Divaga Santi sobre la ficción. ¿Por qué está con nosotros prácticamente desde que nos bajamos de los árboles? ¿Es una puerta abierta al inconsciente? Sí, parece una bella posibilidad. Pero entonces aparece el profesor García Maestro y te pregunta qué es lo que tú entiendes por inconsciente. Y entonces te acuerdas de Freud y todo eso de los sueños. Pero el profesor Maestro -ese pleonasmo- va y te dice que el inconsciente es una creación de la mente humana para tratar de explicarse cosas que no puede entender. Digamos que lo mismo que pasa con la idea de Dios.
Seguramente, la ficción está con nosotros desde los orígenes por la sencilla razón de que de lo primero que se dio cuenta el mono que muto a humano fue que la realidad circundante se le hacía insoportable. Motivos para ello los hay de sobra por todas partes. Como contaba Castilla del Pino en aquel libro en el que relataba dos historiales clínicos de dos enfermos depresivos; la depresión, nos venía a decir, no es más que la objetividad llevada al paroxismo. El depresivo no puede subjetivizar: lo que es negro lo ve negro y se desespera al comprobar que la gente que le rodea se empeña en verlo de colores. Sin duda vivir en ese estado de clarividencia total sin poder salirse de ella debe ser un tormento.
Si bien lo consideramos, en la vida de una persona sana hay una dialéctica permanente entre el tratar de aprehender la realidad para mejor adaptarse a ella y el huir despavorido de ella tan pronto la intuyes. Y no se me ocurre otra vía de escape que no sea la ficción. Recuerdo perfectamente que de niño no paraba de imaginar historias. Los expertos en la cosa de la psique llaman a eso vida fantasmática, algo totalmente natural en los niños y que con los años a la mayoría se les va apagando y siendo sustituida, seguramente, por la amargura.
Sea como sea, que vete tú a saber, lo que sí les puedo asegurar es que pocos trances tan intensos he tenido en mi vida adulta como cuando me he puesto a escribir ficción. Nunca con nada conseguí salirme tanto de mí mismo como con eso. Te metes de lleno en una historia y acabas por no saber quién eres ni en que mundo vives. Los personajes que creas, como los dioses, te llevan de la mano y, si te resistes, te arrastran. Es imposible controlarlos. Supongo que la invención del inconsciente sirvió para explicar todo eso: algo que tienes dentro que se empeña en salir por medio de la ficción que estás creando. En fin, ya digo, vete tú a saber, porque sobre los mecanismos de la mente humana nunca paramos de especular y siempre estamos en las mismas.
Continuará.