lunes, 30 de septiembre de 2024

Piel de Zapa

Ayer fuimos a pasar el día a Somo que viene a ser lo que los franceses llaman una estación balnearia. Había gente, pero no mucha y casi toda relacionada con la cosa del surf. Una furgo, una tabla, un perro, una estación balnearia atlántica, una guitarra acaso, y que aquí me las den todas. Yo comprendo que a los treintaitantos eso puede ser una tentación irresistible para cualquiera que tenga en perspectiva fundirse parsimoniosamente la herencia de unos padres acomodados. De hecho, todas las calles de Somo y Loredo estaban llenas de perros y furgos. 

Son modas y las modas están hechas para apuntalar la movediza personalidad de los adolescentes. Acogerse a cualquier moda les da la seguridad de que están acertando. Afortunadamente, la inmensa mayoría se empieza aburrir pronto con la moda de turno y ensaya otras. Es una forma de ir acumulando frustraciones y, por tanto, de madurar. Sin embargo, hay una minoría que se queda colgada de la primera moda a la que se enganchó y, luego, cuando ya van por los cuarenta, tienen esa inconfundible pinta de los rokeros que nunca mueren que inspira al que los ve una mezcla de sentimientos entre la ternura y el dolor. Es imposible no pensar que son vidas desperdiciadas... aunque eso, vete tú a saber lo que es. 

Fuimos y volvimos, desde Somo a Loredo, caminando por la playa. Una cosa que hice multitud de veces a lo largo de la vida. Tener ese espacio a mano -media hora de barca- es el gran privilegio de los santanderinos. Es como si hubiésemos hecho un pacto con el diablo. Cuantas veces, en mis periódicas estancias santanderinas, sintiéndome atacado por la melancolía, he agarrado la lancha y me he ido a recorrer ese arco de ballesta solitario con la música de fondo de las olas al romper. Ida y vuelta, doce kilómetros al menos; lo suficiente para calmar los espíritus más atribulados. Pero ayer, cuando ya veníamos de regreso, me acordé de la peau de chagrin (piel de zapa); iba reventado: mi tiempo se acaba. Llegué a casa para el arrastre y a las ocho y media ya estaba en la cama durmiendo. 

La vida es así, un continuo ir recibiendo avisos para que limites tus aspiraciones. Bien es verdad que ayer hacía un día muy pesado: presión baja y temperaturas altas. Quizá cuando lleguen las calmas otoñales podré intentarlo de nuevo... para comprobar cuanta piel de zapa me queda. 

domingo, 29 de septiembre de 2024

First Do Nor Fharm

Hay un tipo por ahí que ha escrito un libro titulado "Trabajos de mierda". Por lo visto se refiere a todos esos trabajos inútiles que solo sirven para que la persona que los realiza esté ocupada, lo cual, por supuesto, no es cuestión baladí, porque estar ocupado, sea en lo que sea, es un escudo contra los sufrimientos morales de todo tipo. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas, porque la mayoría de esos trabajos, en mayor o menor grado, suelen ser perniciosos desde el punto de vista social. Y, claro, ahí se establece un difícil balance entre beneficios para el que realiza el trabajo y daños para todos los demás, que contribuye, y no poco, a emputecer el ambiente general. La burocracia, en su inmensa mayoría, cae en esa categoría de emputecedora del ambiente. Aunque, no se nos puede escapar que, si los millones de burócratas inútiles anduviesen por ahí ociosos, a lo mejor no la emputecían más. 

Pero, una cosa es analizar los asuntos desde el punto de vista sociológico, es decir, de lo colectivo y ,otra, de lo psicológico o individual. A nivel individual, uno, a poco avisado, o valiente, que sea, conoce la procesión que lleva por dentro. Por eso, en puridad, uno no puede opinar si no es sobre sí mismo. Los demás, allá cada uno con su cruz que yo ya tuve bastante con la mía. Afortunadamente, antes de los cuarenta ya me había dado cuenta de que lo que hacía ni me gustaba ni era socialmente recomendable y, por tal fue que, decidí quitar peso a la cruz. Poco después, afianzando mi sentimiento de ridículo con todos los comentarios que sobre mi profesión iba leyendo en los textos de los clásicos, decidí tirar la cruz en el primer basurero que encontré. 

Fíjense, la medicina, una profesión tan honorable, así, a primera vista. A segunda es otra cosa. Mi padre decía que, si le hubiesen dejado prescindir de media docena de familias del pueblo, no hubiera tenido prácticamente ningún paciente ya que el común de las personas dedicadas a las tareas provechosas nunca enferman. Claro que eso lo decía antes de que Franco montase la socialdemocracia, o sea, que le dio a cada ciudadano una cartilla de la seguridad social; a partir de ahí, automáticamente, todos empezaron a enfermar y consumir pastillas como posesos. Mi padre, en parte para defenderse de la avalancha que se le había venido encima y, en parte para estar en sintonía con el común de la gente, también enfermó y se puso a consumir pastillas a toda pastilla, valga la redundancia. Por eso fue que cuando tiró la cruz ya estaba hecho una mierda. Su cruz, entonces, eran las pastillas; una de las peores que puede haber y que desgraciadamente lleva encima media humanidad. 

No se crean que les digo esto porque quiero hacer chistes. No, miren, ya saben que el precepto fundador de la profesión médica es "Primun Non Nocere", (lo primero no hacer daño). En inglés "First Do Not Harm". Pues bien, el Dr Aseem Malhotra, un cardiólogo británico que hasta que empezó a decir la suya sobre las vacunas era lo más de lo más dentro de su profesión y que, ahora, según fuentes oficiales, es un paria de la tierra, se las ha apañado para, en compañía de otros parias, producir una película que en estos días se exhibe en un cine de Leicester Square, London. Los entendidos ya saben a qué me refiero cuando digo un cine de Leicester Square. Pues bien, jugando con el lenguaje, Malhotra, ha titulado esa película "First Do Not Fharm". Es decir, lo primero, no consumir pastillas. Y en esas estamos, y yo que me alegro un montón, porque desde mucho antes de hacer mi primera reducción de cruz ya había caído en la cuenta de que era precisamente en las pastillas en donde residía el problema. La verdad es que había tenido un jefe en Oviedo que me había abierto mucho los ojos a tal respecto. Y así fue que, desde muy pronto en mi vida profesional, decidí no recibir a ningún representante de la industria farmacéutica. No creo que haya un trabajo más miserable que el de esa gente; corrompen a los médicos para que, estos, emponzoñen a su vez a la población con las pastillas milagrosas.  

En fin, no sé, porque uno solo puede opinar de lo propio, pero para mí que tanta enfermedad como hay por ahí no es sino la consecuencia de tanto trabajo de mierda. En esto estoy totalmente de acuerdo con lo que decía mi padre, que la gente que hace trabajos útiles, si no se mete el Estado por medio, nunca enferman y siempre mueren con las botas puestas.  

sábado, 28 de septiembre de 2024

Catarsis

La Dra. Karina Acevedo Whitehouse es una científica mexicana  dedicada a la cosa de las terapias génicas. Lo primero que hace cuando la entrevistan es explicar lo que es una terapia génica y lo que es una vacuna. O sea, que para empezar, insiste, lo fundamental es llamar a las cosas por su nombre para que todos nos podamos entender. Porque esa es la cuestión, que aquí nadie se ha vacunado contra el Covid, cualquier cosa que eso sea, por la sencilla razón de que no existe vacuna contra tal cosa. Aquí lo que han hecho miles de millones de personas ha sido someterse a una terapia génica que es algo de lo que no se tiene ni idea respecto de las consecuencias que pueda tener a medio y largo plazo. La gente ha sido engañada por el viejo truco del almendruco, es decir, dar gato por liebre. Manipular el lenguaje, en definitiva. Dice Karina: ¿hubiesen corrido las gentes a los dispensarios su hubiese sabido que lo que les iban a meter era una terapia génica? Ustedes, ¿qué piensan al respecto? 

Entonces, Dra, ¿usted que recomienda -en México todavía usan el usted-, vacunarse o no vacunarse?, insiste el entrevistador. Yo no recomiendo nada, solo informo, contesta Karina. Lo fundamental, añade, es que las personas adultas se responsabilicen de sus propias decisiones. Por mucho que el poder político se haya empeñado en tergiversar el lenguaje y manipular la información, ha habido desde el principio de la pandemia multitud de voces autorizadas que han explicado con exactitud de qué iba el asunto. En Telegram han tenido toda la información necesaria. El que no ha accedido a ella ha sido porque no ha querido. Y yo comprendo que decir esto crea malestar en muchas personas porque no quieren enfrentarse con la realidad de que han hecho dejación de su propia responsabilidad en un asunto, no baladí, por cierto, de su sola incumbencia; las consecuencias para muchos han sido terribles y, para todos, imprevisibles. 

Y, mientras tanto, como Telegram era cosa de fachas, tampoco se enteraba el personal de que los políticos, y responsables sanitarios, andaban de juerga -sex partys- por las cancillerías. Ellos sabían perfectamente que todo era un cuento porque habían sido precisamente ellos los que lo habían montado. Recuerdo que el año veinte, recién comenzadas las mal llamadas vacunaciones, en la fiesta de fin de año en la Puerta del Sol pudimos ver una gran pancarta en la que se pedía a la gente que se informase por Telegram. Se lo comente a algunas personas y, sin excepción, sus comentarios fueron despectivos. Para esas fechas ya hacía meses que estaban publicados en Telegram los estudios estadísticos de Mattias Desmet, por no hablar de las advertencias sobre la terapia génica de Alexandra Henrion Caude o, los no menos autorizados análisis de la jugada del Dr. Perrone. Y eso por poner unos pocos ejemplos de voces que, hasta que comenzó el circo, eran lo más de lo más en sus respectivas materias a nivel mundial. 

Enfrentarse a la propia realidad y reconocer las vergüenzas: eh ahí la catarsis necesaria para poder sosegar un poco. En fin, allá cada cual, pero que nadie me venga con cuentos porque, a medida que la verdad se abre paso, cada vez se nota más la procesión que llevan por dentro los que en su día se dejaron embaucar. Ese nerviosismo ambiental ¿a qué puede ser debido si no? ¡Tanto confiar en la Virgen y no correr! En la Virgen socialista, por supuesto. 

 

viernes, 27 de septiembre de 2024

Tierra prometida

 Vuelvo a lo de ayer, al vídeo  en el que vera Vera Sharav, judía ella, nos da su visión sobre determinados aspectos del pueblo judío. El caso es que escuchándola, una vez más -ya van millones, no soy capaz de aprender-, me acordé de las palabras de San Agustín: "estando tanto tiempo persuadido de mí que sabía la certeza de la verdad, había parlado con liviandad y fervor de mancebo muchas cosas dudosas, como si fuesen averiguadas." Pues bien, he escrito muchas veces en este blog cosas de los judíos sin haberme preocupado antes de hacer las pertinentes averiguaciones. Aunque no todo lo que he escrito es humo de paja, ya que siempre he tenido una curiosidad, malsana por insaciable, por todo lo que se refiere a esa gente. Nunca se acaba de saber cosas nuevas sobre ella. Quizá, como un lejano día comentaba con mi madre, esa sea nuestra procedencia: tanto por vía materna como paterna, nuestra familia, desde que tenemos memoria de ella, cuatro o cinco generaciones, siempre se han dedicado a profesiones liberales, ya sea por la vía del comercio, ya por la del conocimiento. Incluso, el abuelo paterno, al parecer, se había licenciado en lenguas semíticas... aunque la verdad es que en lo que destacó fue como jugador de chamelo. 

Cuenta Vera que a principios del siglo XX había en Palestina 500.000 árabes, 70.000 cristianos y 50.000 judíos. En cualquier caso, en aquella época debió de haber un éxodo masivo de judíos hacia allí como lo atestigua que ya en los años veinte existiese Technion, el instituto de tecnología en Haifa y, luego, toda esa arquitectura tipo Bauhaus que hay por allí. Ese éxodo, sin duda, estuvo propiciado por el sionismo, un movimiento de corte nacionalista, tan de moda a finales del XIX, que se dio entre la gente judía y que preconizaba la creación de una nación judía en Palestina, la mítica "tierra prometida". Las imparables corrientes antisemitas que recorrían Europa, contribuyeron en gran medida a que la idea sionista tuviese éxito. 

Sin embargo, siempre según Vera, dentro de la población judía, sobre todo sus capas más evolucionadas, nunca se miró con simpatía lo del sionismo. Más bien todo lo contrario. Al fin y al cabo, el nacionalismo se compagina mal con las ideas liberales que siempre han sido el sustento del modus vivendi judío allí donde estuviesen asentados. Comercio y conocimiento son como agua para el fuego nacionalista. Por eso, dice Vera, los sionistas no entendieron el mensaje de Yahvé: la tierra prometida no es ningún territorio en concreto. La tierra prometida es un estado mental al que se llega después de haber andado cuarenta años vagando por el desierto. Así es que todo el montaje sionista viene de una interpretación literal de la Biblia que es un libro de ficción que incorpora leyendas con una muy lejana base histórica.   

En cualquier caso, "la tierra prometida", como muy bien nos ha explicado Jordan Peterson en un vídeo, es algo a lo que solo se puede acceder después de cuarenta años de desierto. En la ficción, el pueblo judío escapó de la esclavitud de Egipto y emprendió el camino de la libertad -la tierra prometida-; y ahí es donde reside toda la enjundia de este asunto, que los seres humanos no pueden pasar de un estado de esclavitud a otro de libertad por medio de una varita mágica. Se necesita un largo proceso de aprendizaje -con muchos coscorrones por el camino- para aprender a hacerse responsable de uno mismo. Algo así como pasar de la infancia a la edad adulta. 

En fin, sea como sea, se está demostrando que el sionismo, como todos los nacionalismos por otro lado, no fue muy buena idea. Como prueba de ello, ahí tienen ese conundrum que hay montado en Palestina que, al parecer, ni Dios puede resolver. Se hubiesen quedado los judíos por ahí, en su diáspora, siendo fermento de los pueblos en los que vivían incrustados, y todo hubiera sido mucho mejor. Aunque, claro, vete tú a saber toda la geopolítica que pudo haber en su día para crear ese estado. Inglaterra y EEUU sin duda tuvieron que ver en ello, porque se dio la circunstancia de que esa región del mundo, ¡oh, fatalidad!, estaba flotando sobre un mar del líquido elemento que todo el mundo necesitaba para poder desarrollarse. Ya digo, vete tú a saber.  

jueves, 26 de septiembre de 2024

To Obey or Not Obey

Hay un vídeo en YouTube que no es que lo recomiende porque, a estas alturas de la vida, no hay cosa que me parezca más ridícula que recomendar algo a alguien que no sean tus más próximos allegados, y eso con reservas, pero se lo voy a comentar porque me ha dado muy mucho en qué pensar desde que le eché la vista encima. Se titula el vídeo, "To Obey or Not Obey" y no es ni más ni menos que una entrevista -que es prácticamente un monologo- que le hacen a Vera Sharav, una judía rumana afincada en New York y que debutó en la vida pasando por los campos de concentración nazis. Para que se hagan una idea, es una especie de Hannah Arendt para principiantes -Hannah Arent, ¿les suena?-. El motivo de la entrevista es haber hecho Vera Sharav un documental -To Obey or Not Obey- en el que se resaltan las coincidencias que, según su autora, se han dado entre el Holocausto nazi y la Pandemia que recién venimos de disfrutar. Y, claro, como no podía ser menos, tan notables acontecimientos llevan a Vera a reflexionar sobre la madre de todos los males que padece la humanidad: el brainwhasing, lavado de cerebro para que nos entendamos. Eso siempre ha existido, pero, desde que el poder dio con el invento de la educación pública ya la humanidad está perdida por siempre jamás, porque se pasó del modo artesanal al industrial en el proceso de lavado. Porque educación pública, por si no habían caído en la cuenta, no quiere decir otra cosa que eso, lavado de cerebro en plan industrial.

Así que ya tienen la respuesta a aquella pregunta del millón que ha venido haciéndose la humanidad desde que terminó la Segunda Guerra Mundial: ¿cómo ha podido ser posible que un pueblo tan culto como el alemán haya sido capaz de cometer tales barbaridades con la aquiescencia de prácticamente toda la población? La educación pública, por supuesto. No en vano fueron los alemanes los creadores de esa ideología que, destruyendo a Dios, y por tanto al individuo, puso al Estado -nuevo dios- en el centro de la vida. Educación pública, sanidad pública... todo público, hasta las mujeres. 

Un pueblo tan culto... o sea, que sabe fabricar coches muy buenos y los aburridos se pasan el día yendo de aquí para allá para no perderse ni una sola de las actividades culturales para chachas que las autoridades -públicas también- se esfuerzan en programar para que no se les escape ni una sola oveja del rebaño. Así que no es de extrañar que cuando lo de la pandemia de marras algún amigo me tratase de convencer de que lo de mandar a los viejos al matadero era una cuestión puramente lógica porque la sanidad pública se tenía que centrar en salvar vidas jóvenes... que no hubiese un solo joven enfermo, eso era lo de menos, el caso era que teníamos que comprender que la vida de los viejos no vale una mierda. 

En fin, allá cada cual con su conciencia... si es que le queda algo de ella, porque no se crean que es fácil conservar siquiera un ápice: de la escuela pública a las actividades culturales... el cine de Hollywood, Netflix... bueno, bueno, estamos asediados por todos los lados. 

miércoles, 25 de septiembre de 2024

Django Reinhardt

Corrían los primeros sesenta del siglo pasado cuando andaba yo por Madrid haciendo el piernas so capa de estudiante. Entonces, una prima mía que a la sazón andaba por París y a la que había prestado algún servicio, me regalo un disco de Django Reinhardt. Yo conocía a Coltrane, Miles Davis y gente así, pero lo de Django ya fue demasiado. Era música que te ponía la cabeza como una moto. Luego andando el tiempo, como pasa con todo, quedó en el baúl de los recuerdos, hasta que un día, por los primeros ochenta, paseando por la plaza del Pino de Barcelona, vi a un grupo de músicos callejeros que eran impecable remedo de Django, Estéphane Grapelli y toda aquella colla que formaban el Quintette du Hot Club de France. ¡Leches, qué subidón! Aquella música había quedado grabada a fuego en mi inconsciente o donde coño quiera que sea que se graban los recuerdos imborrables. 

El caso es que por aquel entonces apenas sabía de Django más que el que era un gitano francés que había andado por EEUU tocando con Duke Ellinton y gente así y que, ¡cómo no!, le había pegado a la droga dura -creo recordar que había una película que remarcaba este aspecto siniestro de su vida-. Fue después, cuando ya no había ciudad por la que paseases que no encontrases remedos del Quintette, que me enteré de aspectos realmente sorprendentes de Django. De chaval, la caravana en la que estaba durmiendo empezó a arder y escapó por los pelos, pero no sin graves lesiones. Una de ellas, la inutilización de los dedos meñique y anular de la mano izquierda. Él, que ya sabía tocar, no se arredró por eso y se las apañó para seguir tocado con el índice y medio. Supongo que hay que ser algo guitarrista para entender la hazaña que supone tocar con solo esos dos dedos por más que sean los más importantes. Resulta imposible saber en que medida esa circunstancia de los dedos inutilizados influyó en la creación del estilo que con el tiempo se ha convertido en uno de los más emblemáticos de la historia del Jazz. Una vez escuchado ya no se te va de la cabeza por siempre jamás. 

Pero no es solo eso lo que a mí me fascina; lo más sorprendente de esta historia tiene que ver con la voluntad de poder y los dones que reparten los dioses. Y es que por mucho que haya de una si faltan los otros, apaga y vámonos. Lo sé a ciencia cierta por propia experiencia: llevo cuarenta años echándole voluntad a raudales y estoy en poco más que el primer día. Todo lo que toco se lo debo solo y exclusivamente a la memoria. Soy incapaz de un solo destello de creatividad. Mi oído apenas distingue los sonidos. En mi cabeza no hay una música propia que pueda expresar por medio de la guitarra de una forma automática. Es eso que veo en tantos músicos y que, si por un lado me fascina, por otro me frustra y me incita a tirar la toballa. 

En fin, las cosas son como son. Ya sea porque uno mama del ambiente en el que nace -vean a la familia Assad-, o porque los dioses quieren comenzar contigo una saga de superdotados -los Reinhardt-, el caso es que, si bien la voluntad en esos casos es necesaria, lo es en una medida ínfima por relación a la que necesita un mortal del común que aspira a elevarse por ese camino vedado. Esto ya lo dejó niquelado Thomas Bernhard en su Novela "El malogrado": después de ver tocar a Glen Gould lo que mejor que puedes hacer es tirar el piano por la ventana; y, después de ver a Django, regalar la guitarra a un gitano.  

lunes, 23 de septiembre de 2024

Soy Nevenka

Voy por el barrio y cada dos por tres veo un panel informativo en el que se ve la imagen de una chica mona y el titular "Soy Nevenca". No le he dado más importancia que la que doy a la basura. Propaganda de la religión de moda, he pensado, y sí, está mañana me lo han confirmado unos vídeos y artículos que me ha enviado Santi sobre el affaire Nevenca, y que, en realidad, debiera ser el affaire Ismael, la verdadera víctima de todo este nauseabundo asunto. 

Por lo visto el tal Ismael era alcalde y Nevenca concejala. Tuvieron un rollete y la cosa acabó de mala manera. ¿Por qué suelen acabar mal estas cosas? Pues muy sencillo, por no cumplirse el exceso de expectativas de una de las partes, en este caso la mentada Nevenca. Entonces es cuando viene aquello que le dijo una de Salamanca a su chorvo cuando éste tomó las de Villadiego: "te vas a enterar de lo que vale un coño". Y le dejó al tipo en la calle con lo puesto; y él, como era un santo varón, dijo, vale, esto, y cien veces más que tuviese que pagar, lo hago con gusto porque me espera otro coño que me tiene encoñado. Ya ven, cosa más vulgar por reiterada, imposible. 

Esta vulgaridad se ha convertido en problema, no solo para Ismael, sino para los hombres en general, a causa de haber encontrado determinadas mujeres, y algunos hombres afeminados, un a modo de modus vivendi en su aireación a los cuatro vientos, eso sí, previo teñido con los tintes más dramáticos, e incluso trágicos, de que son capaces. El típico filón en el que hozan los desventurados a los que los dioses privaron de luces para encontrar pastos más fértiles. Siempre ha sido igual la humanidad. Ahora andan con esto de los coños defraudados como en el siglo XIX andaban con lo de los judíos que envenenaban las aguas. E Ismael es el Dreyfus de esta nueva religión que, para no ser menos que otras, necesita ofrecer victimas a sus falsos dioses. Y si cuando lo de Dreyfus fue Zola el que vapuleó a la chusma con su "Yo acuso", en el caso de Ismael ha sido Arcadio Espada el que dejó el caso visto para la sentencia de la Historia. 

A la postre, todo esto de esta chusma feminista que pretende señorearnos no es sino la consecuencia de la injusticia de los dioses al repartir sus dones. Las hay que se sienten tan desfavorecidas que solo encuentran consuelo, y ocasionalmente modus vivendi, vengándose de los que piensan que les fue bien en el reparto. Ya digo, cuestión de luces. ¡Por Dios Bendito, con las pocas que se necesitan para saber que la jodienda no tiene enmienda! ¡Anda ya y que las den!

domingo, 22 de septiembre de 2024

La cháchara.

Esos miles de millones que estamos en las redes sociales tratando de explicar a nuestros congéneres de qué va esto. A la postre no es más que la cháchara que siempre hubo en el mundo y de la que los más avisados hicieron su modus vivendi. Y, cuando digo los más avisados, digo los más hábiles para vender humo.  Porque humo es toda cháchara por más que la grandilocuencia a veces le dé apariencia de verdad revelada. "My words fly up, my thoughts remain below, / Words whithout thoughts never to heaven go." (Mis palabras vuelan alto, mis pensamientos permanecen bajos. / Palabras sin pensamientos nunca van al cielo.) 

No podríamos vivir sin cháchara porque es como un desagüe por donde se drena nuestra angustia existencial, y no por nada, sino porque con ella nos podemos hacer la ilusión de que comprendemos un poco mejor todo esto. Y comprender, real o ilusoriamente, para el caso es lo mismo, calma el espíritu. 

Por eso tratar de comprender es la obsesión de los espíritus torturados. Por eso están siempre de cháchara, ya sea con la gente común por los lugares públicos, ya con los consagrados que arrancamos de la estantería de una biblioteca o de un vídeo de una red social. El caso es no cejar en el avanzar hacia ninguna parte... bueno, tampoco hay que considerarlo con tanto escepticismo; a veces uno tiene como destellos de placer estético al descubrir cualquier curiosidad de las que la naturaleza está plagada. Sin ir más lejos: esa simple progresión numérica, 1/2, 2/3, 3/4, 4/5... 1, que tan fácil sería sintetizar en una fórmula matemática. Pues bien, son las relaciones de las frecuencias vibratorias entre la tónica, que es el 1 y las diferentes notas armónicas de la escala musical: 8ª, 5ª, 4ª, 3ª. Y esa es la magia del asunto, que son armónicas porque las relaciones numéricas son sencillas. Y a mí qué me importa que eso sea así, me dirán; saber eso no va a cambiar en absoluto las emociones que me produce el escuchar música. Sí, de acuerdo, sin embargo... saber eso te hace un poco más pitagórico, es decir, como que te eleva el espíritu hacia lo divino. Un chute, en definitiva. 

Y es que hay chácharas y chácharas.   

sábado, 21 de septiembre de 2024

Sancho

Me lee Santi esta mañana ese parlamento que hace Sancho cuando decide abandonar el gobierno de la ínsula. ¡Ay, El Quijote! Nosotros también, como los judíos, podríamos ser un pueblo del libro. Con solo que en nuestras familias se tuviese por costumbre reunirse para leer y comentar un pasaje cualquiera de ese libro... pero, claro, sería pedir peras al olmo. Y es que la Iglesia dominante en nuestros días ha tenido buen cuidado en hacer una condena subliminal, por medio de sus catequesis incesantes, de todo lo que destilan las páginas de El Quijote. Y así es que, a la gente del común, se le cae de las manos si se ponen a leerlo. Es que es muy difícil, me dicen.  ¡Una de Isabel Allende! ¡Marchando! ¡Ay, las chachas!

El Quijote es un libro renacentista. ¿Qué es el Renacimiento? Es volver a los clásicos. Es decir, olvidarse de aquello tan bonito del pastor y su rebaño por las orillas del lago Tiberíades comiendo panes y peces y tomar conciencia de que tú también estás hecho a imagen y semejanza de los dioses. Por lo tanto, tienes la obligación de responsabilizarte de tu propia vida. Esa es la única forma de estar vivo.

"Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad; dejadme que vaya a buscar la vida pasada, para que me resucite de esta muerte presente." 

En fin, allá cada cual con la esquila que se pone al cuello para estar seguro de que si le pasa algo enseguida va a venir el pastor a solucionárselo. Ya lo dijo aquel que dio la última vuelta de tuerca al delirio cristiano: ¿¡Libertad, para qué!? Y ahí sigue, con su cuerpo incorrupto en mitad de la plaza roja... y la gente le lleva flores. 

viernes, 20 de septiembre de 2024

Healthy

Uno ve con preocupación lo que está pasando en el mundo.  Me parece todo absolutamente falto de lógica. Me siento, por así decirlo, como se sentía Bertrand Russell cuando la Primera Guerra Mundial, que se negó a tomar partido porque no veía razón alguna para tomarlo... y le cayó encima toda la ira de los necios más la de los sinvergüenzas. Porque, ¿qué nos ha hecho Rusia, aparte de ser muy rica en todo lo que necesitamos, para que nos haya entrado esta furia por destruirla? Estamos transitando por las mismas rutas por donde lo hicieran Napoleón y Hitler rumbo a su perdición. Quizá esta vez no sea más que una maniobra de distracción: recurrir al manido truco de dar un enemigo al populacho. Si no fuese por esos desalmados el mundo sería infinitamente mejor, vienen a decirnos unos gobernantes que, como les decía el otro día, andan à bout de souffle. Una deuda gigantesca pesa sobre los Estados. Supongo que los acreedores querrán cobrar y seguramente no ven otro recurso para conseguirlo que la guerra. Tras las guerras, sabido de sobra es, todo cae en manos de los acreedores. 

Sí, estoy preocupado porque tengo descendencia. Si no la tuviese me importaría todo una higa. Es una cuestión de pura lógica biológica. Los seres humanos somos así: la única finalidad de esto que llamamos razón es la de preocuparnos porque nuestro ADN no se extinga. Y cuando nos sentimos impotentes al respecto, sufrimos. Entonces, tratamos de consolarnos lucubrando y, a la postre, encontrando unos responsables perversos sobre los que vertimos todo nuestro odio y desprecio. Como es evidente de toda evidencia, nos equivocamos una vez más. Como sabían los antiguos, cuando las cosas se ponen mal es porque los dioses ya no soportan más el peso del cómputo de los pecados del mundo y nos mandan un regalito para ver si nos corregimos un poco. Porque, en mi opinión, aquí nadie es inocente, y yo el que menos. 

El respecto de ese cómputo de pecados del mundo, es muy curioso lo que está pasando en los EEUU de América con lo de la liza electoral que se traen entre manos. El slogan que venía exhibiendo Trump, hacer grande América de nuevo, de pronto, por la entrada de un Kennedy en el juego, ha sido modificado drásticamente por el cambio de una palabra: donde decían grande -great- ahora dicen saludable -healthy-. Porque ahí es donde está la madre de todos los desvelos, en que somos una sociedad insana, corrupta, que solo pensamos en la manera de extraer un poco más de placer a la vida. Y aquello de los sacrificios a los dioses está bien para los pringados. 

Y eso es todo y de ahí la guerra que dicen en ciernes... Dios no lo quiera. O extirpamos por las buenas el cáncer socialista que corroe el mundo o habrá que hacerlo por las malas. Tenemos que volver a dar gracias a Dios cada vez que nos sentamos a una mesa a comer. En nuestra insoportable soberbia hemos perdido la noción del milagro que es que podamos comer todos los días... y nos hemos vuelto tan idiotas que creemos que eso ya nunca se puede acabar. 

jueves, 19 de septiembre de 2024

Fatalidad

Cuando uno es muy viejo, a menos que no haya perdido del todo ya el juicio, la idea preponderante de las que rondan insistentes por la cabeza no puede ser otra que lo mucho que se ha equivocado a todo lo largo de la vida. Por decirlo sintéticamente, la vida no es otra cosa que una larga sucesión de equivocaciones. Bien es verdad que vivo confortablemente y mis relaciones afectivas son amables, pero la procesión de los recuerdos que llevo por dentro no me da tregua. Es como una factura que soy incapaz de pagar y siento siempre a los acreedores sobre mis pasos... hasta en sueños. 

Yo no sé si a todos los ancianos les pasará lo mismo, pero me temo que sí a poco cuerdos que se conserven. Y ésta de la cordura sí que es una cuestión peliaguda porque su perdida es indetectable por el afectado. Uno ve a viejos que le parecen más o menos razonables, pero diría que la mayoría tienen la cabeza para el arrastre... intentando convencerse a sí mismos de que aún pueden. Algo así como lo de aquellos tebanos asolados por la Esfinge hasta que llegó Edipo y les dijo que lo que tenían que hacer era usar cachava. 

 En fin, será así porque así lo tienen dispuesto los cielos, En cualquier caso, algo de consuelo encuentro pensando que mis errores, en su mayoría, fueron como los de Edipo, es decir, sin tener conciencia de estar errando. Fue la fatalidad. Aunque, también como Edipo, fatalidad o no, las consecuencias las paga el que los comete y su descendencia. 

miércoles, 18 de septiembre de 2024

À bout de souffle

Ayer se lo mentaba y hoy vuelvo a la carga porque estoy convencido de que son hechos tan graves que, por mucho que quienquiera que sea que tengas las riendas de este mundo trate de hacer como que aquí no ha pasado nada, es de todo punto infantil pensar que los dioses omnipotentes lo van a pasar por alto. Nunca a lo largo de la historia esos dioses han dejado de hacer justicia ante cualquier hecho humano, ya sea para premiar al que les sacrifica, ya para castigar al que se salta las leyes no escritas del cielo. Esto es algo que, por mucho que hayan tratado de ridiculizarlo las ideologías dominantes de un tiempo para acá, nunca ha fallado, ni fallará, so pena de volver al estado de naturaleza, es decir a la ley de la selva. Toda nuestra civilización, como ya les he dicho alguna vez, se fundamente en el temor de Dios.  

El caso es que, quienquiera que fuese, voló el Nord Stream II, una obra que costó ingentes esfuerzos realizar y que era clave para hacer competitiva la economía europea. Desde entonces, Alemania, es decir, la máquina de Europa, va de mal en peor. Y de la voladura del Nord Stream II ni se habla. Es absurdo. Estoy seguro de que en algún sitio se tienen que estar ajustando cuentas y que en el momento oportuno sacarán a la luz todo el asunto para azuzar a las masas en una o en otra dirección. Esa ha sido siempre la lógica del poder: azuzar a las masas para que se maten entre ellas y les dejen de molestar. Lo que pasa es que casi nunca les ha salido bien el invento porque es muy difícil que los dioses no sean implacables. 

Y como lo del Nord Stream, lo de la Pandemia. Es un asunto tan oscuro y de tan funestas consecuencias que es imposible que no acabe por iluminarse y hacer que caiga la justicia sobre quienes quiera que hayan sido los artífices de la trama. Y que nadie se engañe al respecto, porque de nada va a servir que los políticos, esos mandados, hagan leyes encaminadas a mantener la oscuridad. La verdad es como el sol, siempre acaba por salir so pena de que el mundo se pudra. 

Y, así, otros tantos turbios asuntos que tienen al mundo en un ¡ay! Ayer, según he podido enterarme sin querer, le tumbaron una ley al gobierno de aquí con la que quería controlar la información sobre sus múltiples trapacerías. También le tumbaron otra sobre los alquileres de pisos, que esa sí que, por lo que pudiera haber afectado a mis hijas, me ha dado una gran alegría. Porque es que estos mafiosos, que viven en palacios, no quieren que la gente que ahorra, los temerosos de Dios, para que nos entendamos, pueda escapar a su garra fiscalizadora.   

No sé, porque a veces los dioses nos someten a duras pruebas para comprobar la fortaleza de nuestra confianza en ellos, pero, pienso que, por esta vez, ya deben estar a punto de mandarnos unas cuantas alegrías. A todos estos mafiosos sanguinarios que gobiernan las naciones ya se les empieza a ver al límite de sus posibilidades; à bout de souffle, por decirlo a francesa. Todas esas leyes que promulgan no son más que puertas que ponen en el campo. No se quieren enterar de que la información solo se le puede controlar a la chusma. De alguna manera, siempre fue así, pero hoy día ya es tan evidente que hay que ser absolutamente necio para ignorarlo. 

martes, 17 de septiembre de 2024

Fatua

Redes sociales. Joe Biden:

Donald Tump is a genuine threat to this nation.

He´s a threat to our freedom. He´s a threat to our democracy. He´s literally a threat to everything America stands for.

(Donald Trump es una amenaza genuina para nuestra nación.

Él es una amenaza a nuestra libertad. Él es una amenaza a nuestra democracia. Él es, literalmente, una amenaza a todo aquello que América representa.)


Así están la cosas. Supongo que sin importancia dado lo acostumbrados que estamos ya a la bajeza moral de la chusma que gobierna las naciones. Eso es la democracia, no se engañen al respecto, la chusma al poder. Porque esa es la cuestión incuestionable, que la chusma tiene una predisposición innata para organizarse en mafias con la finalidad de delinquir sin por ello tener que pagar. 

Ayer hicieron un segundo intento de matar a Trump. No pararán hasta que lo consigan porque, después de esa fatua lanzada por el padrino Biden, habrá por ahí millones de descerebrados soñando con alcanzar la gloria... con impunidad total... como ha pasado con la voladura de la Nord Stream II, como ha pasado con las víctimas de las terapias génicas para el covid -seguramente un bicho salido de los laboratorios donde se practica el gain of funtión-. Sí, sí, entérense, gain of funtión, a eso dedican nuestros gobernantes el dinero que sacan de los bolsillos de los ciudadanos, a convertir los virus inofensivos en patógenos. ¿Con qué finalidad? Reflexionen ustedes sobre ello y a lo mejor llegan a alguna conclusión. En fin, ¡puerca miseria! 

Españoles

En su breve prólogo a la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, nos dice Bernal Diez del Castillo que los afamados coronistas comienzan sus historias con un preámbulo de retórica muy subida para dar luz y crédito a sus razones, porque los curiosos lectores que las leyeren tomen melodía y sabor de ellas. Añade que como él no es latino -supongo que quiere decir que no sabe latín- no se atreve a hacer preámbulo ni prólogo porque para podello escribir es menester otra retórica y elocuencia mejor que no la mía; mas lo que yo oí y me hallé en ello peleando, como buen testigo de vista, yo lo escribiré con la ayuda de Dios, muy llanamente, sin torcer ni a una parte ni a la otra, Y porque soy viejo de más de ochenta y cuatro años y he perdido la vista y el oír, y por mi ventura no tengo otra riqueza que dejar a mis hijos y descendientes...

El otro día reflexionábamos sobre lo va de la realidad a la ficción y viceversa. Bien, pues hubiéramos traído a colación esta Verdadera Historia que no por menos verdadera deja de superar a todas las ficciones de que tenemos noticia. A veces pienso que, si la literatura española es mucho más pobre que la inglesa o francesa en lo que hace a relatos de aventuras, pudiera ser ello debido a que para aventuras ya tenemos bastantes con todo lo que nos dejaron escrito aquellos cronistas que iban acompañando a los guerreros que conquistaron todo un continente. Teniendo constancia notarial de hechos tan prodigiosos, ¿para qué necesitaríamos imaginarlos? Quizá esa postración española que empieza a aparecer en los finales de siglo XVII y de la que no sé si ya habremos salido, ha sido la consecuencia necesaria de tanto dispendio de energía a lo largo de casi un milenio: primero para rechazar el islam y después para cristianizar América. En cualquier caso, ningún complejo, porque si hay país que pueda estar orgulloso de su historia, cualquier cosa que eso sea, ese es España. ¡Madre mía, lo que dimos de qué hablar al mundo! Y como es lógico de toda lógica, por lo general, hablar mal, porque, dado que no hay nada más humano que la envidia al que destaca, el hablar mal de él es el consuelo que les queda a los rezagados. 

Por lo demás, qué quieres que te diga: no hay hecho humano, por anodino que sea, que, relatado con retórica subida de tono, no tenga melodía y sabor como para convertirse en una historia rayando la leyenda urbana. ¡Ay si a los españoles les diese por leer a los Coronistas de Indias! ¡Cuántas historias verdaderas se podrían contar entonces en los bares! No se necesitaría ni siquiera el futbol para blasonar de españoles.