácticamente desde que nos bajamos de los árboles? ¿Es una puerta abierta al inconsciente? Sí, parece una bella posibilidad. Pero entonces aparece el profesor García Maestro y te pregunta qué es lo que tú entiendes por inconsciente. Y entonces te acuerdas de Freud y todo eso de los sueños. Pero el profesor Maestro -ese pleonasmo- va y te dice que el inconsciente es una creación de la mente humana para tratar de explicarse cosas que no puede entender. Digamos que lo mismo que pasa con la idea de Dios.  

Seguramente, la ficción está con nosotros desde los orígenes por la sencilla razón de que de lo primero que se dio cuenta el mono que muto a humano fue que la realidad circundante se le hacía insoportable. Motivos para ello los hay de sobra por todas partes. Como contaba Castilla del Pino en aquel libro en el que relataba dos historiales clínicos de dos enfermos depresivos; la depresión, nos venía a decir, no es más que la objetividad llevada al paroxismo. El depresivo no puede subjetivizar: lo que es negro lo ve negro y se desespera al comprobar que la gente que le rodea se empeña en verlo de colores. Sin duda vivir en ese estado de clarividencia total sin poder salirse de ella debe ser un tormento. 

Si bien lo consideramos, en la vida de una persona sana hay una dialéctica permanente entre el tratar de aprehender la realidad para mejor adaptarse a ella y el huir despavorido de ella tan pronto la intuyes. Y no se me ocurre otra vía de escape que no sea la ficción. Recuerdo perfectamente que de niño no paraba de imaginar historias. Los expertos en la cosa de la psique llaman a eso vida fantasmática, algo totalmente natural en los niños y que con los años a la mayoría se les va apagando y siendo sustituida, seguramente, por la amargura. 

Sea como sea, que vete tú a saber, lo que sí les puedo asegurar es que pocos trances tan intensos he tenido en mi vida adulta como cuando me he puesto a escribir ficción. Nunca con nada conseguí salirme tanto de mí mismo como con eso. Te metes de lleno en una historia y acabas por no saber quién eres ni en que mundo vives. Los personajes que creas, como los dioses, te llevan de la mano y, si te resistes, te arrastran. Es imposible controlarlos. Supongo que la invención del inconsciente sirvió para explicar todo eso: algo que tienes dentro que se empeña en salir por medio de la ficción que estás creando. En fin, ya digo, vete tú a saber, porque sobre los mecanismos de la mente humana nunca paramos de especular y siempre estamos en las mismas.  

Continuará.

sábado, 14 de septiembre de 2024

Lo que va de Rivas a Homero

 

Allá por los años sesenta del siglo pasado, vivir en Rivas Vaciamadrid no debía ser plato de gusto. Justo allí, en el río Jarama, desembocaban las cloacas de todo Madrid. Claro está que a los olores se acostumbra uno pronto y al cabo de nada ni te enteras. Así todo, aquello era territorio mayormente chabolista y dejado de la mano de Dios. Pero lo que son las cosas del progreso, que todo lo sanea y, donde dije Diego ahora tengo que decir digo. En Rivas hoy día huele a rosas y se ha convertido en uno de los polos nacionales de la innovación y el desarrollo. Hay allí una juventud emprendedora que, con la inestimable colaboración de las autoridades, organiza festivales para lanzar los productos creados por las numerosas starups del lugar. Al festival de este año le han llamado "Coñumor" porque se ha dado la circunstancia de que el producto estrella presentado ha sido el "coñojín", un cojín que, como su propio nombre indica tiene forma de coño o, dicho de forma más científica, de vulva. Su creadora lo ha presentado como artesanía íntima para la visualización de la vulva, dado que, según ella, debido a la cultura heteropatriarcal imperante, está invisibilizada. ¡Santo Dios, esta mujer en qué mundo vive! ¡Pero si a los heteropatriarcas no hay forma de que se nos vaya el asunto de la cabeza! En fin, Rivas Vaciamadrid: el que tuvo siempre retuvo. 

En otro orden de cosas, estoy a punto de culminar La Odisea. Los dioses hacen justicia por la mano de Odiseo. La matanza de los pretendientes. "Desplegó desde lo alto del techo Atenea la égida / con la que da la muerte, y en todos se heló la bravura. / Por la sala corrían lo mismo que un hato de bueyes / a los que un ágil tábano ataca y agita durante / la primavera, en el tiempo en que se hacen los días más largos. / Y ellos como los buitres de picos y de uñas ganchudas / que del monte descienden y van a atacar a las aves / que, temiendo quedarse en las nubes descienden al llano / y los buitres las matan en él, sin que puedan siquiera / defenderse o huir, y la gente disfruta en la caza, / de este modo en la sala atacaron a los pretendientes / a derecha e izquierda, y caían en tierra con ruido / de cabezas partidas, y el suelo era un río de sangre"

Después de leer la matanza de los pretendientes, esas películas de Hollywood, tipo "grupo Salvaje", parecen cosa de las hermanitas de la caridad. Así es como Homero entendía que debía ser la justicia divina: el destino lo marcan los dioses y las malas acciones de los hombres. Lo cual no excluye la piedad: cuando Euriclea la factótum del palacio de Odiseo, da gritos de alegría viendo los cadáveres amontonados de los pretendientes, Odiseo la reprende con esta aladas palabras: "Regocíjate, anciana, en tu pecho y contente y no clames; / no es piadoso alegrarse de ver a unos hombres sin vida. / Destinaron sus muertes los dioses y todos sus crímenes / porque no respetaron a un solo varón en la tierra, / ..."

La verdad es que no sé qué voy a leer en adelante. Necesitaré tiempo para reponerme de las lecturas homéricas. Porque qué insulsa resulta toda la literatura a partir de entonces... bueno, quizá sea éste el momento de volver a la HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA... quizá lo más homérico que parió la humanidad de Homero para acá.

viernes, 13 de septiembre de 2024

Esperpento

Christine Anderson es una eurodiputada alemana que según la narrativa oficial es de extrema derecha. ¡Vaya por Dios, con lo que a mí me gusta lo que dice! ¿Será que también yo soy de extrema derecha? Extrema derecha, qu'est-ce que c'est que ça. Se lo diré: decir algo sensato. En estas estamos; va Christine y dice que solo la mentira necesita del apoyo del Estado para mantenerse en pie y, ¡zas!, se produce una catarata de declaraciones para explicar que esa señora dice eso porque es de extrema derecha. Parecerá que estoy haciendo un chiste, pero nada más lejos, estoy describiendo la más candente realidad. Así de gracioso es el mundo actual. A lo mejor siempre había sido así y lo que nos pasaba es que no nos dábamos cuenta. Podría ser. 

El caso es que Christine, como el otro día les decía de Alexandra Henrion Caude, es bastante titán a lo Prometeo. Madre de familia con los hijos ya criados, decidió tomar cartas en el asunto ante una realidad que le disgustaba y por eso fue que se presentó a diputada en el parlamento europeo. Sacó una plaza y, desde entonces, no para de decir las cosas tal como son y no como les gustaría que fuesen a la mafia que se ha hecho con el control de las instituciones. Explicó perfectamente todo aquello de la pandemia y el paso del tiempo no hace otra cosa que darle la razón. Y es que la verdad, como a ella le gusta decir, no tiene necesidad de que la defiendan. Siempre acaba por salir a la luz; lo único que hacen las parteras como Chistine es acelerar el alumbramiento. 

Anda ahora Christine con lo de la libertad de expresión. Ya saben que los políticos de lo que un día se dio en llamar mundo libre, andan muy preocupados porque la gente del común tiene medios técnicos -las redes sociales- para hacer resonar en el ambiente lo que piensan. Una osadía a todas luces, porque ese privilegio, hasta hace cuatro días, estaba reservado a cuatro gatos que compartían mesa con los mentados políticos. Así que, tan inteligentes ellos, han pensado que, a grandes males peores remedios, y por eso ha sido que se hayan puesto a legislar sobre lo que es verdad y lo que es mentira. Como dice Christine, son las típicas cosas que hacen los tiranos cuando están desesperados porque ven que su nave hace agua por mil sitios.

Salvando las diferencias, todo esto me recuerda mucho a los últimos tiempos del franquismo, cuando todo lo que hacían y decían los políticos del Movimiento nos sonaba a chiste. Porque los estertores de un sistema tienen todos los ingredientes de la comedia. Una mentira se trata de tapar con otra más gorda y, así, en una huida hacia ningún sitio se da en el esperpento... que es en lo que estamos.  

jueves, 12 de septiembre de 2024

Mamonadas

 ¡Cómo está el mundo, Facundo! Una tipa que, por cierto, está como un tren y, por si eso fuera poco, se las ha ingeniado para conseguir del erario público un sueldo de quince mil euros mensuales, ha dicho que todos los hombres somos violadores en potencia. Obvio de toda obviedad, porque en potencia lo somos casi todo, por no decir todo, y, violadores, entre lo que más. Ya lo decía un compañero mío de colegio con su potente voz de barítono: "yo, es que me las follaba a todas". ¡Pues claro, hombre, y quién no! Pero ya se sabe, del dicho al hecho hay un gran trecho y, en las cosas del fornicio, ni te digo. Bueno, parece ser que hay por ahí una asociación -otra más- que ha interpuesto una querella a la tipa de marras, que mira tú que hay que tener ganas de líos para meterse en tales procedimientos. 

Y en esas estando, voy y me entero de que otra asociación, en este caso la Federación Estatal de Asociaciones LGTBI+, denuncia que uno de cada cuatro jóvenes LGTBI sufren acoso escolar sin que en el ochenta por ciento de los casos las autoridades académicas hagan nada para evitarlo... ¡a Dios gracias, digo yo! Me imagino que cuando dicen jóvenes LGTBI querrán decir que son un poco, o un mucho, mariquitas. Ya te digo, Federación Estatal, no teníamos ya bastante con los sindicatos y ahora vienen estos a saquear lo que queda de las arcas del Estado. Porque para eso se monta una Federación, me imagino, para dedicarse al saqueo de lo público. 

De todas formas reconocerán conmigo que lo de aplicar la estadística a las ciencias sociales es un chollo morrocotudo. No hay truco que se le pueda comparar en la cosa de arrimar el ascua a tu sardina. ¿Es que hay algo que no puedas demostrar con tales artimañas? Ya te digo, niños acosados en el patio del colegio. ¡Pues claro, hombre, todo el que muestra algún tipo de debilidad o diferenciación! Porque los niños son la humanidad en estado puro. Donde ven oportunidad de prevalecer de inmediato la aprovechan. Eso forma parte de la educación sentimental de cualquiera. Intentando prevalecer es como uno se pega los castañazos que configuran el carácter. Y si no te los pegas de niño, peor para ti porque te los pegarás de adulto. 

En resumidas cuentas, lo de siempre, cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo. ¡Ay, si hubiéramos de andar perdiendo el culo por llenar el plato de cada día! ¿A quién le iban a consentir vivir entonces de todas esas mamonadas? LGTBI+... Cataluña al completo -Lerida, Gerona, Tarragona, Barcelona-. La I y el signo + no sé a cuento de qué. 

miércoles, 11 de septiembre de 2024

Maniqueo

 A veces hablar con gente sirve para caer en la cuenta de cosas con las que tienes que andarte con mucho cuidado. Por ejemplo, a nada que te descuidas estás elaborando teorías fundamentadas en conjeturas emanadas de tú propia ideología. Para una persona ideologizada es imposible distinguir entre conjetura y realidad si la conjetura encaja como un guante en su ideología. Y es justo por este trastorno mental tan difundido por el mundo por lo que suele ser tan aburrida la cháchara en general y la de bar en particular. Ayer estaba acompañando a María mientras ingería un chocolate en una cafetería de por aquí y, de pronto, aparecieron por allí dos amigas suyas que, como es natural, invitamos a sentarse. Tres mujeres en plan preciosas ridículas, diciendo vulgaridades, o tópicos, de todos los libros -para chachas- que han leído y películas -indoctrinantes- que han visto. Luego se pusieron a filosofar sobre la realidad circundante. Me acordé de San Agustín cuando decía aquello de "estando tanto tiempo persuadido de mí con engaño que sabía la certeza de verdad, había parlado con liviandad y fervor de mancebo muchas cosas dudosas, como si fuesen averiguadas". O aquello de "hinchado y soberbio con aquel error y herejía de los Maniqueos".

¡Por Dios bendito! ¿Por qué será que no enseñan en las escuelas quién fue ese tal Maniqueo? Quizá porque los maestros, o maestras, porque ahora todo son maestras,  vienen todos de esa indoctrinación marxista que tan bien encaja con el maniqueísmo. Buenos y malos, ricos y pobres... y todo así, tan sencillo. Quizá por eso es que las maestras, y los pocos maestros que quedan, no pierden evento cultural, que les dicen, que siempre rematan comentando la jugada en los bares. Es como si estuviesen siempre bailando en las laderas del Pelión dispuestas a comerse a cualquier despistao no comulgante que aparezca por allí. 

En fin, qué tiempos nos ha tocado vivir; recuerdo que mi padre y los cuatro o cinco amigos que le conocí, nunca estaban seguros de nada. Todo lo cuestionaban y hacían del escepticismo el cemento de su amistad. Claro que ellos venían de pasar por una guerra, así que lo de buenos y malos, y simplificaciones por el estilo, no les cabía en la cabeza. Y tampoco eran gente de ir mucho a los bares, que eso sí que imprime carácter... sobre todo en este país. 


martes, 10 de septiembre de 2024

Alexandra Henrion Caude

María tiene unas amigas que se han vacunado ni se sabe ya las veces. Claro que, todo hay que decirlo: son socialistas a rabiar. Estos días pasados, según he podido saber, andaban maluchas. Le han dicho a María que tenían covid. En los últimos tres años ya lo han pillado como veinte veces. Según ellas, porque se han vacunado, que, si no, ya estarían muertas. En definitiva, un clásico caso de "tras cornudo, apaleado". A mí no me ha extrañado nada, porque, como ya les he dicho, son socialistas avant-garde. Ya saben, de mucho mirar la berza, pero mucho más agarrar el tocino. 

Les traigo estas cosas a colación porque he estado viendo esta mañana la entrevista que hace ocho meses le hizo Didier Maïsto a Alexandra Henrion Caude con motivo de la publicación de su libro "Les apprentis sorciers" (Los aprendices de brujo). Es muy curioso lo de esta mujer a la que vengo siguiendo desde que comenzó el circo cóvico. Resulta que lo había sido todo, a nivel mundial, en la cosa de la genética, pero desde que la apartaron de todos sus cargos por haber dicho la suya a propósito del circo en curso, de lo que más le han acusado tanto políticos, como periodistas, como lameculos en general, ha sido de ser católica practicante. ¡Cómo va a decir algo sensato si es católica! Sí señores, y señoras, que se me olvidaba, a esto es a lo que hemos llegado. Levantase la cabeza Erasmo y de inmediato se pondría a reescribir su Elogio de la Estulticia al comprobar cuan corto se había quedado. 

De todas formas, católica o no, las ventas de su Aprendices de Brujo no cesan de aumentar al mismo ritmo que disminuyen las cifras de los que acuden a los centros de vacunación. Ya hay que ser muy tonto todo el tiempo para seguir sobre la brecha del sostenella y no enmendalla. Ya saben que cuanto más necio -o socialista, que sospecho que es lo mismo- es uno, más empeño pone en negar las evidencias que le desmienten. 

En fin, yo les recomiendo que vean esa entrevista porque es la prueba irrefutable de que los titanes nunca han desaparecido del todo de este mundo. Como a Prometeo, a Alexandra la encadenaron a una roca del Cáucaso, pero Atenea acudió muy pronto a auxiliarla trasformando la roca en el diamante que hoy luce en su dedo. Ese diamante que ilumina el mundo con razones sin vuelta de hoja. 

lunes, 9 de septiembre de 2024

Señoritos socialistas

Me mandan un titular aparecido en lo que se ha dado en denominar "Lo País". Debajo de la fotografía de un tipo de nombre Broncano que, por lo visto, es una celebridad en los medios televisivos, aparece entrecomillado lo siguiente: "Valoro a la gente que no se sacrifica casi nada por su trabajo". Vaya por delante que, como todo titular, es, sin duda, una manipulación. Sería necesario saber en que contexto ha incluido esas palabras para tener una idea un poco más exacta de lo que ha querido decir. Pero es que, además, esa frase, a mi juicio, está muy coja desde el punto de vista gramatical. ¿Qué quiere decir ese "valoro", que da valor o que calibra la calidad de esas personas? Si es para dar  o quitar valor, supongo que al verbo le falta el predicado. ¿Les da mucho, les da poco? En fin, es como cuando Zapatero dijo que el era un hombre de talante. ¡Como si no lo fuéramos todos! Lo que no nos dijo fue si era de buen o mal talante. 

Anyway, como supongo que el tal Broncano, como Zapatero, será socialista a rabiar, o sea, especialista en mirar la berza y coger el tocino, lo que ha querido decir, si es que lo ha dicho, es que a él le encantan los vagos. Francamente, se lo podría haber ahorrado, porque, siendo socialista, la cosa va de soi, como dicen los franceses. Me explico: leía el otro día, creo que en La Odisea, o sea, que la cosa viene de lejos, que lo que diferencia al hombre libre del esclavo es, precisamente, la actitud ante el trabajo: el libre pone entusiasmo y el esclavo racanea todo lo que puede. Lógico de toda lógica. ¿Para qué te vas a matar a trabajar si el que se va a ir a veranear a un palacio de Lanzarote va a ser el señorito? Justo por esto es por lo que es imposible que funcione el socialismo. Como decían los rusos de a pie de cuando los soviets: ellos hacen como que nos pagan y nosotros hacemos como que trabajamos. 

O sea que el meollo de la cuestión podría ser que al tal Broncano, como buen señorito socialista, le encantan los esclavos. Y fíjense bien que no ha dicho nada, sino casi nada. Como puede tener tantos, con ese casi le sobra y basta para que le tengan el palacio limpio como los chorros del oro. 

domingo, 8 de septiembre de 2024

Ciencia y religión

No recuerdo cual fue el sabio que lo dijo, pero, en cualquier caso, cuanto más pienso en ello más me convenzo de su transcendente importancia: lo peor que puedes hacer en esta vida es convertirte a la religión que estudias. Me costó mucho entenderlo, porque parece una boutade, pero pienso que ya he dado con el quid de la cuestión. Salvo las matemáticas, cuyo estudio sirve más que nada para afinar el pensar, el resto de las materias que te pongas a estudiar son tan escurridizas como la misma realidad, es decir, que o tomas distancia de ellas o acabarás convirtiéndolas en religión por medio de la fe. A partir de ahí, ya solo te queda el hacer el ridículo. 

Y así es como estamos ahora en la pleamar del ridículo gracias a esto que se ha dado en llamar redes sociales. Millones de personas que han leído dos libros a los que no tenían derecho, aprovechan esas herramientas de difusión para decir la suya. Repiten hasta la saciedad su opinión hasta que la convierten en convicción. A partir de ahí, ya no dejan de dar la matraca hasta que un batacazo, si es que llega, les saca del error. 

Como decía el padre de unos viejos conocidos, en lo único que se puede creer es en Dios y en el bicarbonato. La gente joven, ya, ni en el uno ni en lo otro. No saben lo que se pierden. En aquel entonces, cuando, en los restaurantes, junto al convoy de los aliños, había un bote de bicarbonato que era mano de santo para las digestiones pesadas. 

De estas cosas sé yo un montón porque estudie la más escurridiza de todas las ciencias. Es una ciencia que dicen sirve para curar. Y sí, estoy convencido de que en ocasiones cura, pero no menos convencido estoy de que por cada uno que cura mata a cien. Y es que la inmensa mayoría de los que la estudiaron la convirtieron en su religión, lo cual viene a ser el equivalente a la absoluta pérdida del sentido común o, si mejor quieren, sentido crítico. Claro que, también hay que comprender que es muy difícil para el que leyó dos libros a los que no tenía derecho saber separar el trigo de la paja y la realidad del modus vivendi. 

En fin, qué mundo éste en el que el que no corre, vuela en pos de quimeras. ¡Ya te digo, la ciencia! ¿O era religión?

sábado, 7 de septiembre de 2024

Descreencia

Llamaron ayer a la puerta y resultó ser un payo, por los cincuenta, que me quería vender una fibra digital baratísima. Pronto vio el tío que daba en roca y, entonces, empezó a quejarse de lo mal que estaba todo. No mucho, pero algo le entré al trapo. Ya saben, en donde residía la causa de que él no pudiese comprarse un piso y esas cosas. Él lo tenía claro, los empresarios. Yo le sugerí que, a lo mejor, no se había esforzado lo necesario cuando era joven. Entonces se subió por las paredes. Oye, le dije entonces, yo porque usted se ha quejado que, si no, no digo nada. Entonces el tío, que había visto mis guitarras, volvió a lo de la fibra y lo bien que me vendría para la cosa de la música. Le dije que para nada y él volvió a lo suyo que no era otra cosa que el rencor existencial. Imagínense, a los cincuenta, a lo mejor con dos o tres hijos adolescentes, yendo por los pisos a vender humo... si eso no es para suicidarse que venga Dios y me diga lo que es.  

Sí, ese rencor tan extendido que es el fertilizante sobre el que germinan las ideas socialistas. El tío lo era a rabiar. La cosa, evidentemente, no tiene solución: mientras haya fracasados, habrá socialismo y, mientras haya socialismo habrá millones de bares, peluquerías, uñerías, etc., que son los refugios naturales de los fracasados porque en ellos todo invita a lamerse las heridas... en comandita, que es como mejor se alivia el dolor. 

El gran problema de todos estos desgraciados es que se han creído lo de que Dios no existe.  Van a los bares y blasonan de ateos y como que se crecen. No se les alcanza a los pobres que los dioses son una representación simbólica de las herramientas de reflexión. Esto es muy fácil entenderlo leyendo, yo qué sé, pongamos que la Odisea. Ulises está ya de regreso  en Ítaca, pero sabe que en su casa no será bien recibido porque hay gente que se ha hecho ilusiones debido a su larga ausencia. Tiene que pensar muy bien la estrategia a seguir para conseguir su objetivo. Y ahí es en donde aparece Atenea. Atenea, digamos que la razón -ha nacido de la cabeza de su padre Zeus-, le marca los pasos a dar con precisión. La razón es lo que nos hace a imagen y semejanza de los dioses. Por eso hay que tener temor de ella, porque si no le ofrecemos los debidos sacrificios nos puede jugar muy malas pasadas. Y, desde luego que ofrecérselos desde los bares y peluquerías no le gusta un pelo. Eso está bien para festejar a Dionisos -que nació de un injerto que se colocó Zeus en el muslo-. Ya ven, toda esa gentecilla todo el día celebrando a lo que salió de un muslo. ¿Qué se puede esperar de ellos? Se lo diré: socialismo. 

En fin, perdonen, pero es que uno ve a lo que se ha llegado con tanta descreencia -o vaguería, que no sé- y se muere de pena. 

viernes, 6 de septiembre de 2024

Sabor de barrio, tesoro antiguo

 De pronto la ciudad se ha llenado de pequeños locales dedicados a cortar y embellecer las uñas de las señoras. Nunca he visto un hombre en esos locales que siempre tienen una gran cristalera a la calle. Recuerdo que hace unos treinta años o así, una amiga americana que hice en Salamanca, me escribía con frecuencia desde Vacaville, California y, en una de sus cartas, me contaba que había decidido dejar de ir a hacerse las uñas y emplear ese dinero en el banco de alimentos de su parroquia. Yo aluciné al enterarme de que la gente en EEUU iba a un sitio a que le cortasen las uñas de la mano. Una degeneración moral, sin duda, como me dijo la mentada americana que estaba muy pesarosa por haber caído en la cuenta de lo estúpido que había sido su proceder. Sin duda Salamanca le había abierto los ojos en muchas cosas. Entre otras, que la ropa era mejor secarla al sol. Imagínense, con todo el que hay en California y toda la gente, veintitantos millones, secándola a golpe de electricidad. Supongo que hará falta una central atómica solo para eso. 

En fin, sea como sea, el caso es ese, que no hay día que no vea un nuevo local para cortar uñas, muy cucamente adornado, algunos con un caniche con lacitos paseando entre las clientas, por los aledaños de mi casa. Esto ya está hecho un Vacaville cualquiera. Ahora solo falta que las que van a cortarse las uñas caigan en la cuenta de que son imbéciles y cambien de proceder como hizo mi amiga de Salamanca. Porque es que, además, es algo sumamente desagradable; por lo menos a mí no me gustaba un pelo cuando mi profesora de guitarra, en el Celeste de Barcelona, se empeñaba en limármelas. Y eso que era era una chica bien mona. Pero es que hay cosas que como uno mismo no te las puede hacer nadie. En fin, trances de la vida. 

Pues sí, es un misterio; si a este barrio le quitan las peluquerías y las uñerías -llamémoslas así-, ¿en qué se queda? Porque bares hay unos cuantos, pero apuesto que menos de uno por cada diez de las otras. Son muy curiosas estas necesidades de la gente. Ahora todos los jóvenes necesitan ir cada quince días a esculpirse el pelo. Lo de las mujeres viene de lejos: media vida en la peluquería. No lo entiendo, la verdad. Hace casi veinte años que me compré una maquina en Lidl por menos de veinte euros y me lo corto en casa en cinco minutos cuando me apetece. 

Desde luego que si hay algo sorprendente es la ciencia económica. Voy por la calle, veo un local en obras. Media docena de operarios, montones de material, y al cabo de quince días vuelvo a pasar por allí y hay una uñería o peluquería. Y es así como va la nave, con actividades que, a mi entender, son absolutamente prescindibles e improductivas. Y si no te cortan el pelo o las uñas, te dan masajes, o te ponen agujas, o te venden adornos... bueno, también aquí al lado tengo a un señor aborigen que recicla los ordenadores y, unos metros más allá, un paquistaní que lo mismo te plancha un huevo que te fríe una corbata en la cosa de los teléfonos. Por no hablar de los chinos, que a menos de veinte metros tengo a unos que me venden una fruta increíble por la mitad de lo que antes me gastaba en Mercadona. Y carnicerías y pescaderías, que a la gente le encanta ir a sitios que hay que hacer cola y te dan palique. No veas tú el que me da la china, que, por cierto, no la entiendo una palabra, pero nunca deja de sonreírme. 

Sabor de barrio, tesoro antiguo, que cantaba el magistral Gato Pérez

 

jueves, 5 de septiembre de 2024

Sísifo

Esta casi obligación que me tengo impuesta de escribir a diario una entrada en este blog no se crean que es cuestión baladí. Es un poco, abusando de la simbología, como la piedra de Sísifo; sobre todo esos días que estoy ganado por el escepticismo más radical. Tales días el esfuerzo es ímprobo y, por lo general, para ver después rodar la piedra hacia abajo con más velocidad que nunca. Y, si escribir no es otra cosa que reflexionar, del reflexionar con desgana, o por cumplir, nunca suele salir nada que merezca el nombre de reflexión. 

Lo reconozco, estoy seco. Me pongo a tocar la guitarra y me doy cuenta de que tengo rota la uña del dedo medio de la mano derecha. Una uña imprescindible. Así es que cada vez que la uso la siento y, eso, me distrae. Cosas de la vida; se ve que los dioses omnipotentes, por lo que sea que hice mal, han querido darme un toque y me han enviado este alifafe consistente en hacer que esa uña, al llegar a su término, se parta en dos. No puedes tocar nada con ella porque se engancha. Una sensación desagradable en cualquier caso que impide la concentración. 

En fin, los dioses. Ayer lo comentaba con Carlos, mi querido amigo palentino, sobre el temor que les debemos tener si queremos ser civilizados. De lo contrario, del ignorarlos, es que tantas veces andemos por el mundo como putas por rastrojo. Porque así es como andan los salvajes, por mucho que a veces vayan conduciendo un Lamborghini. 

Ya digo, hay días que no hay forma de empujar la piedra hasta arriba. ¡Y qué le vamos a hacer!

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Casta de Zeus

Cuando uno ve ya en la otra orilla el campo de asfódelos es fácil que entienda los grandes libros sapienciales. El bíblico Libro de Sabiduría, La Gran Enseñanza de Confucio, etc.. Se mire como se mire, se parecen todos con una gota de agua a otra. Y es que todo lo que hay que saber son las cuatro cosas que el más elemental sentido común se encarga de indicarte como imprescindibles para poder vivir en armonía con tus congéneres. Entonces, me preguntarás, ¿por qué esos libros levantaron tanto revuelo a lo largo de los milenios? Te lo diré sin demasiado miedo a equivocarme: porque la madre naturaleza es tremendamente injusta al repartir sus dones. Ténganlo por seguro, de tal injusticia nos vienen todos los desequilibrios y no habrá nunca príncipe lo suficientemente sabio para corregirlos; acaso, lo más, lo más, podrá paliarlos por una temporada. 

La naturaleza, a unos les hace inteligentes y a otros torpes, a unos atléticos y a otros enclenques, a unos los hace nacer en palacios y a otros en chozas. Así, con esas diferencias, es inevitable que la armonía esté llena de disonancias. Y fíjense en la cantidad de siglos que tuvieron que pasar antes de que las disonancias fuesen aceptadas como naturales e, incluso, adornos imprescindibles en la música so pena de abandonarla a un estado mortecino. 

La asunción de las disonancias ha sido un largo recorrido desde la noche de los tiempos para acá. Metías, allí por el medievo, un tritono en una pieza musical y tenías muchas probabilidades de acabar en la hoguera. Y es que el príncipe sabe que al pueblo llano le subleva que le toquen sus gustos y creencias. Pero claro, ahí están los desfavorecidos por natura carcomiéndose las entrañas. Y ya conocen el dicho, que Dios donde quita pone. Si te quita fuerza te da inteligencia, si te hace contrahecho te da mala leche. Y los príncipes parecen ignorar que no hay fuerza capaz de neutralizar la inteligencia, ni limosna que aplaque la mala leche. 

Por eso no funciona el invento, porque estos príncipes que nos gobiernan se quedaron anclados en los viejos manuales de armonía: el imperio de la jerarquía. Tónica, dominante y subdominante. Eso es tan aburrido que lleva indefectiblemente al suicidio... que es en lo que, al parecer de muchos, estamos. Y es que digerir a tipos como Schöenberg, Hayek, Freud, Loos, Rothbard, etc., lleva tiempo, no por nada, sino porque todos ellos son paladines de la desjerarquización, es decir, de la agonía; de la vuelta al viejo mundo clásico, en definitiva, cuando cada uno estaba obligado a responsabilizarse de su propia vida... como Odiseo divino, casta de Zeus.  

martes, 3 de septiembre de 2024

Gloomy

En mis búsquedas por YouTube es inevitable que mi vista caiga sobre los abultados titulares de algunos vídeos. Desde luego que ni por asomo se me ocurre ponerme a mirarlos, más que nada por aquello que les decía ayer de la vehemencia. Pero ya sé que la publicidad va así, fundamentalmente por los caminos de la vehemencia o, si mejor quieren, la exageración. Así fue que esta mañana caí sobre el titular: CAMINO A LA PERDICIÓN. EUROPA HACIA EL ABISMO. ¡Toma castaña! ¿A ver quién es el que no se siente concernido ante tamañas negras premoniciones? Lo que pasa es que, a mi juicio, nunca, como con esto de las redes sociales, se había visto tomar tanto cuerpo aquella metáfora de "que viene el lobo". Porque las redes sociales tienen cosas maravillosas, sobre todo en lo del aprendizaje de las más diversas materias, pero, en lo que hace a la información de tipo político, es, sobre todo, el paraíso de los agoreros; ahí se pueden explayar todo lo que quieran que, cuando más negras sean sus premoniciones, mayor será su audiencia. Ya saben, todo el que anda jodido en un momento u otro, que es una inmensa mayoría de la especie humana, nada hay que le consuele tanto como que le confirmen en la idea de que todo se va a ir a tomar por el saco. 

Europa hacia el abismo. ¡Pues claro hombre, eso lo ve hasta un ciego! ¿Y quién es el que no va hacia el abismo? ¿Y qué hay de malo en ello? ¿O es que acaso no se renace de las cenizas? Europa, como cualquier otro lugar del mundo, tiene sus ciclos y, diría yo, que ya tuvo su lote de máximos y, ahora, anda por el punto de inflexión que le ha de llevar hacia los mínimos. Si hasta Julio Iglesias lo cantó: unos que vienen, otros que van, la vida sigue igual.  

En fin, negros presagios, lúgubre, gloomy, que dicen los ingleses. Y es que hay días que como que daría gusto escuchar al coronel Baños... ayer, sin ir mas lejos, todo el día morrinando, con un viento racheado que hacía inviables los paraguas, con el fantasma de un crucero gigantesco anclado en el muelle de la estación marítima, y la bahía como un plato gris mortecino sin límites definidos. Son las boqueadas del verano santanderino. Como el que recuerdo de mi infancia. Las lluvias que anunciaban la ya próxima vuelta al colegio. 

El dichoso Coronel Baños -una vez me arriesgué a escucharle-; larga tanto el tipo que, digo yo, alguna vez acertará. Simple cuestión de probabilidades. Lo que pasa es que si acierta el coronel solo puede ser porque por fin ha llegado el tan ansiado lobo. 


lunes, 2 de septiembre de 2024

Vehemencia

El gran problema de la vida es que siempre aprendemos demasiado tarde lo que es realmente útil. Muchas veces son pequeños signos a los que nunca dimos importancia, pero que, sin embargo, estaban ahí para marcar la diferencia. Quizá, no lo sé, entre la elegancia y el horterismo. O, más aún, entre la clarividencia y la ofuscación.  

Por poner un ejemplo omnipresente en nuestras vidas: la vehemencia. ¿Qué se esconde detrás de la vehemencia? Indudablemente, y sobre todo, la ausencia de reflexión. Algo reflexionado, por definición, te sume en un cierto grado de perplejidad por la sencilla razón de que la realidad es inaprensible. Ya lo dijo el sabio, que si quieres tener una razonable razón, valga la rebuznancia, dedícate a las matemáticas, porque todo lo demás son problemas sin solución. 

Tardé mucho en darme cuenta de que la vehemencia es, eso, una ofuscación, una declaración de incompetencia. Un querer convencerse a si mismo de que algo es como te gustaría que fuese por el estúpido procedimiento de intentar la aquiescencia ajena a golpe de abrumamiento. 

Uno, supongo, ha practicado mucho en esta vida ese tipo de estupidez y, también, la ha soportado mucho en el entorno. Pero, al fin, caí en en la cuenta de su verdadera sustancia. Por eso, cuando estoy razonablemente lúcido, huyo de ella como de la peste. Y no por nada sino porque no hay peste más contagiosa que el ofuscamiento. Te pones a hablar con un ofuscao y a los dos minutos ya has tirado por la borda el discurso del método cartesiano... ¡con lo que te costó entenderlo! Abscisas y ordenadas para saber dónde estás.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Pastillas

 Odiseo divino despierta en Ítaca sin saber que es Ítaca: 

-¡Ay de mí! ¿En qué país de mortales me encuentro yo ahora? ¿será gente arrogante tal vez, salvajes e injustos, o quizá hospitalarios y tienen temor de los dioses?

Me manda Manolo un podcast titulado La Forja y la Espada. Viene a decir: ¡Chicos, esto es un asco! Nos hemos reblandecido; ya solo pensamos en divertirnos. O nos ponemos las pilas o nos vamos a la mierda. Tenemos que recuperar el sentido de la trascendencia. Tenemos que vivir para ganar cielo. La renuncia, el desapego, la disciplina. Todas esas cosas tan de moda desde que en el mundo mandan los socialistas. Un tío que se tira una hora dándole vueltas a estas cosas. Sintetizan mucho mejor los textos clásicos, Homero. Lo tenían claro, o temes  los dioses o eres un salvaje. 

A mí me parece que a nadie se le convence con palabras. Y menos todavía, si las palabras son vehementes. De convencer con algo será con el ejemplo. Con la serenidad que da el temor a los dioses. O a Dios, si te gusta ser monoteísta. Yo tengo que hacer bien la tarea que me está encomendada porque, si no, los dioses, o Dios, se encabrona y me lo hace pagar con cualquier mala jugada. 

Para saber de estas cosas no hace falta doctrina alguna o religión. Te lo enseñan en casa tus padres porque a ellos les fue trasmitido por los suyos y, además, tienen experiencia acumulada al respecto. Si quieres estar bien, te tienes que esforzar. Y tienes que ser generoso con los débiles. De lo contrario, te sentirás mal y necesitarás tomar pastillas. 

En definitiva, tener o no tener que tomar pastillas, eso es lo que marca la diferencia.